Montserrat

Imponer

San Pascual BailónSe da por consabido que en toda forma democrática de existencia nadie puede imponer sus convicciones y puntos de vista a los demás. No se dedica tiempo a pensar en las diversas formas posibles de imposición. Si la comunidad humana selecciona a algunos de sus miembros como representantes, no pretende tener en ellos meros portavoces del pensar de la mayoría, sino guías que iluminen el camino y marquen las trayectorias más fecundas para la acción común. Esta labor de adoctrinamiento no implica forma alguna de imposición o coacción cuando dirigentes y súbditos se dejan regular por la realidad y la verdad. Las pautas dadas por el guía se convierten para el pueblo en voz interior, que no anula la libertad antes intenta hacerla posible. (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)

El hombre libre

“El hombre, para ser verdaderamente libre, no debe depender de sus pulsiones y deseos, sino que debe ser dueño de sí mismo y señor de sus propios instintos, sentimientos y actos”, dice Castellano con toda razón. Habría que añadir que se trata de no depender de las cosas señaladas, porque eso hace posible el acto en el cual el hombre hace suyo el Ser. Se trata de no de pender, para que el ente espiritual pueda realizar su acto propio perfecto, definido como tal por la perfección de su objeto, que ya no es una verdad particular, sino simplemente la Verdad subsistente. Esta manera de entender la libertad, me parece, es la que permite apreciar en toda su dimensión la monstruosa libertad moderna, en la que tanto la voluntad como el intelecto se independizan de sus objetos propios: el bien y la verdad.  (José Luis Widow – Verbo)

Vicio social

Por ello, Abascal, Otaola e Iturgaiz efectúan reproches a amplios sectores de la sociedad vasca, ya que prefirió aceptar (bien activa, bien pasivamente) la realidad del fundamentalismo etarra en vez de combatirlo como paso previo para su erradicación. Las razones de este comportamiento anómalo fueron variadas: desde el miedo físico hasta el temor a las represalias laborales o personales; es decir, una suerte de vacío socia. (Alfredo Crespo Alcázar – Razón Española)

El Ángel de la Guarda

Viendo su tremendo odio hacia mí, entonces pedí ayuda al Ángel Custodio y en un solo momento apareció la figura luminosa y radiante del Ángel de la Guarda que me dijo: No tengas miedo, esposa de mi Señor, estos espíritus no te van a hacer ningún mal sin su permiso Los espíritus malignos desaparecieron en seguida y el fiel Ángel de la Guarda me acompañó de modo visible hasta la casa misma. Su mirada era modesta y serena, y de la frente brotaba un rayo de fuego. (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)

Cataluña

La historia de Cataluña, como la de todas las regiones de España, tiene dos partes; una primitiva, particular, que responde al modo de ser que marca a cada región, al tiempo que sella su personalidad tradicional; una historia sagrada que nosotros debemos respetar y amar, no sólo en lo que se refiere a la región en que nacimos, sino a todas las demás regiones peninsulares que, por una convivencia, varias veces secular, y por análogas necesidades y composición étnica, mantienen vínculos extremos; pero hay otra parte común a la que cooperan con su vida esas regiones, y esa parte en que cooperan, que es la historia general, es la que propiamente y en el más alto sentido constituye a España. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)

Partidos malos

Son, pues, ante Dios responsables de este atentado como el tal partido que los cometió, siempre que el tal partido los considere, no como hecho accidental, sino como lógico procedimiento suyo. La honradez de tales sujetos sólo sirve de hacer más grave esta complicidad. Porque es claro que si un partido malo no se compusiera más que de malvados, no habría gran cosa que temer de él. Lo horrible es el prestigio que a un partido malo dan las personas relativamente buenas que le honran y recomiendan con figurar en sus filas. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)

El liberalismo niega la verdad

En la materia, el gran error del liberalismo ha consistido en negar la existencia de verdades políticas y sociales. Y no por experiencia sino por una cuestión de principios: el liberalismo, sostiene Pierre Manent, necesita fundar todo orden político en la duda. Pero si el orden político se basa en la duda, como razón de principio, no tiene sentido hablar de verdad. A lo más será objeto de elección individual. Por definición lo político requerirá que las libertades esenciales -y con ellas, la libertad de expresión- no atiendan al vínculo que tiene la inteligencia humana (en su actividad teórica y en su juicio práctico) con la verdad de los seres. (Julio Alvear Téllez – Verbo)