

El Santo Rosario
15 domingo Jul 2018
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15 domingo Jul 2018
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03 martes Jul 2018
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Del 1 al 15 de agosto. En España.
Para más información: campamentosdelpadrealba@gmail.com.
25 lunes Jun 2018
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Tenía un corazón grande enamorado de Jesús, libre de apegos. Solo usaba lo estrictamente necesario, lo más pobre, lo más austero. Usaba la armadura de gafas que habían desechado otras monjas, cuando se partía la armadura, las mandaba pegar, hasta que ya en la óptica, decían que no se podían pegar más veces. Entonces volvía a la caja de las gafas usadas y decía: «¡Qué Bueno es Jesús!, éstas me están muy bien». Aunque las monjas veían que no me quedaban tan bien, pero es que me encantaba ser pobre y los pobres se conforman con todo lo que tienen. Además quería imitar a Jesús que pudiendo nacer rico, en un palacio y con todas las comodidades que quisiera eligió la pobreza como tesoro, para enseñarnos que teniendo lo necesario para vivir se puede ser muy feliz. Por eso mismo, el hábito y la túnica los tenía siempre remendados, conforme se me iba rompiendo le iba poniendo piezas, así gozaba mucho con mis remiendos.
Vivía siempre ejerciendo la caridad y el bien para todos. Me aprendí de memoria y repetía con frecuencia aquel verso de Pemán: «Toma hermano para ti cuánto quieras sin medida, que cuando salga de aquí para comprar la otra vida sólo tendré lo que di».
22 viernes Jun 2018
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Entre los debates pintorescos que resucita de vez en cuando la ultraizquierda historiográfica, política y mediática, ocupan lugar destacado los juicios acerca de la capacidad militar del Generalísimo Franco a quien se somete a una quimérica confrontación con Vicente Rojo, el militar que ocupó durante la Guerra Civil la jefatura del Estado Mayor Central del Ministerio de Defensa.
El paralelismo carece de todo fundamento. En primer lugar porque Franco asumió durante la guerra la doble responsabilidad de Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos mientras que en la retaguardia roja nunca se llegó a culminar la unificación del poder político y militar. Y, sobre todo, porque Franco ganó la guerra mientras que es posible escribir la historia bélica del conflicto, a partir del verano de 1937, como el relato del reiterado fracaso de los planteamientos de Vicente Rojo. Y es que este militar, apenas hizo otra cosa que diseñar operaciones teóricamente brillantes sobre el papel que, sistemáticamente, eran bloqueadas por los asesores soviéticos o fracasaban al intentar ponerlas en práctica.
Durante mucho tiempo, Rojo acarició la posibilidad de una ofensiva en Extremadura y Andalucía (el llamado Plan P) cuyo máximo objetivo soñado era la conquista de Sevilla comenzando por dividir en dos la retaguardia nacional. Pero la iniciativa no coincidía con los intereses políticos del Partido Comunista y fue progresivamente aplazada. Quienes conceden excesiva importancia al proyecto no explican cómo las fuerzas atacantes podrían haber llegado a la frontera portuguesa, con la rapidez necesaria, avanzando en territorio enemigo más de ochenta kilómetros desde el frente inicial cuando todos los paralelismos inducen a pensar que el Ejército Popular habría sido incapaz de lograrlo:
“Las comparaciones no son absolutamente determinantes, pero se podría recordar cómo en la ofensiva de Brunete las fuerzas atacantes no lograron avanzar más de quince a veinte kilómetros de sus bases de partida, en la de Belchite una distancia análoga; en el Ebro su avance alcanzó una profundidad de veinticinco kilómetros antes de ser detenido ante Gandesa y, por último, cuando se llevó a cabo una importante ofensiva en Extremadura en enero de 1939, en la que el Ejército Popular logró el avance territorial más extenso de la guerra, no sobrepasaron los cuarenta kilómetros de las posiciones iniciales” (José Semprún, El genio militar de Franco. Precisiones a la obra del coronel Blanco Escolá «La incompetencia militar de Franco», Madrid: (Actas Editorial, 2000, 130).
Aquí radica el talón de Aquiles de Vicente Rojo a lo largo de toda la contienda. Desde su puesto, plantea un procedimiento de oposición indirecto a las maniobras ofensivas del contrario que denomina contragolpe estratégico. Consistía en lanzar una acción ofensiva potente con un objetivo claramente señalado sobre una zona importante del dispositivo enemigo de defensa con la idea de obligar a éste a abandonar la acción ofensiva emprendida en otro frente para llevar a la zona atacada las fuerzas empeñadas en aquel avance. Rojo intentará repetir la maniobra en varias ocasiones (Brunete y Belchite) sin conseguir, en ningún caso, que Franco trasladase un número de fuerzas tan relevante como para impedirle sus victorias decisivas en otros frentes (Santander y Asturias). Y cuando, finalmente, el Generalísimo acude a la confrontación en el Ebro, el resultado será un verdadero desastre para el Ejército Popular (julio-noviembre de 1938).
En sus posteriores reflexiones sobre el conflicto, el propio Vicente Rojo reconoció que, en el terreno militar, Franco triunfó porque lo exigía la ciencia militar y el arte de la guerra; y que sus enemigos se vieron privados de los medios materiales indispensables para el sostenimiento de la lucha no por carecer de ellos, sino debido a interferencias políticas, incompetencia e imprevisión y porque la dirección técnica de la guerra en el ejército republicano era defectuosa en todo el escalonamiento del mando.
En el terreno político, Franco venció porque la República no se había fijado un fin político, propio de un pueblo dueño de sus destinos o que aspiraba a serlo; porque el gobierno republicano fue impotente por las influencias sobre él ejercidas para desarrollar una acción verdaderamente rectora de las actividades del país; porque los errores diplomáticos de la República le dieron el triunfo al adversario mucho antes que pudiera producirse la derrota militar.
En el orden social y humano Franco habría triunfado (siempre según el propio Rojo) porque logró la superioridad moral en el exterior y en el interior y porque supo asegurar una cooperación internacional permanente y pródiga (Cfr. Vicente Rojo, Alerta los pueblos, Barcelona: Ariel, 1974, 185-194).
Ochenta años después, hay personas y medios de comunicación empeñados en seguir dividiendo a los españoles: son nostálgicos de la ideología totalitaria que defendió Vicente Rojo y que, irrevocablemente, fue derrotada el 1 de abril de 1939.
(AFÁN)
12 martes Jun 2018
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San Josemaría Escrivá de Balaguer
No se relee sin gran dolor lo que San Pío X describió en su encíclica Pascendi, cuando exponía las características del modernismo, que en ese documento definía como compendio de todas las herejías. Todo aquello que entonces el Magisterio universal de la Iglesia intentó atajar con penetrante visión y energía sobrenatural, aparecía ya con su enorme gravedad, pero era todavía un mal relativamente limitado a algunos sectores. En nuestros días ese mismo mal -idéntico en su inspiración de raíz y con frecuencia en sus formulaciones- ha resurgido violento y agresivo, con el nombre de neomodernismo, y en proporciones prácticamente universales. Aquella enfermedad mortal, antes localizada en unos pocos ambientes malsanos, y contenida dentro de esas fronteras por prudentes medidas de la Santa Sede, ha alcanzado aspectos de epidemia generalizada. Su extensión ha facilitado su virulencia y la manifestación de efectos monstruosos en cantidad y en calidad, que quizá ni siquiera hubiésemos podido imaginar ante los primeros brotes del modernismo.
Lo que inicialmente se mostraba sólo, aunque ya fuese muy grave, como la reducción de las Verdades dogmáticas a la simple experiencia subjetiva, conservando algún matiz espiritual, se ha degradado aún más: las hondas exigencias del alma -y aun las de la misma gracia divina- quedan disueltas en la horizontalidad sin relieve de lo mundano: identificando el amor de Dios con las aspiraciones o deseos más inmediatos del hombre-masa, sometido a los determinismos de la planificación materialista y atea, y a la de los instintos animales.
La soberbia de la vida (I loann. 11, 16) presenta su vanidad total en la exteriorización de la concupiscencia de los ojos, ambición de poder y de bienes terrenos, sin mesura; y de la concupiscencia de la carne, sensualidad sin freno y degradación libertina. Es como la descomposición entera de un cuerpo, después de haber perdido el alma…
Si, para combatir eficazmente los males del modernismo, San Pío X -como de modo análogo había hecho antes León XIII- señalaba, entre los más importantes remedios que urgía poner, el fiel seguimiento de la filosofía y de la teología de Santo Tomás, es patente que ahora se impone como nunca el estricto cumplimiento de esa disposición. Con el Motu proprio Doctoris Angelici, San Pío X traducía, en normas disciplinares concretas, lo que había sido una constante recomendación de sus antecesores en la Sede de Pedro, desde el año 1325.
No me parece ocioso transcribir aquí algunas de las afirmaciones de ese documento pontificio:
Se deben conservar santa e inviolablemente los principios filosóficos establecidos por Santo Tomás, a partir de los cuales se aprende la ciencia de las cosas creadas de manera congruente con la Fe, se refutan los errores de cualquier época, se puede distinguir con certeza lo que solo a Dios pertenece y no se puede atribuir a nadie más, se ilustra con toda claridad la diversidad y la analogía existente entre Dios y sus obras.
Y añade: Por lo demás, hablando en general, estos principios de Santo Tomás no encierran otra cosa más que lo que ya habían descubierto los más importantes filósofos y Doctores de la Iglesia, meditando y argumentando sobre el conocimiento humano, sobre la naturaleza de Dios y de las cosas, sobre el orden moral y la consecución del fin último. Con un ingenio casi angélico, desarrolló y acrecentó toda esta cantidad de sabiduría recibida de los que le habían precedido, la empleó para presentar la doctrina sagrada a la mente humana, para ilustrarla y para darle firmeza.
Los puntos más importantes de la filosofía de Santo Tomás no deben ser considerados como algo opinable, que se pueda discutir, sino que son como los fundamentos en los que se asienta toda la ciencia de lo natural y lo divino. Si se rechazan estos fundamentos o se los pervierte, se seguirá necesariamente que quienes estudian las ciencias sagradas ni siquiera podrán captar el significado de las palabras, con las que el Magisterio de la Iglesia expone los dogmas revelados por Dios. Por eso quisimos advertir a quienes se dedican a enseñar la filosofía y la sagrada teología, que si se apartan de las huellas de Santo Tomás, principalmente en cuestiones de metafísica, será con gran detrimento.
Así, entre otras determinaciones, San Pío X exhortaba:
Pondrán en esto un particular empeño los profesores de filosofía cristiana y de sagrada teología, que deben tener siempre presente que no se les ha dado facultad de enseñar, para que expongan a sus alumnos las opiniones personales que tengan acerca de su asignatura, sino para que expongan las doctrinas plenamente aprobadas por la Iglesia. Concretamente, en lo que se refiere a la sagrada teología, es Nuestro deseo que su estudio se lleve a cabo siempre a la luz de la filosofía que hemos citado.
¡Cuánto dolor se hubiese ahorrado a la Iglesia y cuánto daño se hubiese evitado a las almas, con la fiel obediencia a esos mandatos de San Pío X! Pido ahora a mis hijas y a mis hijos, precisamente en este año en el que se conmemora el VII centenario de la muerte del Doctor Angélico, que sigan delicadamente esas indicaciones de la Iglesia en el estudio y en la enseñanza de la doctrina filosófica y teológica, seguros de que también así contribuiremos a que, por la misericordia divina, las aguas vuelvan a su cauce…