Oh Virgen Santísima, Vos os aparecisteis repetidas veces a los niños; yo también quisiera veros, oír vuestra voz y deciros: Madre mía, llevadme al Cielo.
Confiando en vuestro amor, os pido me alcancéis de vuestro Hijo Jesús una fe viva, inteligencia para conocerle y amarle, paciencia y gracia para servirle a Él y a mis hermanos, y un día poder unirnos con Vos allí en el Cielo.
Padre nuestro, Avemaría y Gloria.
Madre mía también os pido por mis padres, para que vivan unidos en el amor; por mis hermanos, familiares y amigos, para que viviendo unidos en familia, un día podamos gozar con Vos en la vida eterna.
Padre nuestro, Avemaría y Gloria.
Os pido de un modo especial por la conversión de los pecadores y la paz del mundo; por los niños, para que nunca les falten los auxilios divinos y lo necesario para sus cuerpos, y un día conseguir la vida eterna.
Padre nuestro, Avemaría y Gloria
Oh Madre mía, sé que escucharás, y me conseguirás estas y cuantas gracias te pida, pues las pido por el amor que tienes de tu Hijo Jesús. AMEN.
¡Madre mía, aquí tienes a tu hijo, Sé tú mi Madre!
¡Oh dulce Corazón de María, Sed la salvación mía!
Nació en Stuttgart (Alemania), el 2 de Diciembre de 1904. Desde pequeña oyó decir a sus padres: «No hay Dios». Sin embargo, ya a los nueve años se sintió atraída por la Santísima Virgen, a la que llegó a decir: «Yo no creo en Dios, pero creo que tú eres mi Madre». Llena de odio a la Iglesia Católica decidió combatirla. Pero acabó convirtiéndose, después de muchas luchas, el 8 de Septiembre de 1923, viendo transformado su odio en un ardiente amor a la Iglesia, a la Eucaristía, al sacerdocio. Por ellos ofreció su vida.
Me preparé con mucha ilusión para hacer la Primera Comunión, ¡cómo deseaba que Jesús viniera a mi pequeño corazón! El mejor regalo de mi vida ha sido el de recibir a Jesús, el de tenerle como mi mejor amigo, ahí dentro de mí sentía que me quería y cada vez que comulgo le quiero más, siento una felicidad grande, muy grande, él siempre me comprende, me ayuda en mis trabajillos, cuando estoy triste me consuela y cuando estoy contenta se alegra conmigo. Jesús es el amigo que nunca falla. 

MADRE: Apoyados filialmente en tu humildad, nos atrevernos a pedirte la gracia de consagramos a ti.