Jorge Soley Climent

Virgen InmaculadaQue la religión católica ha vertebrado, desde sus orígenes, la vida de Cataluña es algo indudable. Desde la obra del Abat Oliba hasta el pensamiento político y jurídico catalán, profundamente deudor de la obra de Santo Tomás de Aquino, y en el que destacan San Ramón de Penyafort, Ramón Llull, Francesc Eiximenis o el cardenal Margarit, todo da testimonio de este hecho. La influencia en Cataluña de las órdenes religiosas fue también muy intensa: desde los mercedarios, fundados en Barcelona, hasta los benedictinos, claves para comprender la evolución de la cultura en Cataluña, desde los carmelitas hasta las órdenes mendicantes, tanto de la familia franciscana (con mención especial para los populares capuchinos) como de los dominicos y, más tarde, los jesuitas. Da testimonio de esta extendida religiosidad lo ocurrido durante el asedio de Barcelona en 1714, cuando ante la disyuntiva de pedir la rendición o continuar la defensa hasta el último hombre, se realizó un curioso “referéndum” (muy alejado de otros intentos recientes igualmente pintorescos) pidiendo a la población dar su opinión en confesión y luego, reunidos todos los sacerdotes y frailes de la ciudad, consultarles acerca de la opinión mayoritaria entre los barceloneses. También contemplamos esa religiosidad popular como elemento movilizador durante la Guerra de independencia y, anteriormente, durante la Guerra Gran contra la Convención jacobina, vividas ambas por la inmensa mayoría de los catalanes como guerras en defensa de la religión contra la Revolución que venía de Francia. Esa presencia de la religiosidad católica, que informaba profundamente todos los aspectos de la vida, está muy presente también en la Cataluña decimonónica y las guerras carlistas no podrían entenderse sin este sustrato.

Mossén Jacint Verdaguer i SantalóEl siglo XIX catalán está marcado por las figuras de tres gigantes: Jaime Balmes, Jacinto Verdaguer y el obispo Torras i Bages, que en ocasiones el nacionalismo ha pretendido presentar como un protonacionalista. Un intento condenado al fracaso pues Torras i Bages se nutre de ese tomismo tan arraigado en Cataluña que rechaza una ideología moderna y revolucionaria como es la nacionalista. El reciente centenario de Torras i Bages, que el nacionalismo catalán ha ignorado, confirman que el personaje y sus enseñanzas les resultan incómodas. Como incómodo es, en todo su rigor y brillantez, el filósofo del sentido común, Jaime Balmes, e incluso mossén Cinto, la popular figura que es sin duda la de mayor peso en el movimiento de la Renaixença y con quien el catalán recuperó su reconocimiento como lengua literaria. El problema radica en que el popular mossén Cinto (como Balmes o Torras i Bages) cometió el terrible pecado para el nacionalismo de ser al mismo tiempo profundamente catalán y español, ambos aspectos inseparables, perfiles de una misma identidad, tal y como atestigua la sentida poesía que dedicó a la Virgen Inmaculada, patrona de España, y en la que podemos leer las siguientes estrofas:

Oh Verge Immaculada, per vostra Concepció, d´Espanya Reina amada, salvau vostra nació.

Vós, Maria, sou l´estrella, que guia Espanya al Nou Món, la de l´alba hermosa i bella de la glòria que se´ns pon. Oh Maria, hermosa estrella resplendiu d´Espanya al front.

Quan sa Reina era Maria, nostre regne era el més gran: sa bandera el món cobria des d ´America a Lepant. Si a regnar torna Maria, ses grandeses tomaran.

Vós d ‘Espanya sou la gloria, Vós lo sol del Principat: nostra pàtria i nostra història Vós, oh Verge ens ho heu donat: tronos són de vostra glòria Covadonga i Montserrat.

(Razón Española)