D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

guerra-camposPor eso, la Iglesia, a través de los tiempos, da: testimonio de una Resurrección inseparable del misterio de la Cruz. ¿Qué es para nosotros .el misterio de la Cruz? Que el vencedor de la muerte, signo y prenda de nuestra victoria, esté con nosotros y, sin embargo, estemos todavía caminando entre sombras hacia la muerte.

Pero .en El vemos ya realizada nuestra esperanza. Él es el Hijo de Dios, que nos hace visible al Dios oculto y· nos revela su amor. Él es el hermano, nacido de la Virgen María, que conduce nuestra vida humana hacia su plenitud .feliz. Es el Señor del mundo, cabeza de un cuerpo que crece incorporándonos como miembros. Según la palabra de la Escritura, es “primicias de los que mueren” (4), “primer nacido de entre los muertos” (5).

Así la Resurrección es luz en la noche de la vida humana. Porque la vida humana es noche: la oscurecen la continua e insalvable distancia entre nuestras aspiraciones y nuestras posibilidades, las incomprensiones, las injusticias, el dolor, la muerte; todos los frutos de la limitación y del pecado.

Es verdad que en resta noche se encienden lucecillas (ilusiones, empresas, el despliegue maravilloso de la ciencia…), a veces muy brillantes. En el tiempo del vigor parecen soles, por lo que deslumbran; aunque se pueden quedar en fuegos fatuos.

Notas:

(4) Carta primera de San Pablo a los corintios (1 Cor.) 15, 20.

(5) Carta de San Pablo a los colosenses (Col.) 1, 18.