Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (13)

Espíritu misionero de los descubridores y conquistadores

Juan Vázquez de CoronadoA los costarriqueños les habla Pío XII del conquistador que se enlaza con su historia patria, Vázquez Coronado, de cuyas proezas y catolicidad fueron teatro las tierras de Costa Rica, allá por los años de 1562 (181).

(181) Juan Vázquez de Coronado (1528-1565), se distinguió en la conquista de Costa Rica, de la que fue nombrado Adelantado. Era entre todos sus colegas honrado y generoso.

“La histórica Costa Rica de la cuarta y última navegación colombina; la del gran Vázquez Coronado y tantos heroicos descubridores. Se trataba, sobre todo, de la catolicísima nación que recuerda siempre a su primer Obispo, Llorente Lafuente, verdadera gloria nacional (182).

(182) Mons. Anselmo Llorente y Lafuente, nacido en 1799 en Cartago de Costa Rica, fue diputado en la Asamblea constituyente de Guatemala, sobresaliendo por su rectitud y justicia, caridad y abnegación.

Que no olvida nunca al que fue fundador de su futura universidad, el Prelado Nicolás García, y en cuyos oídos no se han extinguido aún los elocuentes acentos de aquel gran tribuno que fue el ilustre sacerdote don Florentino del Castillo” (183).

(183) Florentino del Castillo (1760-1834), fue elegido por su provincia representante en las Cortes de Cádiz, en 1811. Descolló en aquella Asamblea como uno de los oradores más elocuentes, abogando por el bienestar y la igualdad absoluta de indios, negros, mestizos, criollos y españoles. En 1813 ocupó la Presidencia de aquellas Cortes. Terminada su misión, regresó a América, donde desempeñó cargos políticos relevantes.

(Radiomensaje al II Congreso Eucarístico Nacional de Costa Rica, reunido en San José, 28-IV-1955.)

Pero, según Pío XII, no sólo Colón, Elcano y Legazpi, como ni tampoco únicamente Alvarado, Velázquez o Vázquez Coronado vivían el ideal misionero.

Se puede, en general, afirmar, con el llorado Pontífice, que toda la pléyade de aventurados navegantes que se adentraron en los mares inexplorados, y las falanges de conquistadores que los acompañaban o seguían en sus rutas, compartían con sus reyes el santo anhelo de extender la fe de Cristo entre los indígenas que encontraban. De ello dan testimonio las crónicas y cartas de la época.

De Valdivia, el brioso capitán que sometió a los araucanos en las llanuras de Chile, ha escrito esta memorable página el cronista de la época Pedro Marino de Lobera.

“Este capitán (Valdivia) tuvo con ellos (con los indios) tanta mano con pláticas discretas, que con mucha gracia les hacía, que en breve tiempo lo pacificó todo. Con esta seguridad concurría innumerable gente de los indios de paz a la ciudad cada día, tanto que los españoles temían ya verse rodeados de tan multitud de bárbaros, valientes y belicosos, y así estaban siempre a punto con las armas aprestadas y los caballos ensillados… Quedó entonces en paz toda ciudad y comarcas, y entró la fe en los estados de Arauco y Tucapel con tanto fervor, que dice el autor haber visto por sus ojos más de 40.000 indios, niños y niñas, que andaban con guirnaldas de flores en las cabezas, y cruces en las manos, cantando la doctrina cristiana, y esparciendo el dulcísimo nombre de Jesús y el de su Santísima Madre la Virgen Nuestra Señora: cosa de gran mérito para los fieles, píos y celosos de la honra de Dios y gloria de su Hijo Jesucristo”.

Y el mismo Valdivia nos ha dejado consignados sus ardientes sentimientos misioneros en una carta privada dirigida al rey:

“En lo que yo he tenido especial cuidado, trabajado y hecho lo último de potencia, después que a esta tierra vine, es en el tratamiento de los naturales, para su conservación y doctrina, certificando a V. M. ha llevado en este caso la ventaja esta tierra a todas cuantas han sido descubiertas, conquistadas o pobladas hasta el día de hoy en las Indias, como lo podrá V. M. mandar entender no solamente del mensajero, pero de las demás personas que de estas partes han ido hasta hoy y fueren de aquí adelante en nuestra España”.