Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (10)

Espíritu misionero de los descubridores y conquistadores

Juan Sebastián ElcanoLos reyes habían pensado en todo. Si el requerimiento, como sucedía a menudo, no era entendido o aceptado por los indios, que no estaban hechos a semejantes actos diplomáticos, para poderles predicar el Evangelio y salvar sus almas se había de proceder de esta manera:

“Mandamos a nuestros gobernadores y pobladores que en las partes y lugares donde los naturales no quisieren recibir la doctrina cristiana de paz, tengan el orden siguiente en la predicación y enseñanza de nuestra santa fe: Conciértense con el cacique principal, que está de paz y confina con los indios de guerra, que los procure atraer a su tierra a divertirse o a otra cosa semejante; y para entonces estén allí los predicadores con algunos españoles e indios amigos; y cuando sea tiempo, se descubran a los que fueron llamados; y a ellos, junto con los demás, por sus lenguas e intérpretes, comiencen a enseñar la doctrina cristiana: y pura que la oigan con más veneración y admiración, estén revestidos, a lo menos, con albas o sobrepellices y estolas y con la Santa Cruz en las manos, y los cristianos la oigan con grandísimo acatamiento y veneración, porque a su imitación los infieles se aficionen a ser enseñados. Y si para causarles más admiración y atención pareciere cosa conveniente, podrán usar de música, de cantores y ministriles, con que conmuevan a los indios a ser juntar, y de otros medios para amansar y pacificar y persuadir a los que estuvieren de guerra”

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Representantes típicos de estos exploradores pacíficos, que se limitaban a “abrir para el mundo las rutas de la civilización y de la fe”, son Elcano y Legazpi, a quienes Pío XII reúne en un común recuerdo, hablando al pueblo de Guipúzcoa, de donde eran originarios los dos célebres navegantes.

“La Providencia ha hecho que desde esa atalaya (Monte Urgull) se descubra también parte de ese ancho mar a través del cual gente vuestra—un Elcano, un Urdaneta, un Legazpi—abrieron para el mundo las rutas de la civilización y de la fe; como si quisiera prometeros su protección para todas vuestras empresas futuras” (178).

(178) Juan Sebastián Elcano (1476-1526), en la nao Victoria concluyó el primero la vuelta al mundo (1522), con 31 supervivientes de la expedición que había comenzado Magallanes. Carlos I le concedió un escudo nobiliario en el que había un globo terráqueo con esta inscripción: “Primus circumdidisti me”.

Fray Andrés de Urdaneta (1498-1568), primero militar y marino, participó en numerosas campañas y expediciones guerreras en Europa, América y Asia. Ingresado en la Orden agustiniana en las Indias, fue puesto a la cabeza de la primera expedición colonial a Filipinas, al lado de Legazpi. En su cargo demostró sus especialísimas condiciones de colonizador y gobernante. Más tarde renunció al mando, y murió santamente en su convento.

Miguel López de Legazpi (+ 1572), dirigió la primera expedición desde Méjico a Filipinas para colonizar el archipiélago. Fue muy querido de los nativos, a los que se atraía blandamente.

(Radiomensaje a los católicos de Guipúzcoa, en la inauguración de una monumental estatua al Sagrado Corazón sobre la cima del monte Urgull, 19-XI-1950.)