Monseñor José Guerra Campos
Separata del “Boletín oficial del Obispado de Cuenca”
Núm. 5, mayo 1986

Guerra Campos3Como todos estos factores de desunión hieren las raíces mismas de la unidad eclesial, la división persiste años y años y no parece fácil desarraigarla. El que no siempre sea estridente se debe, no a mejoría, sino a cansancio y renuncia al diálogo, enquistados unos y otros en sus posiciones. Por eso crecen el desaliento y el retraimiento de muchos, hechos registrados, una y otra vez, en los informes oficiales de la Conferencia Episcopal.

La crisis se manifestó especialmente en Apostolado Seglar y en el Clero. Los Movimientos de Apostolado Seglar tenían apreciable vitalidad en los años sesenta. Algunas minorías, en movimientos muy ligados a la Jerarquía y a la Compañía de Jesús, presionaron para imponer su «línea». Luego se quejarán de la incomprensión del Episcopado. La historia evidencia que las causas de la crisis eran internas: por un lado, los criterios, con la pretensión de imponer, en nombre del Evangelio, preferencias parciales centradas en un proyecto de acción política; por otro lado, distanciamiento de la realidad social, por su interpretación clasista de una sociedad que se estaba unificando, y por supervaloraron de la lucha de clases según los supuestos de un Proletariado que ya se venía disolviendo, pues los trabajadores estaban cada vez más integrados, en virtud del desarrollo económico-social: tanto que la Oposición reconocerá que nunca logró movilizar a los obreros para una huelga general política y años después, los partidos «obreros» no lograrán realizar una política obrera. De hecho, los dirigentes de esos movimientos apostólicos confesaron en Ávila, el año 1971, que la mayoría de sus militantes habían «perdido» la fe, y señalaron como causa principal que, reclutados con fe débil o con ninguna, se les había inducido a identificarla con proyectos revolucionarios decepcionantes (4).

Notas:

4. «Pastoral Misionera», núms. 34 (1972), págs. 246 y sigs. Entre 1964 y 1978 el descenso en los militantes de Acción Católica, según el promedio de España, es superior al 95 por 100 (cf. nota 8 del capítulo V).