Isabel

Servicios superfluos

Beato Manuel Lozano Garrido «Lolo»Dicho en otras palabras, puesto que la producción de bienes de primera necesidad es relativamente estable, pues su consumo no está sujeto al capricho, ni tampoco al nivel de renta una vez éstas están satisfechas, no es rentable su fomento desde una perspectiva capitalista, a la cual no le interesa sino un crecimiento lo más vertical posible de la producción, cosa que solamente puede conseguirse mediante la creación de una infinitud de nuevos productos y servicios superfluos, y el acceso a ellas mediante la generalización del acceso al crédito. (Javier de Miguel – VERBO)

La mentira dirige al mundo

Especialmente en la democracia, es la oligarquía más que una forma del gobierno. Como decía José Luis López Aranguren, “bajo la apariencia de la democracia, prospera en realidad una oligarquía”, de modo que lo importante sociológicamente son las fuerzas reales de cualquier tipo, que operan “detrás” del aparato del gobierno. Muchas de ellas son invisibles como tales fuerzas, limitadas aparentemente a los partidos. “Los pasillos del poder” de que hablaba Schmitt. No es extraño que sea la mentira la fuerza que dirige políticamente el mundo, como observaba Revel. (Dalmacio Negro – RAZÓN ESPAÑOLA)

La mujer

Edith Stein

El Espíritu, que limpia lo manchado, que doblega lo duro, se refleja en la pureza y mansedumbre de la mujer, que no sólo quiere ser pura y mansa, sino esparcir la pureza y la mansedumbre. Nada hay en este “amable Espíritu, que no sea luz divina que se derrama, amor servicial; nada le es más contrario que el orgullo, que se busca a sí mismo, y sólo pide lo que quiere tomar para sí. Por eso el primer pecado es aquél en el que concurrieron estas dos cosas, la caída del espíritu del amor y la caída de la esencia femenina de sí misma.

Negación protestante del mundo sacramental

El mundo que surgió del calvinismo fue gris, sin belleza, sin amor. Se destrozó con el calvinismo la antigua unidad de todas las instituciones cristianas. Los derechos de los hombres, así como sus deberes para con el prójimo, desaparecieron. Con la negación protestante de la razón humana vino la negación protestante del mundo sacramental. El valor de la creación se derrumbó y Dios se retiró al esplendor inaccesible de su majestad trascendental y terrible. Con la repulsa del valor sacramental de la realidad vino la negación de la bondad de la materia, y, de esto, la negación de María, principio de la mediación. (Frederick D. Wilhelmsen – VERBO)

No envidies al pecador (75)

Permite el Señor para mayor castigo que el pecador se encumbre a veces muy alto, a fin de que sea más grave su caída. No tiene, por tanto, sentido, envidiar los éxitos de los réprobos. “No envidies, hijo mío, al pecador que camina prósperamente por una vida malvada” (Sal. 36/7). Porque parecerá feliz en esta vida pero será infeliz en la eternidad. Tú, por contrario, te verás mortificado en esta vida, pero feliz en la eternidad… Escribe san Alfonso: “Cuando Dios permite al pecador que alcance sus pérfidos designios, es evidente señal de que éste corre hacia su condenación eterna. (Jaime Solá Grané)

La Iglesia condena el capitalismo

Pablo VI taxativamente afirma: “¡Debe de haber algo profundamente equivocado, radicalmente insuficiente en el sistema mismo, cuando da origen a semejantes reacciones sociales!” (8-VI-1964). O sea, la Iglesia que proclama que la propiedad es de derecho natural, condena “el sistema mismo”, que aniquila la propiedad de muchos y la concentra en pocas manos. Lo que es lo mismo, la Iglesia condena el capitalismo como concentración injusta de la propiedad en unos cuantos. Porque este capitalismo no tiene nada que ver con la civilización católica. Es el hijo legítimo del protestantismo, que con la doctrina calvinista predicaba la predestinación para los que tienen abundancia de riquezas. (Mn. José Ricart Torrens – CATECISMO SOCIAL)

Testimonio público

Estas observaciones de Sor Lucía son conformes a la enseñanza de la Iglesia. Bastaría, a este propósito, recordar el magisterio social de León XIII y de Pío XI, quien sobre todo con la encíclica Quas primas de 11 de diciembre de 1925, imploró a los jefes de las naciones que no rechazasen el prestar testimonio público de reverencia y de obediencia al imperio de Cristo, junto con sus pueblos, si desean -con la incolumidad de su poder- el crecimiento y el progreso de la patria. (Danilo Castellano – VERBO)