Jorge Soley Climent

Doctor Torras y BagesPero si éste es el clima que se respira en la Cataluña decimonónica, a finales de aquel siglo empieza a desarrollarse esa ideología llamada a transformarla, el nacionalismo. En 1886 Valentí Almirall publicaba Lo catalanisme, la obra que daría pie a la aparición de un nacionalismo revolucionario y jacobino y contra la que Torras i Bages escribirá La Tradició catalana en 1892. Esta última es considerada por algunos como una obra ya contaminada de un incipiente nacionalismo, aunque lo cierto es que Torras i Bages nunca transigió con la ideología nacionalista. Consciente de que algunos nacionalistas querían manipular su obra, añadió a la segunda edición de la misma un prólogo en el que definía España como “Un conjunto de pueblos unidos por la Providencia”. Baste para comprender el porqué de la poca atención que Torras i Bages recibe por parte del nacionalismo en la actualidad citar la reflexión que el obispo de Vic escribió para el día decimosexto de su popular Mes del Sagrado Corazón: “También descubrirás, cristiano, en el Corazón de Jesús un gran amor a la patria. Hijo de Judea, lloró con amarguísimas lágrimas su perdición e hizo cuanto pudo para salvarla. (…) Procuró por todos los medios la salvación de su pueblo. (…) ¡Oh Corazón perfectísimo del buen Jesús!, rectificad todos nuestros sentimientos y enseñadnos la manera como hemos de amar a la patria, en la cual nos habéis hecho nacer, y cómo hemos de cumplir las obligaciones que con ella tenemos. Ruega, pues, cristiano de un modo particular, por España, y pide al Sagrado Corazón que derrame sobre ella los tesoros de su fe y las finezas de su amor”.

Ese primer nacionalismo, de cariz abiertamente revolucionario, no penetró en las filas de la Iglesia. Al contrario, se puede afirmar que en el clero catalán, en el cambio de siglo que va entre el XIX y el XX, no había aún calado el nacionalismo. De hecho, el clero catalán de la época era mayoritariamente carlista: en el libro Cataluña Hispana, Javier Barraycoa se hace eco de la carta que el obispo de Barcelona, monseñor Jaume Català, escribió en 1888 al nuncio en España señalándole que el noventa por ciento de su clero era carlista. La misma queja que hacía el obispo de Gerona, Sivilla. Son estimaciones probablemente exageradas pero que dan una idea del tenor más generalizado del clero catalán de finales del siglo XIX, en el que quienes habían abrazado el nacionalismo eran una muy pequeña minoría.

(Razón Española)