Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (12)

Espíritu misionero de los descubridores y conquistadores

Diego Velázquez de CuéllarDe nuevo habla el Papa de Alvarado, dirigiéndose al embajador de El Salvador. Rememora un ademán de “arraigado catolicismo” del heroico fundador del país salvadoreño: en 1524, cuando se dirigía a la región del Cuscatlán para posesionarse de aquellos territorios, puso confiadamente sus conquistas bajo la protección divina.

“…una nación (El Salvador), que lleva en su nombre la más alta evocación religiosa, y en su historia la huella indeleble del más arraigado catolicismo; pues… nadie puede ignorar que vuestras crónicas se abren con aquel Pedro de Alvarado, que en 1524 ponía sus conquistas bajo la protección de la Santísima Trinidad y en 1528 daba el nombre de San Salvador a vuestra capital…”

(Discurso a don Héctor Escobar Serrano, primer embajador plenipotenciario de la República de El Salvador ante la Santa Sede, 25-III-1952.)

Otro ejemplo: Diego Velázquez, primer gobernador de Cuba. Mandado por Diego Colón desde La Española, desembarca en la Perla de las Antillas con objeto de anexionarla a la Corona española. En seguida empieza la fundación de las ciudades, es decir, la construcción de unas cuantas casas de colonos y una iglesia de madera, y el nombramiento de un alcalde con su concejo. Caseríos, que hoy Velázquez denomina Nuestra Señora de la Asunción, Trinidad, Sancti Spiritus, Santa María del Puerto Príncipe, Santiago y La Habana, que mañana tendrán sus catedrales, iglesias, monasterios, calles y plazas, monumentos y edificios, y que siglos más tarde serán las florecientes ciudades que admiramos. Pío XII dedica unas líneas laudatorias al hidalgo de recia fe (180).

(180) Diego Velázquez de Cuéllar (1465-1522), militar y colonizador, luchó con el Gran Capitán en Italia, y acompañó a Colón en su segundo viaje. Colonizó la isla de Cuba, de la que fue primer Gobernador. Desde allí organizó las expediciones para la conquista de Nueva España. Como Gobernador, fue honrado, benévolo y protector de los indios.

“Corría a su ocaso el año de gracia de 1511. Cuba, que había ya visto consagrado su suelo al ofrecerse por primera vez el Santo Sacrificio en el segundo viaje del Gran Almirante, iba a contar ahora con la primera población estable en Baracoa; y cuando Diego Velázquez quiso ponerle un nombre, la llamó de Nuestra Señora de la Asunción. Hoy, a la vuelta de los siglos, los hijos de Cuba piden, henchida el alma de júbilo, la definición dogmática del misterio, porque piensan, sin duda, con el que con razón ha sido llamado Doctor Eximio, que “este privilegio… mira a la gloria de Dios y de Jesucristo Nuestro Señor, y sumamente conviene con la altísima dignidad, inocencia, pureza y caridad de la Virgen. (Suárez: Opera omnia, t. 19, p. 318.)”

(Radiomensaje al I Congreso Eucarístico Nacional de Cuba, 24-II-1947.)