Monseñor José Guerra Campos
Separata del «Boletín oficial del Obispado de Cuenca»
Núm. 5, mayo 1986
VI La cooperación del Poder civil con la Iglesia
En su primera comunicación con la Santa Sede, en 1936, el Jefe del Estado ofrece «la seguridad de que no sólo respetará la libertad de la Iglesia en el ejercicio de sus funciones propias, sino que prestará su leal concurso», persuadido de lo beneficiosa que será la «mutua colaboración» (1). Actitud que mantuvo invariable hasta el final (2). La Santa Sede, los Obispos, la Acción Católica proclaman con frecuencia que el Régimen de Franco favorecía la misión espiritual de la Iglesia con respeto a su independencia y aprecio de su fecundidad social (3). En 1940, el Padre General de la Compañía de Jesús informa al Papa por escrito que el 99 por 100 de los jesuitas, «desde Asturias hasta Andalucía», señalan, Sigue leyendo
Acción social y caritativa. En los años cuarenta-cincuenta, numerosos sacerdotes y seglares viven simultáneamente un esfuerzo ardiente de renovación interior y una vibrante inquietud por la justicia social. Prevalece el estilo de la entrega personal a obras que aportaban soluciones inmediatas, más que el de «reclamaciones a la sociedad». En 1952, por ejemplo, la Iglesia animaba 26 sociedades benéficas constructoras de viviendas; en los años sesenta se pone en marcha la campaña contra el hambre en el mundo. Es de justicia que la historia registre la corriente continua de cerca de veinte mil religiosas y religiosos entregados a cuidar a los menesterosos, enfermos o desvalidos, logrando en algunos casos formar con los que parecerían «desechos de la sociedad» unos hogares llenos de alegría incomparable (24). En el plano de la organización pastoral: «Cáritas» se concibe como la realización del deber de ayuda y comunicación de bienes que obliga a toda la comunidad cristiana (25); se establecen centros y semanas de estudios sociales (26); desde 1950 se acentúa el apostolado obrero especializado (27). La iluminación pastoral acompaña la andadura de la situación económica:
Se apreció la importancia de la Cultura Religiosa Superior. Como no hay espacio para reseñar instituciones, digamos solamente que la Acción Católica creó una serie de Centros, más ligados a la acción, y que en un plano rigurosamente académico la Iglesia consiguió tener cuatro Universidades, más otras seis Facultades de estudios eclesiásticos, y siete institutos de estudios técnicos, con más de 17.000 alumnos (18). Semanas anuales de Teología y Sagrada Escritura. Y la consiguiente colección de revistas y publicaciones, descollando por su difusión y densidad la Biblioteca de Autores Cristianos (19).
Ejercicios espirituales. Un alto número de personas seglares se retira a meditar, para un compromiso de conversión personal y de apostolado. Además de los focos clásicos de los Jesuitas, las Diócesis erigen 140 Casas dedicadas a ese servicio espiritual, y surgen la Obra Parroquial de Cristo Rey, los Ejercicios por un Mundo Mejor y otras iniciativas. En veinticinco años practican ejercicios en retiro 1.100.000 hombres, en unos treinta mil grupos (13). Son incontables los ejercicios abiertos a multitudes de fieles (14). El Opus Dei, a gran escala, y otros institutos seculares, cultivan la vocación universal a la santidad en la vida ordinaria (15). En los años cuarenta la Juventud de Acción Católica
La Predicación se intensifica, acercándose a todos los lugares de vida y trabajo. Se utilizan todas las emisoras radiofónicas de España; las propias de la Iglesia llegan a ser 47, red no igualada en Europa. Cerca de 700 revistas y boletines. Millones de folletos. Se editan unos 5.000 libros en los primeros veinte años; hacia 1975 salían unos 1.900 títulos al año, con unos 13.000.000 de ejemplares (9). Las Misiones populares reaniman la vida de fe de muchas comarcas. Se entregan a este ministerio más de 8.000 sacerdotes seculares y religiosos, y alcanzan a más de 3.000.000 de personas cada año (10).