Isabel

Política y religión

San Frumencio de Etiopía, ObispoEl “mundo” contemporáneo postula que la política no tiene deberes hacia Dios y que no debe pronunciarse, ni ocuparse, de las cuestiones éticas y menos aún de las religiosas. De ahí deriva que la política debe permanecer absolutamente indiferente frente a Dios. Lo sostiene no sólo el laicismo, sino también parte de la cristiandad contemporánea, tanto los que (por ejemplo el Partido Popular italiano) arrumbaron a Dios, Jesucristo y la Iglesia -por usar una expresión del cardenal Boggiani-, como los que propugnan una “laicidad positiva” (el cardenal Bertone) o una “nueva laicidad” (el cardenal Scola). Sor Lucía afirmó que el Señor pide, además de alejarse del pecado, la oración y la penitencia pública. Falta la paz, la paz verdadera, en la Iglesia, en las naciones, en las familias, porque falta la fe, la penitencia, la oración pública y colectiva. (Danilo Castellano – VERBO)

Dignidad humana

Juan XXIII, en la “Mater et Magistra”, nos dice: “Si el funcionamiento y las estructuras económicas de un sistema productivo ponen en peligro la dignidad humana del trabajador, o debilitan su sentido de responsabilidad, o le impiden la libre expresión de su iniciativa propia, hay que afirmar que este orden económico es injusto aun en el caso de que, por hipótesis, la riqueza producida en él alcance un alto nivel y se distribuya según criterios de justicia y equidad”. (83). (Mn. José Ricart Torrens – CATECISMO SOCIAL)

Castigo eterno (74)

A vivir que son dos días, dicen los que no se cansan de ofender a Dios. Y efectivamente, parece que viven felices. Algunos cristianos se preguntan ¿por qué los malvados disfrutan tanto? Lo dicen con una vaga envidia de sus éxitos. Si se medita bien se comprueba que son “cortos los días en que les es dado gozar de sus bienes. Cuando acierta a llegar la hora del castigo, momento para ellos inesperado, son arrojados al infierno, a quemar eternamente entre las llamas en aquel lugar de suplicio… Dios con los obstinados les abandona a sí mismos, deja que se ceben en los placeres de esta tierra para sacrificarlos después en la vida eterna a su divina justicia” (San Alfonso María de Ligorio). (Jaime Solá Grané)

Masones y burgueses en España

Se puede decir que el espíritu liberal y capitalista, vencido en parte, por lo menos, gracias a las armas de las Españas del Siglo de Oro, volvió para ganar la guerra dentro de las mismas entrañas de la tierra española en el siglo XIX. La clave de las guerras carlistas es el apoyo enorme que el liberalismo español encontraba en el capitalismo europeo, un apoyo que hizo posible que un puñado de masones y burgueses, que carecían totalmente de pueblo, se apoderaran del destino de España. El protestantismo nunca echó raíces en la España católica, pero sí hizo posible que España perdiera su destino histórico, hasta que lo recobrara el 18 de julio de 1936. (Frederick D. Wilhelmsen – VERBO)

La mujer

Edith Stein

Si el Espíritu Santo es el consolador y el socorro, que cura lo herido, que calienta lo frío, que conforta al desmayado, si como padre de los pobres, comunica todos los dones buenos, así lo encontramos en todas las obras del amor femenino y de la misericordia.

Clientelas serviles

Como sólo el gobierno oligárquico está en condiciones de pacificarlo, establece un modo de orden securitario colectivista o totalitario. La lucha se disfraza a veces de guerra de los derechos amparada en los derechos humanos. La fomentan los gobiernos y los partidos como algo normal para parecer humanitarios, justos y benéficos, introduciendo simultáneamente la discordia entre los gobernados al alterar el equilibrio entre los grupos sociales conforme al principio divide et impera. Pues, en la competición para conseguir sus favores, se aseguran al mismo tiempo numerosas clientelas serviles. (Dalmacio Negro – RAZÓN ESPAÑOLA)

Riqueza artificial

Divorcio entre propiedad y riqueza: precisamente porque la economía financiera liberal ha desvinculado la riqueza de la propiedad, y la ha vinculado a la oscilación de las leyes del mercado, se ha generado riqueza artificial, que ha demostrado marchar tanto o más rápido que como había venido. Y esa riqueza financiera ha dejado de tener sustento en la riqueza real, sino que simplemente se basa en la acumulación de dinero o de oro. A diferencia de la doctrina cristiana tradicional, según la cual el capital “no tiene derecho al beneficio sino cuando está asociado al trabajo”. (Javier de Miguel – VERBO)