El Hospital de Jesús fue una de las primeras instituciones laicas que Hernán Cortés mandó construir en la Nueva España.

JEAN DUMONT, Historiador francés

ISABEL LA CATÓLICA, LA GRAN CRISTIANA OLVIDADA

LA EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA (VIII)

Los laicos

Pero el trabajo de amor espiritual también fue obra de los laicos. Primero, del primero de los laicos: el rey de España. Hay que saber, por ejemplo, que las reducciones jesuíticas del Paraguay no se deben a la iniciativa jesuita, sino a la de Felipe III, que ordenó su creación en 1609 al gobernador de Paraguay, al que prohibió en adelante la conquista militar. Además, el trabajo de amor espiritual fue obra de los laicos del poder colonial, como el virrey del Perú, Toledo, que creó en cada parroquia india un hospital y una escuela de música, y garantizó a los indios derechos mineros iguales a los de los españoles. Como también el virrey de México, Mendoza, que reservaba dos días de cada semana a recibir personalmente las quejas de los indios, y apoyó a fondo a los evangelizadores. O este ministro del gobierno español de México, Vasco de Quiroga, quien, antes de Mendoza, recogía a los niños indios abandonados. El consagró todo su sueldo a financiar sus Hospitalidades indias de Santa Fe, restauración de las comunidades de los primeros cristianos, donde él mismo evangelizaba. Amplió estas funciones a toda una provincia, Michoacán, cuando fue nombrado obispo de golpe, siendo él un simple laico. Un promotor también del progreso económico, social y humano, gracias a la creación de una poderosa artesanía, de innumerables hospitales y brillantes colegios. Acción que la UNESCO en la actualidad ha celebrado como modelo del desarrollo de las comunidades del Tercer Mundo. Y cuyo recuerdo y veneración perduran extraordinariamente vivos entre los indios de hoy, como lo pudo comprobar personalmente en 1498 el príncipe de la historiografía francesa Lucien Febvre. En Perú hubo incluso este caso único en la historia de la Iglesia: cuatro de los siete apóstoles canonizados en el “Siglo religioso” que siguió a la conquista fueron simples laicos: Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres, San Juan Masías y Santa María Ana de Paredes. Y es que en todas partes los laicos, organizados en poderosas órdenes terceras y cofradías, tuvieron un papel capital en la cristianización de la sociedad, tanto india como criolla.