Dios no es un ser lejano y anónimo, sino nuestro refugio, el manantial de nuestra serenidad y de nuestra paz. Es la roca de nuestra salvación a la cual podemos aferrarnos con la seguridad de no caer; quien se aferra a Dios no cae nunca. Es nuestra defensa del mal, que siempre está al acecho. Dios es para nosotros el gran amigo, el aliado, el Padre, pero no siempre nos damos cuenta, No nos damos cuenta que tenemos un amigo, un aliado, un padre. Preferimos apoyarnos en los bienes inmediatos y contingentes, olvidando y a veces rechazando el bien supremo, es decir el amor paterno de Dios.
Cardenal Juan José Omella
La oración, el recogernos interiormente en presencia del Señor y dejarnos abrazar por Él, compartiendo con Jesús nuestras alegrías y también nuestras tristezas y angustias, puede ser la mejor manera de no vernos, nosotros y nuestras Sigue leyendo




