Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (9)

Espíritu misionero de los descubridores y conquistadores

Desembarco de Colón en las américasA Colón siguieron decenas de aventurados marinos, que salían en busca de lo desconocido, por la gloria, sí, de descubrir nuevos territorios y hacerlos entrar en el curso de la historia, pero deseosos también de ganarlos a nuestra religión cristiana.

Pero, ante todo, deseaban sinceramente que esta asimilación de las poblaciones indígenas fuera lo más pacífica posible. Conocido es el solemne acto jurídico que tenía lugar cuando los conquistadores pisaban un nuevo territorio. El capitán de la expedición, en nombre de los monarcas de Castilla, tomaba posesión del país, haciendo antes delante de los admirados nativos el famoso requerimiento, Consistía éste en proclamar públicamente la justicia de la ocupación territorial por el Reino de Castilla, y el derecho de la Iglesia a predicar libremente la fe cristiana a los indígenas. He aquí una de las fórmulas de este requerimiento, que muestra, si no otra cosa, la caballerosidad de una época y de unos hombres.

“Por ende, como mejor podemos, os rogamos y requerimos que entendáis bien esto que os decimos, y toméis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo, y reconozcáis a la Iglesia por señora y superiora del universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, y en su nombre al Rey y a la Reina…, en su lugar, como superiores y señores y reyes de esas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación, y consintáis y deis lugar que estos padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho…, no os compelerán a que os tornéis cristianos, salvó si vosotros, informados de la verdad, os quisiereis convertir a nuestra santa fe católica, como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras islas… Y si no lo hiciéredes (consentir la predicación), y en ello dilación maliciosamente pusiéredes, certificoos que, con la ayuda de Dios, nosotros entraremos poderosamente contra vosotros…” (176).

(176). Herrera: Decad, I, 1, 7, cap. 14. El historiador católico Rohrba-Cher apostilla en estos términos el genial requerimiento: “En este manifiesto, que era el mismo para todos los conquistadores españoles, se destacan tres ideas principales: Dios, rey supremo del Cielo y de la Tierra; el Papa, a quien Jesucristo entrega todas las naciones para convertirlas y regirlas; el rey de España, a quien el Papa encarga secundar con su potencia la propagación de la fe y de la civilización cristiana en una parte del Nuevo Mundo. Y el encargo se ejecuta de tal suerte, que, después de tres siglos, cuando incluso ni los españoles están ya allí, América permanece cristiana y católica, y marcha la primera en civilización, después de Europa.

He ahí un modelo digno de ser imitado. Hemos visto a la Inglaterra católica y sometida al Papa, convertir la Alemania por San Bonifacio y demás misioneros enviados por ella. Hace medio siglo que la Inglaterra protestante es dueña de la India. Ahora bien, todo el fruto religioso que ha producido allí hasta ahora, se reduce a ídolos mejor hechos, que ella misma fabrica y vende a los indios idólatras. Hoy día los ingleses ponen el pie en China, no en nombre de Dios y del Papa, como los españoles de antaño en América, sino en nombre de algunas cabezas de adormidera, cuyo jugo quieren a toda costa hacer beber a los chinos, para embrutecerles el alma y el cuerpo”.

(Histoire Universelle de l’Eglise Catholique, t. IX, 1. 83, pág. 290),