La Iglesia reconoció a Franco (24)

Obispo Ángel Temiño

Monseñor D. Ángel Temiño
Obispo de Orense

«Hemos perdido una figura excepcional… Durante casi cuarenta años ha dirigido en el plano supremo los designios de España. Esto ha hecho gravitar sobre sus hombros una responsabilidad asombrosa ante Dios y ante la sociedad. Sin embargo, y por lo mismo, los méritos contraídos ante Dios y la sociedad son también impresionantes… Sería injusto silenciar en esta ocasión sus grandes y excepcionales merecimientos para con la Iglesia y para con el pueblo español. Es una grave obligación reconocer la paz, no corriente entre nosotros, el profundo bienestar, el impresionante progreso que nos ha proporcionado durante este prolongado período de nuestra historia…”.

Producciones Armada
Tenerife

Chispicas 238

Padre Martínez Cano, m.C.R.

Virgen de Lourdes y Sagrado Corazón de Jesús* El «personalismo» ateo de Max Scheler se retrata a sí mismo, dice: «Negamos el supuesto teísta de un Dios espiritual y personal, omnipotente en su espiritualidad».

* La teología nos dice que la eternidad de Dios es la posesión de una vida plena, perfecta e interminable. Si somos fieles a Dios en esta vida, participaremos de su eterna felicidad.

* Me dijo un anciano de noventa años que esta vida es un abrir y cerrar de ojos. Añadimos: al abrir de nuevo los ojos empieza la vida eterna que nunca termina. ¡siempre felices!

* En su primera carta, dice San Juan que somos hijos de Dios no solo de palabra sino de verdad. Participamos de la vida divina por la gracia santificante. ¡Somos hijos de Dios!

Para pensar 9

Pablo

La selección natural

Asunción de la Bienaventurada Virgen MaríaHay quienes se preguntan si a través del proceso de selección natural podemos encontrar cambios fisiológicos y psicológicos. En primer lugar, la teoría que tiene su origen en Darwin sobre la selección natural no ha sido probada. En segundo lugar, la historia que conocemos nos demuestra que no hay alteración en la conducta de la humanidad. Los instrumentos pueden cambiar, pero los motivos y los fines cambian poco. Solamente encontramos un cambio en los motivos y fines cuando la verdad del cristianismo se encarna en una sociedad. (Mons. Ignacio Barreiro Carámbula – Verbo)

La Iglesia y la política

La Iglesia, que se mueve por criterios espirituales y no políticos, admite en principio como legítimos los tres tipos de gobierno y no se mete a elegir entre ellos, sino que acepta la autoridad legítima y constituida, sea cual fuere. Por eso, cumpliendo el cuarto mandamiento, la Iglesia primitiva rezaba por el emperador romano, en la Edad Media los católicos rezaban por los distintos reyes, en Estados Unidos se reza por el presidente y en Omán se reza por el sultán. (Bruno Moreno Ramos – RAZÓN ESPAÑOLA)

Los niños de los divorciados

La práctica demuestra que la legislación del divorcio fomenta la ruptura de los matrimonios. En Suecia, en Inglaterra, en USA, las estadísticas son escalofriantes. A más facilidades para el divorcio, más divorcios, más hijos abandonados, más frustraciones, más tragedias. En París, en 1973, entre los mil divorcios mensuales controlados quedaron 27.000 niños sin familia. Al final de aquel año, 1973, más de un millón de niños parisinos vivían sin hogar propio. (Mn. José Ricart Torrens – CATECISMO SOCIAL)

El hombre masa

De esa disociedad no brotan sino los frutos de crisis que recogemos con usura en nuestro tiempo. Y que inciden a no dudarlo sobre el propio hombre, troceado, disecado, desvitalizado, despojado -si fuera posible- hasta de la misma naturaleza humana… Es el hombre-masa. (Miguel Ayuso – VERBO)

Apasionamiento por la verdad

No es malo el apasionamiento producido por la santa pasión de la verdad. Las llamadas intemperancias del moderno periodismo ultramontano, aparte de ser muy flojas comparadas con las del periodismo liberal (ejemplos recientes tenemos por ahí cerca), están justificadas con sólo abrir por cualquier página las obras de los grandes polemistas católicos de los mejores tiempos. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)

No hay jerarquía

Quien cree que su existencia es única y finita -aunque diga ostentosamente lo contrario- tiene prisa y actúa solo. Actúa pensando en sí mismo, y con un horizonte breve. No hay así comunidad humana ni vida trascendente que nos dé serenidad. No hay nada que nos separe del culto universal a la “normalidad” gris de esta época gris. No hay jerarquía que nos coloque en nuestro lugar. Un lugar en el que “seamos”, donde no nos limitemos a “estar”, y donde no haya prisa posible, porque no estamos solos. Para ser plenamente humanos y plenamente libres, necesitamos ser y sentir una comunidad; a más comunidad menos tristeza, menos depresión, menos pesimismo. (Pascual Tamburri – RAZÓN ESPAÑOLA)

Iglesia y Estado

De aquí se deduce que dentro de nuestra monarquía es absolutamente imposible toda tiranía. No pueden ser violentadas las conciencias cristianas; pues aquella relación que tiene el Estado con la Iglesia no la fija arbitrariamente por su voluntad el Estado, sociedad inferior, sino la Iglesia, que por su fin es la institución suprema. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)

 

 

 

Ordenar los afectos

Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Santa Teresa de Jesús - San Juan de la CruzSan Ignacio de Loyola dice que sus Ejercicios Espirituales son para: «vencerse a sí mismo y ordenar su vida sin determinarse por afección alguna que desordenada sea». Es decir, los Ejercicios son para ordenar la vida en el amor a Dios y al prójimo. San Juan de la Cruz, asegura en la Subida al Monte Carmelo, que: «El alma no tiene más de una voluntad, y esa, si se embaraza y emplea en algo no queda libre sola y pura como se requiere para la divina transformación». Libres para cumplir el precepto de nuestro Señor Jesucristo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente», combatir nuestros afectos desordenados.

Los afectos desordenados al propio yo y a las cosas creadas por Dios, nos apartan de la santidad y nos hacen tibios y mundanos. Tenemos que arrancarlos de nuestras almas para que todos nuestros afectos estén conforme con la voluntad de Dios. El desasimiento total de las cosas es necesario para amar a Dios de todo corazón. Debemos dar gusto a Dios, no hacer nuestros gustos. Los afectos desordenados retrasan la perfección cristiana, el encuentro con Dios.

Santa Teresa de Jesús decía a sus monjas: «¿Pues por qué, mis hermanas, no les mostramos nosotras (a Dios) en cuanto podamos, el amor? Mirad que es hermoso trueque dar nuestro amor por el suyo; mirad que lo que puede todo y acá no podemos nada sino lo que Él nos hace poder. Pues ¿qué es esto que hacemos por Vos, Señor, Hacedor nuestro? Que es tanto como nada una determinacioncilla. Pues si lo que no es nada quiere Su Majestad que merezcamos por ello el todo, no seamos desatinados». No seamos tontos. Dios quiere corazones enteros.

No se trata de un desasimiento material, sino afectivo, espiritual. Tener el corazón libre de todo apego desordenado. Debemos dejar las relaciones inútiles con las cosas de este mundo, los propios gustos, las cosas superfluas. Sí, vivimos en el mundo pero Jesucristo nos dice que «no somos de este mundo», “pensad en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col. 3, 1-2). Cuanto más profunda es la renovación del alma en Cristo resucitado, más necesidad siente de Dios y de las cosas celestiales y más se desprende de las cosas de la tierra para volverse a las del Cielo.

Tenemos que poner el hacha a la raíz, sacando la raíz del amor propio y el deseo desordenado de gozar por encima de todo; así encontraremos la paz para gozar de Dios. Apartemos inmediatamente de todo cuanto nos aparta de Dios. Vicios, ocasiones de pecado, mediocridad… No estamos solos, el Señor nos ayuda. San Juan de la Cruz dice: «Cualquiera gusto que se le ofreciera a los sentidos como no sea puramente para honra y gloria de Dios, renúncielo que quédese vacío de él por amor de Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro gusto ni le quiso, que hace la voluntad de su Padre».

Nuestro orgullo y egoísmo lo tenemos enraizado hasta las plantas de los pies. No les demos ninguna satisfacción. “Dios Nuestro Señor ha creado miles de maravillas. No miremos nada que pueda alterar nuestros corazones con malos deseos. No hay término medio: vivir para el propio yo o vivir para Dios. San Juan de Eudes exclamaba: «¡Oh Dios mío! Me doy a tí, como a mí fin, como  mí Centro, como a mí bien supremo. Atráeme a tí ¡Que yo tienda siempre a tí y que tú seas siempre todas mis delicias, toda mi gloria, mi tesoro y mi todo!» Nos espera una felicidad eterna. La Virgen María está preparando los últimos detalles.