El octavo día 91 – DIÁLOGO SOBRE LA LIBERTAD RELIGIOSA, SEGÚN EL CONCILIO VATICANO II (XI)

Se apareció Jesús a los Once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

P.: Esta libertad de que venimos hablando, ¿se armoniza con la confesionalidad del Estado y las obligaciones de ella derivadas?

R.: Sí, se armonizan perfectamente, si por confesionalidad del Estado entendemos que un Estado, los dirigentes o representantes de un país, confiesan a Dios, le rinden acatamiento y recogen las inspiraciones de la voluntad divina, también operativas y eficaces en las cosas temporales, según la forma de una determinada religión; siempre que al mismo tiempo -como hemos dicho tantas veces- se respete la libertad de los demás y de las demás comunidades. Es decir, se trata de armonizar continuamente dos cosas: el respeto a los demás, y el favorecimiento especial de lo que se estima que es mejor o, sencillamente, que es la verdad. Una cosa no excluye a la otra.

P.: ¿El reconocimiento especial de la Iglesia Católica se justifica solamente por el hecho de que la mayoría de un país profesa esa creencia?

R.: No sólo por eso. La profesión de la mayoría de un país es una razón válida en cualquier parte; y se refiere a la confesionalidad en orden a cualquier religión. -Por ejemplo, muchos países árabes profesan la religión mahometana; y algún país europeo tiene la confesionalidad de formas protestantes de la religión cristiana. De modo que es un motivo válido, una como plataforma común, suficiente para justificar la confesionalidad, esa especie de preferencia por una religión.

Añadiría dos motivos más. Aunque los habitantes de un territorio estén divididos y agrupados en muchas religiones, puede un Estado preferir una de ellas, si estima, por ejemplo, que favorece con más eficacia el desarrollo social del país, que es más dinámica en valores sociales. En este caso, sin negar la libertad de las demás e incluso un cierto apoyo básico a todas, tiene derecho de apoyar especialmente aquella religión.

Semillicas 298

Padre Cano, m.C.R.

* “Los comportamientos humanos ya no están de acuerdo con los criterios del Evangelio; la participación en el servicio divino y en la vida sacramental de la Iglesia disminuye; faltan las vocaciones al sacerdocio” (San Juan Pablo II).

* “En muchas familias el bien de la fe cristiana no es transmitido a las nuevas generaciones. Ojalá que el lema »Venga a nosotros tu Reino» sea el impulso para una nueva evangelización” (San Juan Pablo II).

* La corrupción y confusión actuales están tan generalizadas que muchos jóvenes no piensan por sí mismos. Hablan como si estuvieran programados. Repiten tópicos continuamente. No te extrañe este mimetismo, pues »los medios de comunicación social ponen sutilmente en peligro la libertad y la capacidad de juzgar con objetividad» (San Juan Pablo II).

* El P. Tomás Morales S.J. gran pedagogo y forjador de generaciones de jóvenes dijo: »los medios de comunicación social secuestran la inteligencia, raptan la voluntad de los que, fanatizados, se aburren extasiados contemplándolos”.

* »Son, en efecto, estos medios informativos uno de los instrumentos más adecuados hoy para reducir y en lo posible eliminar la capacidad de pensar y de opinar con criterio propio; para impedir, o dificultar al menos, el juicio personal libre, no interferido, sobre cuestiones, personas y hechos; para bloquear con inusitada eficacia la posibilidad de tener una idea objetivamente fundada en las cosas” (José Luis Gutiérrez).

* “La información puede transformar a pueblos enteros. El poder de fascinación que posee, manipulado por los promotores del cambio radical de sociedad, levanta espejismos y provoca crisis de atontamiento colectivo, del que sólo pueden salir los pueblos si cuentan con minorías políticas religiosas, capacitadas para la denuncia enérgica de la situación creada» (José Luis Gutiérrez).

DEFENSA de la HISPANIDAD 8

Ramiro de Maeztu

LA SEPARACIÓN DE AMÉRICA 2

La unidad de la Hispanidad (II)

También por los de la geografía. Sería perderse antes de echar a andar. La Hispanidad no habita una tierra, sino muchas y muy diversas. La variedad del territorio peninsular, con ser tan grande, es unidad si se compara con la del que habitan los pueblos hispánicos. Magallanes, al Sur de Chile, hace pensar en el Norte de la Escandinavia. Algo más al Norte, el Sur de la Patagonia argentina, tiene clima siberiano. El hombre que en esas tierras se produce no puede parecerse al de Guayaquil, Veracruz o las Antillas, ni éste al de las altiplanicies andinas, ni éste al de las selvas paraguayas o brasileñas. Los climas de la Hispanidad son los de todo el mundo. Y esta falta de características geográficas y etnográficas, no deja de ser uno de los más decisivos caracteres de la Hispanidad. Por lo menos es posible afirmar, desde luego, que la Hispanidad no es ningún producto natural, y que su espíritu no es el de una tierra, ni el de una raza determinada.

¿Es entonces la Historia quien lo ha ido definiendo? Todos los pueblos de la Hispanidad fueron gobernados por los mismos Monarcas desde 1580, año de la anexión de Portugal, hasta 1640, fecha de su separación, y antes y después por las dos monarquías peninsulares, desde los años de los descubrimientos hasta la separación de los pueblos de América. Todos ellos deben su civilización a España y Portugal. La civilización no es una aventura. Quiero decir que la comunidad de los pueblos hispánicos no puede ser la de los viajeros de un barco que, después de haber convivido unos días, se despiden para no volver a verse. Y no lo es, en efecto. Todos ellos conservan un sentimiento de unidad, que no consiste tan sólo en hablar la misma lengua o en la comunidad del origen histórico, ni se expresa adecuadamente diciendo que es de solidaridad, porque por solidaridad entiende el diccionario de la Academia, una adhesión circunstancial a la causa de otros, y aquí no se trata de una adhesión circunstancial, sino de una comunidad permanente.

No exageremos, sin embargo, la medida de la unidad. Pero es un hecho que un Embajador de España no se siente tan extraño en Buenos Aires como en Río Janeiro, ni en Río Janeiro como en Londres, ni en Londres como en Tokio. Es también un hecho que no podrá desembarcar un pelotón de infantería de marina norteamericana en Nicaragua, sin que se lastime el patriotismo de la Argentina y del Perú, de Méjico y de España, y aun también el de Brasil y Portugal. No sólo esto. El mero deseo de un político norteamericano, Mr. William G. McAdoo, de que la  Gran Bretaña y Francia transfieran a los Estados Unidos, para pago de sus deudas de guerra, sus posesiones en las Indias occidentales y las Guayanas inglesa y francesa, basta para que dé la voz de alarma un periódico tan saturado de patriotismo argentino como La Prensa, de Buenos Aires, que proclama (18 de noviembre, 1931), «que todos los pueblos hispanoamericanos abogan por la independencia de Puerto Rico, el retiro de tropas de Nicaragua y Haití, la reforma de la enmienda Platt y el desconocimiento, como doctrina, del enunciado de Monroe».

Mostacicas 228

Don Manuel

* «Aquel que estudia a los españoles en los museos y en los libros, separados completamente de la idea al servicio de la cual crearon sus obras, no serán capaz de entenderlos ni de encontrar ningún criterio firme con el que pueda apreciarlo de una manera definitiva» (Karl Vossler).

* Hoy vivimos en aquellos tiempos de confusión, profetizados por San Pablo a su discípulo Timoteo: »vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el deseo vehemente de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas» (2 Tim. 4, 3-4).

* Niños y jóvenes, hombres y mujeres, buscan en nuestro tiempo falsos maestros que con sus mentiras fomenten sus vicios y pasiones desordenadas: espectáculos obscenos, modas indecentes, droga, pornografía, lujuria, música satánica…

* Han apartado sus oídos de la verdad y han aceptado las fábulas ideológicas de nuestros tiempos: liberalismo, marxismo, nazismo, modernismo, progresismo…

* »Vemos hoy lo que jamás se vio en la historia desplegadas al viento sin recato alguno y agitadas por el odio abominable de los impíos, las satánicas banderas de la guerra contra Dios y contra la Religión en todos los pueblos y en todas las partes de la tierra” (Pío XII).

* “Es pues necesario, venerables hermanos, que sin descanso nos opongamos »como muro por la casa de Israel» juntas todas nuestras fuerzas en grupo compacto que ofrezca un frente único y sólido contra las malvadas falanges enemigas de Dios no menos que del género humano” (Pío XII).