El señuelo comunista y la estrategia de Occidente.— Las dos caras del comunismo
El comunismo se ofrece con ímpetu de juventud, con dinamismo, con conocimiento de la situación, y explota en sus banderas el lema de la justicia social que las masas más numerosas demandan, halaga las pasiones, a la empresa capitalista opone la empresa pública y lleva cuarenta años con agentes y dinero sin límites preparando la subversión.
¿Qué es lo que ofrece el Occidente? Sistemas políticos envejecidos, injusticias seculares inherentes al sistema capitalista liberal; una democracia inorgánica que los divide y debilita y la libertad menoscabada por los estados reales de la miseria; la riqueza y la opulencia al lado de la miseria, naciones ricas y poderosas que viven del coloniaje económico sobre las más atrasadas. Su acción no puede ser captadora; los pueblos universalmente lo rechazan. Los tantos que se apuntan son solamente los negativos que le dan los fracasos del adversario.
Pero el comunismo en sí tiene dos caras: ¡a que presenta el exterior con \a definición de\ gobierno del pueblo por el pueblo, la de la justicia social, la de la igualdad de oportunidades, la de su potencia militar y adelanto científico logrados, la de la empresa pública y la negación de clases; pero oculta la otra, la real, la del comunismo por dentro, y que explica los muros de la vergüenza, los telones de acero y el alambre de espino circundando las fronteras, la del imperialismo insaciable, la del terrorismo policiaco, la de la esclavitud y anulación de toda clase de libertades, la de las persecuciones religiosas, la negación de la justicia, la omnipotencia del Estado, la negación de todos los derechos y la desaparición total de la dignidad humana. Enseña la cara que cautiva y oculta la que repele; pero en esta cara oculta está la debilidad y el fracaso completo del comunismo.
El mundo occidental y cristiano no ha saldado aún su deuda con un pueblo que supo ofrecerle tan fuerte y trascendente partida de valores espirituales y morales. Si Europa puede un día recobrar su integridad, su alma y su misión, a la Cruzada española se lo deberá en primer lugar.
Recordad la situación de la que hubimos de partir y que puso en marcha las ansias renovadoras del Movimiento: España se moría desintegrada por sus luchas intestinas. Sus tierras y sus hombres estaban en trance de disgregación. La anarquía, estimulada desde el Poder, se señoreaba del país progresivamente. El comunismo acechaba su presa. El eje Moscú-Madrid, apuntando a Hispanoamérica, no constituía una invención, pues estaba perfectamente definido en las actas del Congreso de la Komintern de 1935.
La creación de este mismo Congreso de la táctica de los Frentes Populares de alianza con los más afines para más tarde desbordarlos; de filtración en las organizaciones obreras para parasitarias, tuvo en nuestra nación una realidad inmediata. El primer Frente Popular se constituyó en España en el mes de diciembre de aquel mismo año. En febrero, la desunión de las otras fuerzas políticas facilitó el triunfo del Frente Popular. La suerte estaba echada. El camino para la subversión comunista se ofrecía franco. La organización de las milicias populares se encontraba al orden del día; la provocación por los partidos en el Poder de alteraciones del orden público buscaba la intervención de las fuerzas de seguridad para explotar la reacción, creando el clima favorable para su disolución. El licenciamiento de gran parte de los efectivos militares perseguía debilitar toda resistencia.
Las informaciones que desde la propia Dirección de Seguridad recibían las autoridades militares superiores acusaban la proximidad del golpe comunista. Se les prevenía contra el proyecto de eliminación de sus jefes y oficiales al salir de los domicilios para incorporarse a los cuarteles e incluso en muchas ciudades en las puertas de sus domicilios se descubrían señales y marcas misteriosas. La supresión de las principales y posibles cabezas de la contrarrevolución estaba decretada. Muy pronto Calvo Sotelo, jefe de la oposición parlamentaria, había de encabezar el número de las víctimas. Su asesinato, premeditado por las fuerzas de orden público del Gobierno del Frente Popular, señaló el comienzo de la revolución.
Que no eran comunistas todos los que integraron el Frente Popular es cosa cierta, pero que su acción fue eminentemente comunista y servía a Moscú, nadie puede dudarlo. Los hechos siguientes lo demuestran:
La revolución del año 1934 en Asturias fue ya dirigida por agentes de Moscú; en ella se asesinó, se asaltaron bancos y se llevaron los millones robados al extranjero. El Gobierno del Frente Popular amnistió esos crímenes y los millones robados no se devolvieron.
Desencadenada la revolución roja en 1936, vino a España a dirigir los acontecimientos el embajador ruso Rosemberg, no obstante, no haber tenido España hasta entonces relaciones oficiales con los soviets. Desde los primeros momentos se establecieron en las poblaciones checas tipo ruso, tribunales populares, y en el Ejército, comisarios políticos comunistas, mientras el retrato de Stalin llenaba las fachadas de los grandes edificios. El comunismo internacional introdujo por la frontera pirenaica, desde los primeros momentos. una cifra de dos mil voluntarios diarios, con los que se constituyeron las brigadas Internacionales. Muchos de los jefes comunistas de los Estados satélites soviéticos y jefazos del comunismo en Francia figuraron en España al frente de las brigadas comunistas internacionales. El Gobierno rojo entregó a Rusia en depósito todo el oro de la Nación. A Rusia se llevaron por los Gobiernos rojos millares de niños para sovietizarlos. No creo que pueda existir una mayor política de sumisión a Moscú que la que aquellos gobiernos practicaron.
El mundo no aprovechó la lección debidamente, pues pronto la historia habría de repetirse, y son muchos todavía los que aún creen posible el servirse del comunismo o aliarse con él para alcanzar sus fines. Y es ya realidad histórica que es del comunismo, como elemento más fuerte, del que acaban siendo juguetes.
Las enfermedades en las naciones duran siglos y las convalecencias decenios. Prudencia, comprensión y amor necesarios en el Gobierno de España
Pudiera aducirse que esas bases sociológicas, de cuya creación nos enorgullecemos, podrían haber sido establecidas por un régimen político diferente. Semejante afirmación sería fácilmente refutable. Bien claro está que los sistemas liberales que rigieron los destinos de España desde principios del siglo XIX hasta 1936 no lograron establecerlas.
Las enfermedades en las naciones duran siglos y las convalecencias decenios. España, que con altibajos, ha permanecido tres siglos entre la vida y la muerte, empieza ahora a abandonar el lecho y dar cortos paseos por el jardín de la clínica. Los que quisieran enviadla ya al gimnasio a dar volteretas, o no saben lo que se dicen o lo saben demasiado bien.
Mucha es la tarea que nos espera; nuestro país necesitará por largos años ser gobernado con infinita prudencia y también con comprensión y amor. Hay que evitar, sobre todo, los lujos de la alegre e impulsiva improvisación, de la libertad de volverse contra sí mismo, de disgregarse en bandos enemigos. Su salud, apenas renaciente, no resistiría por mucho tiempo esa prueba.
(17-XI-1967: Inauguración de la IX Legislatura de las Cortes Españolas.—Madrid.)
Recuerdo del fracaso histórico liberal.— Balance del siglo XIX y principios del XX.—El fallo del sistema político, responsable de la decadencia nacional
En este orden de cosas yo no debo prescindir de recordaros aquel panorama histórico que expuse ante las Cortes Españolas del 14 de mayo de 1946, al hacer balance del siglo XIX y principios del XX, que nosotros hubiéramos querido borrar de nuestra historia, por constituir la negación del espíritu español en relación con nuestra fe, la amenaza para nuestra unidad, la desaparición de nuestro Imperio y la pérdida de todo un siglo para el progreso.
Así, en el primer período del siglo hasta la vuelta de Fernando VII en 1814, España sufre una Guerra de la Independencia con la invasión del país y tres regencias. Del regreso de Fernando VII a su muerte en 1833, España vive en una continua lucha civil, terminada con la intervención armada del extranjero al tiempo que se perdía la unidad de los pueblos hispánicos. En la siguiente etapa, de la muerte de Fernando VII al destronamiento de Isabel II, en treinta y cinco años pasaron por el poder 41 Gobiernos, dos guerras civiles, dos regencias, una Reina destronada, tres nuevas Constituciones, quince sublevaciones militares e innumerables disturbios interiores. Del destronamiento de Isabel II a Don Alfonso XIII, unos treinta y cuatro años, España tuvo 27 Gobiernos, un Rey extranjero, una República que en once meses tiene cuatro Presidentes, una guerra civil (última carlista), una guerra exterior con los Estados Unidos y la pérdida de los últimos restos de nuestro Imperio colonial. De la coronación de Alfonso XIII al 14 de abril de 1931, 29 Gobiernos, dos Presidentes asesinados y varios movimientos revolucionarios. En la Dictadura, que dura siete años, reinó la paz, el orden y el progreso; el año que la sucede acaba con el destronamiento del Rey y la proclamación de la República. Esta, que va de abril de 1931 a julio de 1936, tuvo en poco más de cinco años dos Presidentes, 12 Gobiernos, una Constitución constantemente suspendida y la repetición de movimientos perturbadores del orden con una revolución comunista y el intento de separación de dos regiones, así como el asesinato por las fuerzas de policía del Gobierno del jefe de la oposición, nuestro llorado Calvo Sotelo; 117 Gobiernos en ciento tres años. Como se ve, el balance no pudo ser más catastrófico.
Muchas veces he recordado que la decadencia de España no era una decadencia del pueblo español, que en todos los momentos y en todas las circunstancias ha dado muestras de su genio, registrando enormes heroísmos, santidades sublimes y geniales destellos de inteligencia. Hemos de reconocer que los hombres éramos sensiblemente los mismos, que lo que fallaba y hacía imposible su acción era el sistema político que los destruía. Faltaba la autoridad, la unidad y la continuidad indispensables.
(17-XI-1967: Inauguración de la IX Legislatura de las Cortes Españolas.—Madrid.)
Y estas soluciones españolas, esta política española, hieren los intereses de los credos políticos capitalistas liberales, los de la masonería y también los del comunismo. Por eso las ofensivas contra España, la compra de agentes, el soborno de traidores, para perturbar la parte productiva de nuestra Patria, para frenar su desarrollo, para que no se realice nuestro bienestar, el bien común que precisa España, y en el que hoy nuestro Régimen va por delante de los regímenes extranjeros.
(18-IX-1962: Ciñera, León.—Concentración de mineros leoneses).