Política católica

Santo Tomás de Aquino - libro“El rey instruido por la ley divina deberá dedicarse principalmente a velar porque el pueblo sometido a su cetro viva amando y practicando la virtud, empleando para conseguirlo los siguientes medios: 1. º introducir en la sociedad buenas costumbres: 2. º conservar las ya introducidas, si son buenas: 3. º mejorarlas. Para que un hombre sea de buena vida y costumbres necesita de dos cosas: una que es capital, la virtud que es base de la buena vida, otra secundaria y como instrumental, a saber, cantidad bastante de bienes corporales de cuyo uso se necesita para el ejercicio práctico de la virtud. La naturaleza forma la unidad del hombre, pero la unidad de la sociedad, a que se da el nombre de paz, tiene que ser resultado de la ciencia y acierto de un monarca. Para la buena dirección de la sociedad, son indispensables tres cosas: la primera, que la sociedad esté establecida en la unidad de la paz; la segunda, que la sociedad, unida con este vínculo, sea dirigida a la práctica del bien, porque del mismo modo que el hombre no puede hacer nada bueno, si no se supone la unidad de todas las partes que le componen, así también el pueblo que careciera de la unidad de la paz, no podría conducirse bien, destrozado por divisiones intestinas; la tercera cosa necesaria para la buena dirección de la sociedad, es que el gobierno sabio de un rey provea a todo lo indispensable para vivir bien; y conseguido esto, velar por su conservación”.

(Santo Tomás de Aquino, De Regno, libro I, capítulo XV)

 

Miguicas 226

Padre Martínez m.C.R.

Ángel consolando a Jesús en el huerto* El derecho de propiedad privada está fundamentado en la ley natural.

* La Santa Misa es el mismo sacrificio de Cristo en la cruz. Sin sufrimiento ni derramamiento de sangre.

* El agnóstico, Unamuno, escribió en su diario: «No tengo voluntad. Nuestra voluntad sin la gracia no es nada».

* La «mentira piadosa» nunca es piadosa. Siempre es pecado. Más, si la dice un sacerdote, un obispo o un cardenal.

* Coétanos hay que crean realidades virtuales que venden como «nuevas verdades»: la verdad es la realidad de las cosas.

* En el comunismo, el pueblo es soberano. En la democracia, el pueblo es soberano. Hay que tener tragaderas cósmicas para tragarse esas trolas.

* «Cuando la Virgen María dijo «si», comenzó a existir el Pueblo de Dios sobre la tierra y Ella fue su primera servidora» (Santa Teresa Benedicta de la Cruz).

* «Desde la década de 1960 -infiere Gabriele Kuby- con la ayuda de Naciones Unidas, la Unión Europea y los medios de comunicación, un poderoso lobby ha estado luchando para cambiar el sistema de valores. (…) Las armas concretas de esta guerra incluyen la desconstrucción de la sexualidad masculina y femenina, la alteración de las normas y actitudes sociales de la población, la total equivalencia legal de la relación homosexual con el matrimonio e incluso el ostracismo social y la criminalización legal de toda oposición de estas nuevas normas» (Óscar Rivas).

El octavo día 21 – CRITERIOS PARA ORIENTARSE EN MEDIO DE LA CONFUSIÓN. PUNTOS FIJOS (III)

José Guerra Campos - el día de la palma

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

San Pedro fue el primero en promulgar una gran verdad: que a Cristo, salvador de todos los hombres, se puede acceder sin necesidad de someterse a la ley judía. Sin embargo, en una ocasión en Antioquía, por no disgustar a los partidarios de la judaización, Pedro se comportaba con disimulo. Pablo se le opuso abiertamente. ¿Por desacuerdo con su doctrina? Al contrario: porque estimó que la «simulación» de Pedro oscurecía la doctrina del mismo Pedro y desorientaba a los creyentes (3). San Pablo, a su vez, afirmaba que cualquier cosa que él pudiese decir habría de subordinarse en todo caso a la predicación oficial ya establecida: «Aunque nosotros, o un ángel del Cielo, os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema… Si buscase agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo» (4).

¿Ha cambiado algo, en este punto, con el último Concilio? No. San Juan XXIII, al inaugurarlo, reafirmó la misma norma. Le impuso como tarea el «ejercicio pastoral del magisterio, que debe partir de la adhesión renovada, serena, tranquila, a todas las enseñanzas de la Iglesia en su integridad».

Y San Pablo VI, terminado el Concilio, se apresuró a advertir que es necesario enmarcarlo en el cuadro de todo el magisterio anterior (5). Poco después, al ver -son sus palabras- que «algunos católicos se dejan llevar de una especie de pasión por el cambio y la novedad», cumple el mandato de Cristo de «confirmar en la fe a sus hermanos» y «proclama por encima de las opiniones humanas» la verdad de Cristo, pronunciando el Credo, «que recoge en sustancia la inmortal tradición de la santa Iglesia de Dios» (6).

Si hay quien siembra el desconcierto, si los mismos pastores inmediatos dejan de orientar, cada uno debe defender su fe. Para ello lo fundamental es conocer los documentos que hacen fe (7).

Notas:

(3) Carta de San Pablo a los gálatas: Gal. 2, 11.

(4) Gal. 1, 8-9. El apóstol reitera allí mismo: «Si alguno os predica otro evangelio distinto del que habéis recibido, sea anatema”.

(5) En la audiencia general del 12 de enero de 1966 el Papa dijo, entre otras cosas: «La herencia del Concilio está constituida por sus documentos (…). Pero, notémoslo bien, las enseñanzas del Concilio no constituyen un sistema orgánico y completo de la doctrina católica. Esta es más vasta -como todos saben-, y el Concilio no la ha puesto en duda ni la ha modificado sustancialmente. Por lo contrario, la ha confirmado, ilustrado, defendido y desarrollado con una apología muy autorizada, llena de sabiduría, de vigor y de confianza (…). La voz franca y solemne del Concilio ha mostrado qué función providencial ha confiado Cristo al magisterio viviente de la Iglesia para guardar, defender, interpretar el «depósito de la fe». No debemos separar las enseñanzas del Concilio del patrimonio doctrinal de la Iglesia, sino más bien ver cómo se insertan en él, hacen cuerpo con él, son un testimonio, un crecimiento, una explicación, una aplicación del mismo. Entonces, las «novedades» doctrinales o normativas del Concilio aparecen en sus justas proporciones, no van contra la fidelidad de la Iglesia a su función de enseñanza, y adquieren la verdadera significación que las hace resplandecer con una luz superior”.

(6) Introducción a la profesión de fe recitada por San Pablo VI el 30 de junio de 1968, en la basílica vaticana, al término del «año de la fe».

(7) Si alguno pensara que es muy trabajoso procurarse ese conocimiento, cabría preguntarle si no pone mucho cuidado en conocer y guardar los títulos de sus propiedades, o los certificados que le garantizan el derecho a la seguridad social.