Me creo obligado a escribir este libro para dar testimonio a las nuevas generaciones de lo que fue la Cruzada española de 1936 a 1939, «una de las gestas más limpias, más hermosas y más heroicas de una patria en la que los héroes y los santos nacieron con tanta abundancia como las flores en la primavera»
Todos los conocedores de la historia americana saben que el hecho central y decisivo del siglo XVIII fue la expulsión de los jesuitas. Sin ella no habría surgido, por lo menos entonces, el movimiento de la independencia. Lo reconoce, con lealtad característica, D. Leopoldo Lugones, poco afecto a la retórica hispanófila. La avaricia del marqués de Pombal, que quería explotar, en sociedad con los ingleses, los territorios de las misiones jesuíticas de la orilla izquierda del río Uruguay, y el amor propio de la marquesa de Pompadour, que no podía perdonar a los jesuitas que se negasen a reconocerla en la Corte una posición oficial, como querida de Luis XV, fueron los instrumentos que utilizaron los jansenistas y los filósofos para atacar a la Compañía de Jesús. El conde Aranda, enérgico, pero cerrado de mollera, les sirvió en España sin darse cuenta clara de lo que estaba haciendo. «Hay que empezar por los jesuitas como los más valientes», escribía D’Alembert a Chatolais. Y Voltaire a Helvecio, en 1761: «Destruidos los jesuitas, venceremos a la infame». La «infame», para Voltaire, era la Iglesia. El hecho es que la expulsión de los jesuitas produjo en numerosas familias criollas un horror a España, que al cabo de seis generaciones no se ha desvanecido todavía. Ello se complicó con el intento, en el siglo XVIII, de substituir los fundamentos de la aristocracia en América. Por una de las más antiguas Leyes de Indias, fechada en Segovia el 3 de julio de 1533, se establecía que: «Por honrar las personas, hijos y descendientes legítimos de los que se obligaren a hacer población (entiéndase tener casa en América)…, les hacemos hijosdalgo de solar conocido…» Por eso, las informaciones americanas sobre noblezas prescindieron en los siglos XVI y XVII, de los «abuelos de España», deteniéndose, en cambio, a referir con todo lujo de detalles, como dice el genealogista Lafuente Machain, las aventuras pasadas en América; y es que la aspiración durante aquellos siglos, era tener sangre de Conquistador, y en ellas se basaba la aristocracia americana. El siglo XVIII trajo la pretensión de que se fundara la nobleza en los señoríos peninsulares, por medio de una distinción que estableció entre la hidalguía y la nobleza, según la cual la hidalguía era un hecho natural e indeleble, obra de la sangre, mientras la nobleza era de privilegio o nombramiento real. La aristocracia criolla se sintió relegada a segundo término, hasta que con las luchas de la independencia surgió la tercera nobleza de América, constituida por «los próceres», que fueron los caudillos de la revolución.
Virgen Medianera de las Gracias – MARIENFRIED – Pfaffenhofen (Alemania)Nuevo Santuario solemnemente bendecido por Mons. Stimpfle de Augusta, el 5 de octubre de 1974
Años: 1940 y 1946 / Lugar: MARIENFRIED, Pfaffenhofen, Alemania Gran Medianera de las Gracias Vidente: Barbel (Bárbara) Reuss (1924-1996)
Reconocimiento Eclesiástico: grado intermedio
La Iglesia ha autorizado el culto a María bajo la Advocación de Medianera de las Gracias; todas las restricciones de parte de las autoridades eclesiásticas fueron levantadas a partir de 1966. Desde el 13 de setiembre de 1966, puede celebrarse la Santa Misa en la Capilla y conservar el Santísimo Sacramento. Se obtiene también el permiso eclesiástico para la estampa del Rosario de la Inmaculada y del himno a la Santísima Trinidad.
Las Apariciones de Marienfried conservan un status “de no constatación de la sobrenaturalidad”. Aunque no están afirmadas, no se las niega, y los fieles están libres de peregrinar al sitio Mariano, según lo subrayado por el Obispo de Augsburgo, el 20 de marzo del 2000.
La Medianera de Todas las Gracias riega bendiciones y gracias especiales de conversión, de reconciliación y de paz a Sus hijos queridos en Alemania.
Aparición única de 1940
El 13 de mayo de 1940 la Virgen se aparece en Marienfried, Pfaffenhofen, Alemania, a Bárbara Reuss, una joven de 22 años, que llegará a casarse y ser madre de cinco hijos. María le enseña a rezar el “Rosario de la Inmaculada”.
El Rosario que Nuestra Señora le enseñó, consistía en rezar igual los Misterios habituales, el Padre Nuestro, las 10 Ave Marías para cada misterio y el Gloria. Sin embargo, había jaculatorias a la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios; después de cada Ave María debería recitar así:
Primer Misterio: “Por Tu Inmaculada Concepción, sálvanos”. Segundo Misterio: “Por Tu Inmaculada Concepción, protégenos”. Tercer Misterio: “Por Tu Inmaculada Concepción, guíanos”. Cuarto Misterio: “Por Tu Inmaculada Concepción, santifícanos”. Quinto Misterio: “Por Tu Inmaculada Concepción, gobiérnanos”.
La Señora, le propone a Bárbara de recitar el Rosario por su patria, pues se asomaba la Segunda Guerra Mundial, diciendo: “Por Tu Inmaculada Concepción, salva nuestra Patria”; “… protege nuestra Patria”; “… guía nuestra Patria”; “… santifica nuestra Patria”; “… gobierna nuestra Patria”.
Primera Aparición 25 de Abril de 1946
Habiendo prometido construir una Capilla en honor de Nuestra Señora si el pueblo de Pfaffenhofen fuera preservado de destrucción durante la Segunda Guerra Mundial (1943-1945), el párroco y varios de los feligreses fueron a un área cercana de Marienfried a elegir un sitio para la capilla en cumplimiento de la promesa que habían hecho a La Virgen.
La primera visión se dio el 25 de abril, cuando el vicario de la parroquia, su hermana y la vidente buscaban en la floresta el lugar en que debían construir la Capilla que habían prometido a Nuestra Señora. Bárbara siente que alguien le llama, se introduce en la floresta y exclama: “Vengan, vengan a ver qué Señora es ésta”.
El párroco y su hermana fueron, pero no vieron nada. Cuando le preguntaron qué le había dicho la Señora, respondió: Ella dijo:
“Son cosas incomprensibles. Allá donde hubiere mayor confianza y donde se enseñare a los hombres que Yo puedo todo, propagaré la paz. Entonces, si todos los hombres creyeren en Mi poder, habrá paz. Yo Soy la Señal de Dios Vivo. Grabo Mi signo en la frente de Mis hijos. La estrella perseguirá la Señal; Mi Señal, sin embargo, vencerá a la estrella”.
Bárbara no sabía quién era la Señora, mas dijo que fue la misma que el 13 de mayo de 1940 se le apareció en la floresta y le enseñó a rezar el Rosario de la Inmaculada, en el que se reza en cada cuenta: “Por Tu Inmaculada Concepción, salva nuestra Patria… protege nuestra Patria… guía nuestra Patria… santifica nuestra Patria… gobierna nuestra Patria”.
Segunda Aparición 25 de Mayo de 1946
Ese día un Ángel invitó a Bárbara a ir a Marienfried —así se llama el lugar donde la Capilla iba a ser construida. Nuevamente la Señora apareció y Bárbara la reconoció como a María, Madre de Nuestro Señor. Ella exclamó: “María”, y Nuestra Señora le dijo:
“Sí, soy la gran Medianera de las Gracias. Así como el mundo puede encontrar misericordia junto al Padre sólo por medio del sacrificio del Hijo, así también, sólo por Mi intercesión podéis ser oídos por el Hijo. De ahí que Cristo es tan desconocido, porque Yo no soy conocida.
El Padre Eterno derrama Su copa de ira sobre los pueblos, porque ellos rechazaron a Su Hijo. El mundo fue consagrado a Mi Inmaculado Corazón, mas la consagración se transformó en una terrible responsabilidad. Yo exijo que el mundo viva la Consagración.
Tened ilimitada confianza en Mi Inmaculado Corazón. Creed que todo lo puedo delante del Hijo. Colocad Mi Inmaculado Corazón en lugar de vuestros corazones pecaminosos. Cumplid Mi pedido para que en breve Cristo reine como Rey de la Paz. El mundo debe beber hasta el fondo el cáliz de la ira por causa de los innumerables pecados con los cuales Mi Corazón es injuriado.
La estrella del abismo se indignará con más furor que antes y causará terribles devastaciones, porque ella sabe que su tiempo es corto y porque ve que ya muchos se han unido alrededor de Mi Signo. Sobre este Signo, ella no tiene poder, aunque mate los cuerpos. Pero de esos sacrificios ofrecidos a Mí, crece Mi poder de conducir las multitudes a la victoria por Cristo. Unos ya mandaron grabar Mi Señal y otros todavía lo harán.
A vosotros, hijos Míos, quiero decir: en los días sangrientos no os olvidéis de que justamente esta cruz es una gracia, y agradeced siempre al Padre esta gracia. Rezad y haced sacrificios por los pecadores. Ofreceos a vosotros mismos, y a vuestras acciones al Padre por Mi intermedio. Rezad el Rosario, no apenas para alcanzar los bienes exteriores. Hoy se trata de más.
No esperéis señales o milagros. Operaré secretamente como Medianera de todas las Gracias. Quiero transmitir la paz a vuestros corazones si cumpliereis Mi pedido. Solamente sobre esta paz podrá ser edificada la paz entre las naciones. Entonces Cristo reinará sobre todos los pueblos como Rey de la Paz. Procurad divulgar Mi voluntad. Te daré la fuerza necesaria.
Si colocaren Mi Corazón en lugar de sus corazones pecaminosos, el demonio no tendrá poder.
Aparentemente el demonio tendrá tal poder, que muchos que no estuvieren fuertemente ligados a Mí, se dejarán engañar. Vendrá un tiempo en que tú te encontrarás completamente sola y serás terriblemente calumniada, pues el demonio sabe cegar los hombres de modo que hasta los mejores se engañan. Tú, sin embargo, debes tener confianza. En todas partes donde los hombres no confiaren en Mi Corazón, el demonio tendrá poder.
Donde, sin embargo, colocaren Mi Corazón en lugar de sus corazones pecaminosos, el demonio no tendrá poder. Él, mientras tanto, perseguirá a Mis hijos que serán despreciados. Mas el demonio no conseguirá vencerlos”.
Un Ángel apareció y llamándose a sí mismo, “el Ángel de la Gran Mediadora de Gracias”, dijo a Bárbara:
“Arrodíllense” —mientras que él hizo una plegaria a la Virgen María Santísima:
“¡Obra como la Madre de la Gracia; obra como La Tres Veces Madre Milagrosa; La Tres Veces Admirable Madre de la Gracia, Vos, la Gran Mediadora de las Gracias!”.
A esa oración la Aparición se volvió más hermosa, enteramente luminosa y diáfana, como si fuera hecha de luces y rayos. Los ojos tenían un brillo extraordinario. Cuando levantó Su mano para dar una bendición Ella se hizo increíblemente brillante y transparente. Tan brillante era que Bárbara no podía mirarla.
Al finalizar la oración del Ángel, Nuestra Señora dio la bendición diciendo:
“Yo os transmito la Paz de Cristo, en Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.
Tercera Aparición 25 de Junio de 1946
El 25 de junio apareció la Nuestra Señora rodeada de Ángeles, que se arrodillaron ante Ella en reverencia profunda y después adoraron a la Santísima Trinidad.
La Virgen fue descrita como de “inenarrable belleza y luminosidad, con una pura y enceguecedora luz sobre Su cabeza, que eran los rayos brillantes que formaban una triple corona.”
Las reliquias del Apóstol SantiagoCiudad del Vaticano
Recapitulada por el P. Cano
– VOTO A SANTIAGO
A mediados del siglo IX se había generalizado la devoción a las reliquias de Santiago; de toda Europa venían peregrinos a venerar la tumba del apóstol en Compostela. Alfonso II y Alfonso III construyeron iglesias sobre el lugar del sepulcro; Diego Peláez, arzobispo de Santiago, inició la construcción de la catedral actual el año 1077.
El año 842 Ramiro I, en agradecimiento a Santiago, por la ayuda recibida del Apóstol en la batalla de Clavijo, hizo voto de entregar cada año una cantidad de trigo y vino. Parece ser que el documento en que consta el voto no es auténtico. Sin embargo, desde tiempo inmemorial, los reyes españoles establecieron la costumbre y adquirieron la obligación de hacer la ofrenda nacional al Apóstol Santiago cada año.
– LOS MOZÁRABES
A los cristianos que permanecieron fieles a su fe bajo el dominio musulmán se les llamaba mozárabes; a los descendientes de matrimonios mixtos (musulmán y cristiana) y a los cristianos renegados se les denominaba muladíes.
En los primeros años de la invasión, los mozárabes practicaban libremente su religión y tenían una justicia. y administración propias; pagaban a los musulmanes ciertos tributos. Conservaron un buen número de iglesias, cuyo culto siguió practicándose con esplendor. Abderramán I (756-788) intentó acabar con los mozárabes, porque le impedían su plan de unificación, pero, por diversas razones, prefirió contemporizar con ellos.
La situación cambió con Abderramán II (822-852). Mandó destruir algunas iglesias y maltrató de mil maneras a los cristianos; sobre todo al clero.
La reacción de los mozárabes fue de gran fervor y entusiasmo. Muchos cristianos se enfrentaron verbalmente a los mahometanos, de lo que se siguieron innumerables mártires. Los primeros mártires fueron Adolfo y Juan, martirizados el año 824.
El año que inicia la era de los mártires mozárabes fue el 850. San Eulogio, testigo de los hechos, escribió una emocionante y fidedigna historia. El primero que derramó su sangre por Cristo fue el presbítero Perfecto, siguieron el mercader Juan, el monje Isaac y una gran muchedumbre, que, espontáneamente, provocaba a los jueces mahometanos.
El sucesor de Abderramán II, Mohamed I, intensificó la persecución en el año 853, derramando muchísima sangre martirial. Son dignos de especial mención los mártires Anastasio, Félix y Digna; las vírgenes Columba, Pomposa y Aurea; los presbíteros Amador y Elías; los monjes Pedro, Luis, Pablo e Isidoro, y el anciano Witesino. San Eulogio alcanzó la palma del martirio el año 859. Durante el reinado de Abderramán III (912-961) sufrieron el martirio Santa Argéntea, San Vulfura y el niño San Pelayo.
– DOS GRANDES PERIODOS DE LA EDAD MEDIA
Las circunstancias de la Iglesia, al iniciarse la Edad Media, eran completamente distintas a las de la Edad Antigua. Las iglesias orientales empezaron una lucha, cada vez más enconada, con el Occidente; enfrentamiento que terminó con el cisma de oriente.
En Occidente se produjeron cambios radicales: El Islam arrebata a la Iglesia regiones enteras en África, Italia y España. Por otra parte, los nuevos pueblos germanos, los eslavos y otros muchos se fueron convirtiendo y abrieron nuevos horizontes a la actividad misionera de la Iglesia. Evangelización que culmina en un nuevo Imperio, profundamente cristiano, en el que el Pontificado adquiere cada vez más prestigio. El Papa se convierte en verdadero director en el orden religioso e indirectamente en el orden político, de todas las naciones cristianas.
Dos grandes períodos marcan la Edad Media. El primero abarca desde el año 681 al 1073 y el segundo del año 1073 al 1303.
– EL PATRIMONIO DE SAN PEDRO
Uno de los elementos que más contribuyó a fundamentar el prestigio de los Romanos Pontífices fue el establecimiento de su poder temporal; poder que elevó al Papa al nivel de los demás príncipes seculares, que le sirvió para aumentar su influjo moral y material sobre todas las naciones cristianas.
Desde muy antiguo los Papas poseían territorios en Roma, Italia y en regiones muy lejanas de la capital del Imperio fruto de donativos al Sumo Pontífice de príncipes y personas particulares. A estos territorios se los denominaba Patrimonium Sancti Petri que hacían a los Papas en señores feudales, como tantos otros de aquellos tiempos.
Durante un siglo los Papas tuvieron que defender sus territorios contra los lombardos y los bizantinos. Por fin se consiguió la formación del Ducatus Romanus, con verdadera independencia.
Se considera a San Gregorio Magno como el fundador de los Estados pontificios. Los territorios de los Estados pontificios comprendían la mayor parte del Exacardo y la Pentápolis (Rímini, Pésaro, Fano, Sinigaglia, Ancona), a los que se añadieron más tarde otras donaciones.