SOLIDARIDAD NACIONAL Y ESTABILIDAD POLÍTICA
Las normas constitucionales, que se integran en las Leyes Fundamentales, demuestran, con su progresivo dinamismo y evolución, la sólida estabilidad que, asegurando el desarrollo dentro del marco establecido, potencia el progreso de la Nación en todos los órdenes.
Es un hecho universalmente reconocido que el mundo pasa por momentos difíciles; que siguen las tensiones entre los pueblos; que los sistemas económicos se sienten perturbados por nuevos problemas y que incluso vacilan en los más importantes países; que los desórdenes públicos se suceden hábilmente fomentados por organizaciones internacionales, frente a las cuales, la humanidad entera ha de esforzarse por mantener la paz, la estabilidad y el orden, actuando con vigorosa tenacidad para alcanzar una mayor justicia social, fundamento verdadero de la solidaridad nacional y único camino hacia un mundo mejor, más justo, más rico en posibilidades y realizaciones.
LA BANDERA DE LA JUSTICIA SOCIAL
Por eso nuestro Movimiento Nacional alzó desde el primer momento la bandera de la justicia social y dedica sus mejores esfuerzos a nivelar las desigualdades corregibles. Deseamos y estamos dispuestos a transformar la sociedad capitalista, en cuanto tiene de injusta, en la medida que lo vaya permitiendo un desarrollo económico, sin el cual sería inviable una auténtica transformación social.
NECESARIA PERMANENCIA DE LAS INSTITUCIONES
Cada día que pasa se prueba de manera más clara la interdependencia de los hombres y los grupos del Estado, así como de los Estados entre sí. Todos somos solidarios y cada uno de nosotros goza o padece en mayor o menor escala de los aciertos o errores de los demás; por eso la comunidad social necesita de un orden o cuadro de instituciones estables adaptadas a la realidad y capaces de responder positivamente a cuantos problemas se le presenten.
En estos momentos históricos que nos ha tocado vivir, en que todas las ideas y todos los hechos están sometidos a revisión, a análisis crítico y, en su caso, a nuevos planteamientos, no escapando a este revisionismo universal ni los sistemas educacionales, ni las ideas sociales, económicas o políticas, ni la misma aplicación de los principios éticos o religiosos, no podemos extrañarnos que ante este horizonte cambiante se produzca entre los hombres un clima de miedo e incluso de pesimismo que hace fácil el fomento de la confusión. España, que también tiene, naturalmente, sus problemas, goza de buena salud política, porque sabe que todos los problemas pueden resolverse si mantenemos la cabeza serena y sabemos distinguir lo posible de lo imposible, lo realizable de lo irrealizable. Nos hemos esforzado por mantener una actitud abierta, comprensiva y generosa, que nos ha permitido comprobar que muchos de los titulados problemas no son más que impaciencia innecesaria o inmovilismo inaceptable, obstinaciones y cegueras de personas o de grupos, más que conflictos reales. Sabemos que la potencialidad de un pueblo, cuando es capaz de defender su unidad, cuando trabaja en paz y cuando persigue sus objetivos de elevación con tenacidad, avanzando cuanto es posible y sabiendo aprovechar las ocasiones oportunas, hace firme su presente y asegura su futuro.
Señores procuradores:
Entre los combatientes, se fomentó lo más posible una espiritualidad cristiana ante la guerra. De modo especial, entre los jóvenes más ligados orgánicamente a la Jerarquía: las Juventudes de Acción Católica, con su periódico «Signo» y los Centros de vanguardia. Muchos combatientes se sintieron tocados sinceramente por la llamada al amor a los enemigos, y se emocionaron con el lema del joven Antonio Rivera en el asedio del Alcázar: «tirad, pero tirad sin odio» (16). Algunos capellanes fueron admirados por su eficaz evangelización en unidades de choque de las más belicosas (17). Y no pocos profesionales de la milicia aspiraron desde entonces a realizar la síntesis de lo militar y lo evangélico, como sus antecesores alabados por Jesús (18).
Estoy convencido de que se acercan para España horas de gloria y de luz y de reconciliación, de fuerza creadora.