Pedro Carlos González Cuevas

Francisco Franco - MilitarNo era Sanjurjo, preso en el penal de Dueso, el único candidato militar a encarnar el caudillaje salvador. Francisco Franco, uno de los fundadores de la Legión Extranjera y prototipo del militar africanista, era igualmente uno de los más prestigiosos representantes del estamento militar. Sin embargo, se negó a sumarse a la conspiración protagonizada por Sanjurjo. Ya a comienzos de los años 20, Franco había adquirido celebridad como líder legionario. En la prensa, se hacía referencia a “los bravos muchachotes de Franco”, al “bravo Franco”, al “as” de la Legión, como fama de “modesto” y de disfrutar de baraka; era el “caudillo heroico”. Gentilhombre de Alfonso XIII, nunca dejó de sentirse monárquico. En sus diarios, Manuel Azaña lo consideraba el “más temible”, el “único temible” de los militares sospechosos de antirrepublicanismo. A lo largo de la etapa republicana, votó por la CEDA, aunque fue suscriptor de Acción Española. Era un hombre frío, distante y reservado. Su actuación frente al alzamiento socialista de octubre de 1934 le valió el apoyo de los sectores republicanos conservadores y de los católicos. Diego Hidalgo, ministro de la Guerra en aquellos momentos, destacaba su “capacidad de trabajo” y “su clara inteligencia”. El líder falangista Primo de Rivera le envió una significativa carta, en la que denunciaba el peligro de una revolución socialista, ya que “el Estado español, en manos de aficionados, no existe”. Cuando Gil Robles ocupó el Ministerio de la Guerra, Franco fue nombrado jefe del Estado Mayor Central. Ante la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, presionó infructuosamente al presidente del Gobierno Manuel Portela Valladares para que declarase el estado de guerra.

Y no deja de resultar significativo que el líder socialista Indalecio Prieto, en su célebre discurso de Cuenca el 1 de mayo de 1936, destacara su figura como posible caudillo de una eventual insurrección contra el Gobierno del Frente Popular: “El general Franco, por su juventud, por su dotes, por la red de sus amistades en el Ejército, es hombre que, en un momento dado, puede acaudillar con el máximo de probabilidades -todas las que derivan de su prestigio personal- un movimiento de este género”.

(Razón Española)