Obra Cultural
A más de un lector este título le causará no poca sorpresa y, empleando los consabidos tópicos del momento, dirá, sin más, que tal afirmación hoy no es de recibo. Sin embargo, se trata de una verdad declarada de fe divina y católica, definida por los Concilios IV de Letrán, año 1215; Florentino, año 1442; Vaticano II, año 1964; y los Papas Bonifacio VIII, año 1302, en la Bula «Unam Sanctam»; Pío IX, año 1854, alocución «Singulari quedam»; y Encíclica «Ouanto conficiamur maerore», año 1863; Pío XII, 1943, Encíclica «Mystici Corporis Christi». Son especialmente expresivas las palabras del Lateranense IV: «Hay una sola Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie absolutamente se salva, y en la cual Jesucristo mismo es Sacerdote y Víctima…»; y el Vaticano II, en la Constitución dogmática «Lumen Gentium», en su n.º 14: «Basándose en la Sagrada Escritura y en la tradición, enseña que esta Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación. Pues sólo Cristo, que se nos hace presente en su Cuerpo, que es la Iglesia, es el Mediador y el Camino de salvación… Por eso no podrían salvarse los hombres que, no ignorando que la Iglesia Católica fue fundada como necesaria por Dios a través de Jesucristo, sin embargo, no quisieran o entrar o perseverar en ella». Más adelante en el mismo documento continúa el Vaticano II: «No se salva, sin embargo, aunque se incorpore a la Iglesia, quien, no perseverando en la caridad, permanece en el seno de la Iglesia «en cuerpo», pero no «de corazón»… Sigue leyendo →