P. Juan Terradas Soler C. P. C. R.
Ya hemos visto los ardides de que se vale la camarilla del diablo para escribir la historia. Salta a los ojos el resultado fatal de semejantes maniobras: la verdad del pasado queda desfigurada. Y con ella, la misión social, cultural y civilizadora de la Iglesia. En efecto, así como “los perennes monumentos de la historia son una magnífica apología de la Iglesia”, así también la infecundidad sería un arma contra el origen divino de esta sociedad fundada por Jesucristo. Pues, dado que las obras de Dios han de ser necesariamente pródigas en frutos trascendentes de civilización y de cultura, si una sociedad religiosa no los hubiera producido, podríamos afirmar con razón que no trae su origen de Dios.
Por ahí aparece a dónde van a parar los tiros. Apuntan a los mismos fundamentos de nuestra fe. Ya se ha dejado ver, según la expresión ignaciana, la “cola serpentina» en el campo de Babilonia. Sus intenciones son claras: exterminar, si pudiera Sigue leyendo




