Obispo José Guerra Campos (16)

CARTA OPORTUNA

Sr. Director: Permítame Ud. manifestar mi fidelidad a la doctrina de la Iglesia y mi amor a su Jerarquía, transcribiendo unos párrafos escritos por el recién fallecido Obispo de Cuenca, D. José Guerra Campos. En su Instrucción sobre la autorización civil del aborto del día 28 de marzo de 1983, el Sr. Obispo decía: «Es enorme la responsabilidad de los propagandistas y sembradores de confusión.  Pero la responsabilidad se concentra en los autores de la ley, a saber: a) el Presidente de Gobierno y su Consejo de Ministros; b) los Parlamentarios que la voten; c) el Jefe del Estado que la sancione. Realmente la decisión gubernamental coloca en una situación límite al Rey, que no puede moralmente participar en esa agresión a los inocentes, y menos tras su loable exaltación de los valores de la familia expresada en su mensaje de Navidad, en la estela de la predicación del Papa… los católicos que en cargo público, con leyes o actos de gobierno, promueven  o  facilitan  -y en todo caso protegen jurídicamente-  la  comisión de aquel crimen (el aborto), no podrán escapar a la calificación  moral  de  pecadores  públicos.  Lo son manifiestamente y como tales habrán de ser tratados mientras no reparen el gravísimo escándalo según sus facultades. Los pastores tendrán que obrar con ellos conforme al Evangelio y a la praxis de la Iglesia acerca del culto y los Sacramentos.

…Dicho queda que personas responsables en la Iglesia entre ellas pastores y prelados.  Han contribuido a plantar el árbol que da tales frutos.

El 12 de Julio de 1985, el Boletín Oficial del Estado publica la Ley Orgánica 9/1985, de 5 de Julio de reforma del artículo 417 bis del Código Penal, con la que se legitima el crimen del aborto. Las últimas palabras de la Ley son las siguientes: «Por tanto. Mando a todos los españoles, particulares y autoridades que guarden y hagan guardar esta Ley Orgánica. Juan Carlos R.»

“No se hizo esperar la respuesta del entonces Obispo de Cuenca, pues al día siguiente de la publicación de la Ley, D. José publicó la Instrucción pastoral «Legitimación de un crimen. Aborto prácticamente libre». Recordemos algunos párrafos:

«No es hora de reiterar doctrina (sobre el aborto), sino de señalar la gravísima situación que se ha creado y de interpelar a los agresores con la fuerza que exigen la justicia y la sangre de los inocentes. «Con la dureza implacable con que Nuestro Señor Jesucristo fustigó a quienes se autojustificaban mientras inducían a engaño al pueblo, a quienes escandalizaban a los sencillos.

…La vida de un niño prevalece sobre todas las opiniones. Prevalece sobre todas las constituciones. Prevalece, a fortiori, sobre todas las argucias propagandistas. Prevalece sobre todas las simulaciones diplomáticas.

…Decir que esta Ley es sólo permisiva y que no obliga a nadie, es una falacia cruel: porque es ley permisiva de una matanza de inocentes, y condena a la indefensión a las víctimas de la agresión injusta. Legitiman un crimen.

…En todo caso, la abundancia de feticidios, con la agravante de la monstruosa utilización comercial de los fetos, hace que en el mundo de hoy el problema moral del aborto sea cualitativa y cuantitativamente el más g rave, más que el terrorismo: y esta ley no contribuye a remediarlo.

…Y a propósito: ¿Tienen algo que decirnos los gobernantes, más o menos respaldados por clérigos que en un día engañaron al pueblo, solicitando su voto con la seguridad de que la Constitución no permitía el aborto? Y digan lo que digan, ¿va a impedir eso la matanza que se ha legalizado?

…Es contradictorio dar por bueno un sistema que lleve legítimamente a efectos inadmisibles. No es posible en conciencia instalarse tranquilamente en él, sin hacer lo necesario para enderezarlo y por desligarse de responsabilidades que no se pueden compartir.

…Ahora mismo todas las personas e instituciones responsables se han hundido en la indignidad: de la que no saldrán mientras siga el clamor, aunque esté ahogado, de las víctimas inocentes.

…Contraen esta excomunión todos los que procuran, realizan, cooperan a realizar un aborto efectivo: los que inducen a la madre; los que gestionan o preparan los medios para realizarlo; la madre que quiere o deja realizarlo; los autores físicos, los médicos, ayudantes técnicos y demás colaboradores; los que proporcionan los medios de clínicas y otras instituciones sanitarias y económicas.

…Los. que han implantado la ley del aborto son autores conscientes y contumaces de que el Papa califica de “gravísima violación del orden moral», con toda su carga de nocividad y de escándalo social. Vean los católicos implicados les alcanza el canon 915, que excluye de la Comunión a los que persisten en manifiesto pecado grave». ¿De veras pueden alegar alguna eximente que los libre de culpa en su decisiva cooperación al mal? ¿La hay? Si la hubiera, sería excepcionalísima y, en todo caso, transitoria. Y piensen que los representantes de la Iglesia no pueden degradar su ministerio elevando a Comunión in sacris la mera relación social o diplomática.

La regla general es clara. Los católicos que en cargo público con leyes o actos de gobierno, promueven o facilitan -y, en todo caso, protegen jurídicamente- la comisión del crimen del aborto, no podrán escapar la calificación moral de pecadores públicos. Como tales habrán de ser tratados -particularmente en el uso de los Sacramentos- mientras no reparen según su potestad el gravísimo daño, y escándalo producidos.

Carlos Martínez Manuel

Cosicas 23

DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SANTA MARÍA

Mossèn Manel

* «Sin la religión es imposible un Estado bien ordenado» (Inmortale Dai).

* León XII no se arrugó ante el liberalismo sino que animó a los católicos a luchar para vencerlo.

* Combate los nobles combates de la fe. No con armas de acero. Con oraciones, sacrificios, limosnas…

* «La Iglesia enseña las doctrinas y preceptos que garantizan la salvación eterna y la tranquilidad en la sociedad» (Inscrutabici muneris).

* «La leyenda negra contra España erigida por los anglosajones, debe ser desarmada por los hispanoamericanos, más que por los españoles» (Marcelo Gullo).

* La parroquia San Millán es un lugar al que cada día pelegrinan sus fieles para adorado al Señor. Dieciséis Hostias consagradas siguen incorruptas 85 años después, el prodigio Eucarístico de Moraleja de Enmedio.

* Centros Sociales de la Iglesia:
Hospitales 69 – Beneficiarios 772.531
Ambulatorios y dispensarios 53 – Beneficiarios 454.826
Casas para ancianos, enfermos críticos 87 – Personas con discapacidad 75.721

Historia sencilla de la Iglesia (6)

Sepulcro de Santiago Apóstol

Recapitulada por el P. Cano

– EL SEPULCRO DE SANTIAGO APÓSTOL

Después de su predicación en nuestra patria, Santiago regresó a Jerusalén acompañado de varios discípulos españoles. Vivía en Jerusalén cuando se desató la persecución de Herodes Agripa, lo encarcelaron y fue decapitado. Sus discípulos recogieron el cuerpo y lo trasladaron a España y le dieron sepultura en Iría Flavia (Galicia).

Reinando Alfonso II el Casto (IX), se descubrió de manera prodigiosa el cuerpo de Santiago, en un lugar que desde entonces denominaron Compostela. El testimonio más antiguo del descubrimiento del cuerpo de Santiago se encuentra en el martirologio de Floro y Odón en Lyon (850), que dice el 25 de julio: »El nacimiento para el Cielo del bienaventurado Apóstol Santiago… Los sagrados huesos de este bienaventurado Apóstol trasladados a España y guardados… son venerados».

Sobre el sepulcro de Santiago se levantó la actual catedral, comenzada por Diego Peláez en 1077 y terminada por Diego Gelmírez en el siglo XII.

El cardenal-arzobispo de Santiago de Compostela, Miguel Payá y Rico inició en 1878 unas excavaciones en la catedral, con la intención de encontrar el sepulcro de Santiago. Encontraron muchos huesos dentro de una sepultura. Tres médicos competentes los estudiaron diligentemente y afirmaron que pertenecían a tres personas distintas y que los restos mortales eran del tiempo de los romanos. Ante estos resultados, el cardenal promulgó un decreto en el que reconocía que aquellas reliquias pertenecían a Santiago y sus discípulos.

El Papa León XIII, después de un nuevo y detallado estudio, publicó la bula »Deus Omnipotens» en la que declaraba la autenticidad de las reliquias de Santiago.

– LOS VARONES APOSTÓLICOS EN ESPAÑA

Para que fructificara la simiente evangélica, sembrada por los Apóstoles Santiago y Pablo, Pedro envió a España a siete Varones Apostólicos.

Los Varones Apostólicos eran cristianos fervorosos que, sin ser Apóstoles, predicaban el Evangelio por mandato del jefe supremo de la Iglesia.

Los Varones Apostólicos llegaron a España por la Bética (Andalucía). Después se dispersaron cada uno hacia su sede episcopal: Torcuato en Accí (Guadix); Tesifonte en Vergí (Berja); Indalecio en Urcí; Segundo en Abula (Ávila); Eufrasio en Iliturgis (Andújar); Cecilio en Eliveris o Elvira y Hesipio en Cardesí o Carteya.

– OTROS APÓSTOLES

Los Apóstoles de Cristo se dispersaron por distintas regiones para predicar el Evangelio.

Santiago el Menor fue obispo de Jerusalén y se distinguió siempre por su bondad y misericordia. Mantuvo unidos a los cristianos de Jerusalén. Escribió una carta que conservamos en el Nuevo Testamento. La envidia que le tenía Anás II, príncipe de los sacerdotes, fue el motivo de que le apedrearan y le arrojaran del pináculo del Templo, produciéndole la muerte. (año 62).

San Andrés predicó el Evangelio en Asia Menor y Escitia (Rusia); San Bartolomé en Arabia; San Felipe en Frigia; San Matías en Etiopía; San Judas Tadeo en Siria, Arabia y Mesopotamia; San Mateo a los judíos y a otros pueblos; el año 50 escribió el Evangelio en arameo; Santo Tomás predicó en la India.

– LA IGLESIA EN EL IMPERIO ROMANO        

Con la actividad de los Apóstoles y sus sucesores, el Cristianismo quedó sólidamente establecido en muchos lugares del Imperio Romano y se difundió entre todas las clases sociales. Predominaba la gente sencilla y pobre, pero también existían cristianos de las clases elevadas, intelectuales y del ejército.

Al finalizar el siglo I la Iglesia se había extendido por las provincias del Imperio Romano en Europa, Asia y África, especialmente por las costas mediterráneas. Palestina, Chipre, Siria, Asia Menor, la península Helénica, Macedonia, el Ilírico, Alejandría, Cartago y Numidia fueron los principales focos de evangelización.

El Evangelio traspasó las fronteras del Imperio Romano, en el siglo I, difundiéndose especialmente por Mesopotamia y Persia.

Los siglos II y III son tiempos de penetración y florecimiento de la Iglesia en Italia, España, Egipto, Cartago, las Galias, Islas Británicas, Alemania…

ELEVACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Santa Isabel de la Santísima Trinidad

¡Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayudadme a olvidarme por completo de mí misma para establecerme en Vos, de un modo tranquilo e inmutable, como si mi alma estuviera ya en la eternidad.

Que nada sea capaz de turbar la paz de mi espíritu ni hacerme salir de Vos, ¡oh, Inmutable); sino que cada momento me haga penetrar más, hondo en, la profundidad de vuestro Misterio.

Pacificad mi alma. Estableced en ella vuestro Cielo, vuestra dulce morada, el lugar de vuestro reposo. Que yo no os deje nunca solo sino que me mantenga de continuo en vuestra compañía con todo mi ser mediante una fe viva, una adoración perfecta, una entrega total a vuestra acción creadora.

¡Oh, mi amado Jesús, Crucificado por amor!, yo quisiera ser una esposa digna de vuestro Corazón divino. Yo quisiera cubriros de gloria, yo quisiera amaros… hasta morir de amor.

Pero veo mi impotencia. Por eso suplico que os dignéis revestirme de Vos mismo, que identifiquéis mi alma con todos los movimientos de la vuestra, que me sumerjáis en Vos, que os dignéis invadir todo mi ser, que me suplantéis, a fin de que mi vida no sea sino una irradiación de vuestra Vida. Estad en mí como Adorador, como Reparador, como Salvador.

¡Oh, Verbo eterno, Palabra de mi Dios!, yo quiero pasar mi vida escuchándoos: yo quiero prestar oídos dóciles a vuestras enseñanzas, para que Vos seáis mi único Maestro. Y, luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las debilidades, quiero mantener mis ojos clavados en Vos y permanecer bajo el influjo de vuestra luz magnifica. Oh, Astro mío, amadísimo, fascinadme de suerte que ya no me sea dado salir del marco de vuestra irradiación divina.

 ¡Oh, Fuego abrasador (Dt 4,24), Espíritu de Amor! descended a mí para que se realice en mi alma una especie de Encarnación del Verbo. Que yo sea para Él una especie de humanidad complementaria en la cual pueda Él renovar su Misterio.

Y Vos, ¡oh Padre eterno!, dignaos inclinaros hacia esta pobrecita criatura vuestra sin que vuestros ojos vean en ella otra cosa que a Vuestro Hijo muy amado, en el cual tenéis vuestras complacencias (Mt 3, 17).

Oh mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad Infinita Inmensidad en que me pierdo, yo me entrego a Vos como una presa de amor; sumergíos Vos en mí para que yo me sumerja en Vos, en tanto que llega el momento de ir a completar en vuestra luz el Abismo de vuestras grandezas.

Santa Isabel de la Santísima Trinidad

El nacimiento de la España moderna 25

El Hospital de Jesús fue una de las primeras instituciones laicas que Hernán Cortés mandó construir en la Nueva España.

JEAN DUMONT, Historiador francés

ISABEL LA CATÓLICA, LA GRAN CRISTIANA OLVIDADA

LA EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA (VIII)

Los laicos

Pero el trabajo de amor espiritual también fue obra de los laicos. Primero, del primero de los laicos: el rey de España. Hay que saber, por ejemplo, que las reducciones jesuíticas del Paraguay no se deben a la iniciativa jesuita, sino a la de Felipe III, que ordenó su creación en 1609 al gobernador de Paraguay, al que prohibió en adelante la conquista militar. Además, el trabajo de amor espiritual fue obra de los laicos del poder colonial, como el virrey del Perú, Toledo, que creó en cada parroquia india un hospital y una escuela de música, y garantizó a los indios derechos mineros iguales a los de los españoles. Como también el virrey de México, Mendoza, que reservaba dos días de cada semana a recibir personalmente las quejas de los indios, y apoyó a fondo a los evangelizadores. O este ministro del gobierno español de México, Vasco de Quiroga, quien, antes de Mendoza, recogía a los niños indios abandonados. El consagró todo su sueldo a financiar sus Hospitalidades indias de Santa Fe, restauración de las comunidades de los primeros cristianos, donde él mismo evangelizaba. Amplió estas funciones a toda una provincia, Michoacán, cuando fue nombrado obispo de golpe, siendo él un simple laico. Un promotor también del progreso económico, social y humano, gracias a la creación de una poderosa artesanía, de innumerables hospitales y brillantes colegios. Acción que la UNESCO en la actualidad ha celebrado como modelo del desarrollo de las comunidades del Tercer Mundo. Y cuyo recuerdo y veneración perduran extraordinariamente vivos entre los indios de hoy, como lo pudo comprobar personalmente en 1498 el príncipe de la historiografía francesa Lucien Febvre. En Perú hubo incluso este caso único en la historia de la Iglesia: cuatro de los siete apóstoles canonizados en el “Siglo religioso” que siguió a la conquista fueron simples laicos: Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres, San Juan Masías y Santa María Ana de Paredes. Y es que en todas partes los laicos, organizados en poderosas órdenes terceras y cofradías, tuvieron un papel capital en la cristianización de la sociedad, tanto india como criolla.