Pablo

¡Era una luchadora!

La Inmaculada Concepción - rodeada de ángelesLa madre Angélica podía ser (y normalmente lo era) dulce, divertida, ingeniosa, agradable y encantadora. Pero también tenía su faceta brava. ¡Era una luchadora! Y nunca se mostró más brava como al enfrentar la degradación de su fe católica por los “liberales”, a los que consideraba que estaban suplantando efectivamente el catolicismo por una religión falsa de su propia invención: una religión sin Cristo, sin la resurrección, sin la presencia real en la Eucaristía, sin ninguna de las enseñanzas “duras” impopulares sobre sexualidad y familia, sin ninguna de las consideradas doctrinas difíciles, sin milagros. En una ocasión famosa, madre Angélica dio rienda suelta a su alma. “¡Estoy tan cansada de ti, Iglesia liberal en América!”, se lamentó, y a continuación enumeró los horrores que veía difundían representantes infieles del catolicismo, que particularmente dañaban a los niños. (John Jalsevac – LifeSiteNews)

Pudor y castidad  (105)

Una buena esposa no se permite vinculaciones afectivas con otra persona, si lesionan, aunque sea mínimamente, el amor con su esposo; e igualmente un célibe no debe estimar que tiene derecho a compensaciones afectivas que lesionen, aunque sea sólo un poco, el amor con Cristo. (José María Iraburu)

Entrar en intimidad

Enamorarse es entrar en intimidad permitiendo al otro penetrar por el amor en mi círculo interior y a la vez el enamorado, su persona y entorno, me interesa vivamente. El enamoramiento es la puerta de entrada en el misterio de otra persona, que se me aparece como única y a la que quiero con un amor exclusivo y diferente al que tengo con cualquier otra persona. (Pedro Trevijano, Pbro. – INFOCATÓLICA)

La Iglesia enseña

La Iglesia enseña que “la lujuria es un deseo o un goce desordenados del placer carnal. El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión”. Conviene recordar a los jóvenes que cualquier placer sexual directamente procurado o consentido, no ordenado al legítimo acto conyugal, constituye objetivamente un pecado mortal; en este caso, no existe parvedad de materia. (Michele Díaz – AVE MARÍA)

Lugares recónditos

Debemos buscar lugares recónditos, tranquilos, para relacionarnos con Dios como si nada existiera, y esto a diario. Para hallar y sentir a Dios escondido el alma tiene que esconderse; así podrá entrar donde Él está. “Como quiera que tu Esposo amado es el tesoro escondido en el campo de tu alma, por el cual el sabio mercader dio todas sus cosas (Mt 13, 44), convendrá que para que tú le halles, olvidadas todas tus cosas y alejándote de todas las criaturas, te escondas en tu retrete interior del espíritu y, cerrando la puerta sobre ti, es a saber, tu voluntad a todas las cosas, ores a tu Padre en escondido; y así quedando escondida con Él, entonces le sentirás en escondido y le amarás y gozarás en escondido y te deleitarás en escondido con Él, es a saber, sobre todo lo que alcanza la lengua y el sentido” (san Juan de la Cruz). (TRINIDAD Y LIBERACIÓN)

El padre Solá habla del demonio (21)

Una de las maneras -no la única ni mucho menos, hay que poner varias- es si el sujeto se da cuenta o no se da cuenta. Un endemoniado hace cosas muy raras, hace cosas rarísimas y no se da cuenta. Por ejemplo un endemoniado hace cosas y viene una persona, y aquel endemoniado de aquella persona: tú eres fulano de tal, y tú has hecho esto, y esto, y esto… y aquella persona se escapa corriendo. Me descubrió todos los secretos suyos. Después le pregunté cuando se le había pasado el demonio, pues va intermitente, le pregunté cuando ya estaba tranquilo de aquella persona. -¿Tú conoces a Fulano de tal? -No, ¿quién es? -Si hace un rato ha estado aquí. -No, no sé quién es. No sabe nada absolutamente. Ni de lo que ha hecho, ni de los que le han visitado, ni de nada. Porque él no ha actuado. Él ha estado, como si dijéramos, en estado de coma, y el diablo lo ha hecho volver y el que hablaba no era aquella persona, sino que era el diablo. Y el que veía, y decía cosas, y se movía era el diablo que es el que le movía. (P. Francisco de Paula Solá S.J.)

Amaré más y más mi vida sacerdotal

Entonces sí, cómo he de centrar mi vida en la Misa, Sacrificio de Cristo que se actualiza y reproduce cada día en el altar. Y para vivir la Misa, ¡cómo me he de saturar de oración, de intensa meditación, de sabrosas visitas al Santísimo, de frecuentes y devotas confesiones, de liberadoras mortificaciones! Sólo entonces amaré más y más mi vida sacerdotal, la catequesis de los niños, el despacho parroquial, la asistencia a los enfermos, la predicación misionera, el servicio sencillo de la parroquia. (José Ricart Torrens, Pbro. – AVE MARÍA)