Jorge Soley Climent

Virgen de la MercedPero si el nacionalismo jacobino de Almirall no consiguió penetrar en la Iglesia, sí lo hará una nueva versión del nacionalismo, esta vez con ropajes “Conservadores”, “intrincesista” (esto es, que pretende que es un desarrollo interno del pensamiento y carácter catalán), que intentará penetrar en las parroquias, seminarios y escuelas (si bien no lo logrará de manera hegemónica hasta la década de los 60 del siglo XX). Lo explicaba Francisco Canals muy gráficamente: “La mayor tragedia de la Cataluña deformada en su conciencia histórica por el catalanismo, no se ha dado por influencia de quienes han propugnado un catalanismo abiertamente extrincesista y revolucionario, sino que se ha ejercido trágicamente, a partir del sedicente “regionalismo”, “modernista” o “noucentista”, en los propios ambientes herederos, familiares y culturales, de la Cataluña tradicional. Los catalanistas “federalistas” y filosóficamente descristianizadores, se orientaban políticamente a reclutar para el catalanismo al izquierdismo catalán de antecedentes federalistas o republicanos. Los sedicentes “regionalistas”, con táctica exotérica, pero teóricos también del nacionalismo catalán, buscaron, incluso con pretextos de un falso y aparentemente “tradicionalismo” en algunos casos, reclutar para el catalanismo político a los descendientes de las familias carlistas. Entre estos catalanistas, vistos generalmente como “conservadores”, profunda y explícitamente liberales, se ha producido la mixtificación de más deletéreos resultados para la desintegración de la auténtica tradición catalana”.

El nacionalismo extrincesista asumía su origen revolucionario y, si bien captaba a federalistas y republicanos de izquierda, fracasaba en su intento de penetrar entre los católicos. Para ello fue necesario un nacionalismo intrincesista, que tomase elementos y ropajes propios de la tradición catalana y los desvirtuase, vaciándolos de contenido y reconvirtiéndolos para un nuevo uso, y que fue asumido acríticamente por muchos católicos “conservadores” deseosos de dejar atrás unas posturas que habían sido derrotadas reiteradamente. Lo explicó muy gráficamente Francesc Pujols en su libro La solució Cambó, publicado en 1931. En un capítulo titulado Els Pescadors, hablaba de cómo el nacionalismo dedicaba a una serie de personas a “pescar” a quienes aún no habían caído en las redes del nacionalismo. Escribía Pujols: “Hi ha pescadors per als carlistes, per als dinastics alfonsistes, per als centralistes, que ja és tot el que es pot dir, per als federals, encara que siguin de tota la vida, per als anarquistes, per als sindicalistes, socialistes, etc., etc. Agafen la canya, posen els ideals corresponents per esquer, tiren de l’ham i esperen que piquin”. Y pone dos ejemplos de pescadores nacionalistas: el Doctor Aiguader, militante de ERC que llegó a ser alcalde de Barcelona entre 1931 y 1933, y El Matí, periódico católico publicado entre 1929 y 1936. Sobre Aiguader escribe: “El Doctor és pescador de comunistes. És d’aquells pescadors que us deia que té el catalanisme. Tira l’ esquer tan lluny com pot, cap al cantó de l’esquerra. Quan no troba peix comunista, el pesca sindicalista. La qüestió és pescar cap a l’esquerra”. Y sobre El Matí escribe que “és un magnífic i elegant diari que, com sabeu, entre els pescadors del catalanisme, s’ha especialitzat en la pesca de sacerdots i altres elements carlistes i jaumistes que encara queden per Catalunya”. En esta línea, un hecho significativo y cargado de simbolismo fue el devenir de la revista católica catalanista impulsada por Mn. Collell, La Veu de Montserrat, que acabaría cambiando su cabecera a La Veu de Catalunya y acabaría dirigida por Prat de la Riba y convertida en el órgano político de la Lliga.

 (Razón Española)