¡Feliz y Santa Navidad!
Cuando el hombre vive según el hombre, y no según Dios, es semejante al diablo. Ni siquiera el ángel debió vivir según el ángel, sino según Dios, para mantenerse en la verdad y hablar la verdad que procede de Dios, no la mentira, que nace de su propia cosecha. Del hombre dice el mismo Apóstol en otro lugar: Si es que se manifestó la verdad de Dios en mi mentira. Llamó a lo mío mentira, y verdad a lo de Dios. Y así, cuando el hombre vive según la verdad, no vive según él mismo, sino según Dios, pues es Dios quien dijo: Yo soy la verdad. Pero cuando vive según él mismo, según el hombre, no según Dios, vive según la mentira. No se trata de que el hombre mismo sea la mentira, puesto que tiene por autor y creador a Dios, quien no es autor ni creador de la mentira. La realidad es que el hombre ha sido creado recto no para vivir según él mismo, sino según el que lo creó. Es decir, para hacer la voluntad de aquél con preferencia a la suya. Y el no vivir como lo exigía su creación constituye la mentira.
Quiere ser feliz sin vivir de la manera que podía serlo. ¿Hay algo más mentiroso que esta voluntad? No en vano puede afirmarse que todo pecado es una mentira. No se comete un pecado sino queriendo que nos vaya bien o rehuyendo que nos vaya mal. Tiene, pues, lugar la mentira cuando, intentando buscar algún bien, eso mismo nos resulta mal, o cuando procurando buscar algo mejor, nos resulta, en cambio, peor. ¿De dónde procede esto? De que el bien le viene al hombre de Dios, a quien abandona por el pecado. No le viene de sí mismo, pues si vive según él mismo, peca.
San AGUSTÍN, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap.4
España es fruto fundamentalmente de la Iglesia. De ahí que la izquierda odie a España. Este silogismo, que cumple su verdad en el ámbito formal de la lógica, lo hace también, desgraciadamente, en el de la realidad. Lógicamente y de hecho, la izquierda detestará las grandes gestas españolas, ligadas a la ley de Cristo, por supuesto (Reconquista, evangelización de América, lucha por la Cristiandad contra el protestantismo, etc.), celebrando, en cambio, aquellos momentos de la historia en que se desdibuja o peligra la identidad de nuestra patria, como pueden ser la invasión mahometana, la recepción de las ideas revolucionarias por los afrancesados o los dos períodos republicanos.
* Si la alienación significa deshumanizar. La alienación más bestial y satánica es la comunista.
Aceptemos el principio: lo que importa es la vida. Pero, ¿quién nos da esa plenitud de vida que deseamos y necesitamos? ¿Quién nos revela y comunica el amor del Padre, nos hace hijos, transfigura nuestro vivir temporal por el amor y la esperanza, nos conduce a la victoria sobre el pecado, el dolor y la muerte? ¡Cristo! No son unas «ideas»; es Él, con su persona y por su acción (por lo que es y lo que hace), quien nos da la vida. Y por esto, lo que importa ante todo es una realidad viviente.