Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (11)

Espíritu misionero de los descubridores y conquistadores

Pedro de Alvarado y ContrerasEl mapa de América, para quien sabe leer a través de nombres muertos, es por sí solo un hermoso panegírico del sentido misionero que los conquistadores supieron dar a sus empresas. Naciones que tienen el honor de llamarse Santo Domingo y El Salvador; ciudades como San Francisco, La Asunción, Concepción y Rosario; ríos que fueron bautizados con los bellos, nombres de Madre de Dios y Magdalena; islas innumerables que llevan el nombre de Guadalupe o Trinidad; los cabos San Lucas o Gracias a Dios, y otros innumerables, son otros tantos argumentos del ideal religioso que animaba a aquellos hombres.

Pío XII no ha dejado de observar esta piadosa costumbre de los conquistadores, y hace referencia a ella en diversas circunstancias.

Pedro de Alvarado, uno de los lugartenientes de Hernán Cortés en la conquista de Méjico, y conquistador, por su cuenta, de Guatemala y EL Salvador, daba muestras de su arraigada fe religiosa y de su acendrada piedad en los nombres que iba poniendo a los montes y valles que descubría y a las naciones que tras sí dejaba conquistadas. La República de San Salvador, que tiene la dicha, única entre las naciones, de recordar con su nombre la adorable persona de Jesucristo, es el testimonió perenne de la fe de Alvarado y de la religiosidad de toda aquella noble generación.

“Quiso la Divina Providencia, para distinguir unos de otros los hombres y los pueblos, disponer que cada uno recibiera un nombre, “palabra breve—si hemos de definirlo con los exactos términos usados por uno de los príncipes de vuestra hermosa lengua—, que se sustituye por aquello de quien se dice y se toma por ello mismo” (Fray Luis de León: Los nombres de Cristo, 1. 1, e. 2); y entre todos los que hubieran podido darse a vuestra tierra, fue escogido el más hermoso que se hubiera podido pensar… República de San Salvador, República del Salvador. Porque no fue solamente—queremos pensarlo así—la acendrada piedad de Pedro de Alvarado la que, en los albores de la conquista americana, tan altamente os bautizó, sino más que nada ¡la providencia misma de Dios!” (179).

(179). Pedro de Alvarado (1486-1541), segando de Hernán Cortés en la campaña de Méjico, conquistó, al frente de 300 infantes y 160 jinetes, parte de la América Central: Guatemala, Nicaragua, El Salvador (1524).

 (Radiomensaje al I Congreso Eucarístico Nacional de El Salvador, 26-XI-1942).