Los desheredados

Patricia Messa

Jesús en el templo con los doctores“El hombre sin cultura parece extranjero en su propia humanidad”. Así sentencia el autor de este libro la situación actual. Nos encontramos ante una de las obras más acertadas sobre la cultura actual y por qué hemos llegado hasta donde hemos llegado: a ser unos desheredados en nuestra propia carne, en nuestra propia identidad.

François-Xavier Bellamy, profesor de filosofía y literatura en un colegio de París, nos expone de primera mano lo que ha visto durante años en sus clases: jóvenes desheredados, incapaces de acoger la cultura que les precede y adultos incapaces de transmitirla.

El autor hace una breve introducción analizando lo que se puede observar en los periódicos, en la calle, en las familias… la cultura se muere, la sociedad se denigra. Si no hacemos nada al respecto perderemos nuestra identidad, nuestra unicidad y singularidad.

Bellamy, como muchos otros, se pregunta por las raíces de esta ruptura de la transmisión de la cultura, ¿cómo puede ser? El autor elige a tres autores prolíficos, que todos hemos estudiado en algún momento de nuestra vida, y nos muestra de su pensamiento lo referente a la cultura: Descartes, Rousseau y Bourdieu. Todos ellos marcan un antes y un después. Los tres son pensamientos que han ido calando poco a poco y se han integrado en nuestra cosmovisión casi sin darnos cuenta.

Descartes considera la transmisión de la cultura un fallo de la razón porque si queremos verdaderamente construir sobre seguro, tenemos que dudar de todo lo anterior, tenemos que rechazar la tradición, rechazar la cultura, distanciarnos de la educación, empezar con una tabula rasa y con el individualismo, nada de guías, uno se construye a sí mismo.

Para Rousseau la transmisión de la cultura es una contaminación de la naturaleza. El francés apuesta por no guiar a su Emilio sino que él mismo descubra lo que es y lo que quiere ser, y la cultura no es más que un entorpecimiento en el camino, un obstáculo que hay que evitar. “Todo progreso en la cultura nos aleja de la naturaleza”. El hombre tiene que permanecer en su estado natural. La educación, por tanto, es negativa, el niño no debe hacer nada en contra de su voluntad, debe permanecer ignorante si así lo prefiere; la educación esclaviza. Finalmente, Bourdieu, pensador marxista, arguye que la transmisión de la cultura no es sino otra forma de dominación, y la transmisión, una de las maneras de mantener la desigualdad entre clases. Bourdieu habla de capital cultural. La educación está al servicio de esta selección y división entre los que saben y los que no saben, “la cultura de la escuela es una cultura de elite”, es una de las formas más evidentes de desigualdad, es puro arbitrio, una excusa para legitimar la jerarquía de la sociedad. Y según él, “La cultura es el arma del crimen”.

Después de este análisis, ¿cómo seguir transmitiendo la cultura? ¿Por qué? Bellamy defiende que “Hay que tomarse en serio la necesidad de la cultura como mediación esencial para el cumplimiento de nuestra naturaleza”. Sin cultura nos volvemos bárbaros, incapaces de ser hombres en plenitud. La forma más esencial de atacar la humanidad es atacando la cultura.

En definitiva, prestemos atención porque “La urgencia está en que logremos reconciliarnos con el sentido mismo de la educación para hacer vivir en cada uno la cultura, por medio de la cual el hombre se hace hombre, la libertad se hace efectiva y el futuro común, posible”.

(CRISTIANDAD)

Hemos leído 121

Pablo

Anestesia de los tópicos mentirosos

Sagrada Familia y Santísima TrinidadTermino, Señor… Que no me seduzca el comodín mundano de jugar al hombre sensato y equilibrado, al «vivo» que no se compromete buscando el punto medio que no existe, para siempre situarse ante el plato de las buenas pitanzas, reclamando integraciones que sabe de cierto que no son posibles. Que no propine la anestesia de los tópicos mentirosos que parlotean de tensiones, problemas generacionales, mentalidades y sectores cerrados, con todo el gárrulo embuste que se oculta en las hegelianas discriminaciones entre conservadores y avanzados, abiertos y excluyentes, integristas y progresistas, preconciliares y posconciliares, jóvenes y viejos. Que por encima de toda la hojarasca adivine que el dilema es taxativo entre fe y ateísmo, entre razón y absurdo, entre libertad cristiana y esclavitud, entre castidad y corrupción, entre Dios e infierno. (José Ricart Torrens, Pbro. – AVE MARÍA)

La hermosura de la castidad

La hermosura de la castidad, de la pureza del cuerpo -y también del alma- radica no en sí misma, no en cuanto virtud aislada, sino en que es una participación a la pureza del Ser divino Trinitario. La Virgen es Pura e Inmaculada por esta razón, por su participación inefable, en grado cualitativamente superior a cualquier creatura humana o angélica, a la pureza del Ser divino Trinitario. Vivir la pureza es participar de la pureza del Acto de Ser divino. Y esto es condición indispensable para la vida cristiana, para que el cristiano -sea horno o heterosexual- viva, en la castidad, una vida feliz, plena y alegre. Aún en medio de las tribulaciones y persecuciones del mundo. (Javier Navascués entrevista al P. Álvaro Sánchez Rueda – AHORA-INFORMACIÓN)

El padre Solá habla del demonio (33)

Todo lo que oímos más o menos se nos queda en la cabeza, más o menos. hay quien tiene más o menos memoria, depende de las células cerebrales, que unos tienen más y otros tienen menos, de ahí lo que llaman las memorias de gramófono, que oyen una cosa y se les queda grabado, sea lo que sea. Yo conocí un compañero mío que tenía una memoria fenomenal. Oía una cosa y se le quedaba, daba lo mismo lo que fuese y sin entenderlo. Lo que recuerdo, cuando éramos compañeros y estudiábamos griego, él no sabía todavía, no habíamos empezado a estudiarlo todavía, y él oyó a otro que estaba recitando un discurso griego de Demóstenes para después en público recitarlo. Al día siguiente o al cabo de dos días hubo un acto y aquel joven recitó el discurso de Demóstenes y se perdió, y él le apuntó y le dijo: «sigue así». (P. Francisco de Paula Solá S.J.)

Pudor y castidad  (117)

La historia de la iglesia nos muestra que el celibato cristiano participa de esa admirable fecundidad virginal de María y de la iglesia. Los doce Apóstoles célibes, con su palabra y su sangre, pusieron el fundamento constante de una segura transformación del mundo. Los misioneros, generalmente célibes y vírgenes, entregándose enteros a Cristo y a los hombres, han dado a luz pueblos, ciudades y naciones. (José María Iraburu)

Razón y fe

La circularidad entre razón y fe es posible y no es círculo vicioso cuando se reconoce la fuente unitaria de ambas y la superior dignidad y veracidad de la Revelación. Tal es la aportación insuperable de santo Tomás. (CRISTIANDAD)

Recapitular todo en Cristo

Muchos católicos no quieren «recapitular todo en Cristo», sino capitular de entrada. Se resignan a no trabajar por restablecer la Cristiandad, a no emprender la ardua tarea de reevangelización. La descristianización, dicen, es un hecho innegable que se impone y basta. Y este hecho se abate sobre nuestros contemporáneos como una fatalidad contra la cual no hay que tomar partido. Hay que contentarse con renunciar a ello. Y tranquilizar la conciencia al respecto. (Custodio Ballester Bielsa, pbro.)

Apegos transitorios

Observamos que, en la libertad de los amigos de Jesús, se superan los apegos transitorios, así como la vanagloria que busca ocupar los “primeros asientos” (Lc 14, 10). Por el contrario, es en esta Verdad, que es el mismo Jesús, donde encuentran su esencia y alegría, sellados en la confianza de que cada uno de sus nombres están escritos en el Cielo (cf. Lc 10, 20). (Ángela Cabrera – VIDA SOBRENATURAL)

El ateísmo

El ateísmo es lo más irracional -lo más inmoral, por lo mismo-, lo más opuesto a lo que la naturaleza humana reclama. Por eso, negar a Dios o vivir sin Él es lo más desgarrador para la persona humana: se mete en un infierno en vida, en esta vida, y luego sigue ya  para siempre en él… Por eso también, la patraña más nefasta -por maliciosamente  traicionera-, que se le puede servir al hombre es decirle: «Dios no existe». No se le puede hacer un daño mayor. Tantas veces, irrecuperable ya. (José Luis Aberasturi)

Miguicas 174

Padre Martínez m.C.R.

San José y Niño Jesús con la cruz

* La misión de los médicos, es sanar los cuerpos. La misión de los sacerdotes, es sanar las almas.

* No se puede entender, sin la acción diabólica, que con votos de católicos se hagan leyes antidivinas y antihumanas.

* Dicen que se está gestando un nuevo mundo. Pío XII dijo que debemos convertir este mundo de selvático en humano y de humano en cristiano.

* Parece ser, que hombres y mujeres tenemos un común denominador: vivir lo mejor posible, criterio mundano. Lo cristiano es vivir santamente.

* El comunismo fue condenado por la Iglesia porque es «intrínsecamente perverso», antiteo. La democracia de la soberanía del pueblo es antiteismo.

* Leyendo la vida del Santo Cura de Ars, uno queda asombrado de las penitencias y mortificaciones que hizo. Su lema era: «Es menester a toda costa salvar almas».

* Pastores: no se trata de la Nueva verdad, ni del Nuevo paradigma, ni las Nuevas parodias. Se trata de la salvación eterna de los fieles, seglares y eclesiásticos.

Modestia y moda (4)

El vestido, exigencia del pudor (1)

San Joaquín, Santa Ana y la Virgen MaríaHay que tener muy en cuenta la primera función del vestido, que por ningún concepto debe quedar frustrada. Es la que el mismo Dios le ha señalado: que sea el instrumento con que el pudor consiga su misión. Pudor, en el sentido estricto de la palabra es la vergüenza por todo acto sensual y por todas las cosas relacionadas con él. Esta vergüenza va acompañada de un movimiento espontáneo, de una tendencia a ocultar todo lo que tiene relación con los actos sensuales en uno mismo; y también a apartar de los sentidos lo que puede venir del exterior.

Puso Dios el pudor en la naturaleza humana cuando el pecado despertó en ella la concupiscencia; es decir la inclinación desordenada a los placeres sensuales, sin el control de la razón. Lo que más excita la concupiscencia es el desnudo. Por eso, al aparecer en el hombre la concupiscencia, Dios la puso como freno el pudor con la tendencia a cubrir la desnudez. Suele decirse: el cuerpo del hombre nada tiene de malo, es una obra primorosa de Dios; y por lo mismo, ningún inconveniente hay en contemplar su belleza. Es verdad que el cuerpo del hombre es una obra de Dios, que tiene su belleza. Así debían mirarlo los hombres. Así lo miraban Adán y Eva antes de sentir la concupiscencia. Y como sólo miraban eso, Dios les permitió que en el paraíso vivieran sin vestido. Ellos mismos no sentían vergüenza.

Pecaron; y uno de los efectos que produjo el pecado fue ver en el cuerpo algo más que la obra bella de Dios; algo que producía en ellos conmociones extrañas, de lo cual tuvieron vergüenza. Despertó la concupiscencia; y con ella apareció el pudor para contrarrestarla. Movidos por el pudor, procuraron cubrir la desnudez que les excitaba y les avergonzaba. Y la cubrieron como pudieron: Con hojas de árboles. Así, rudimentariamente vestidos; no se atrevían a presentarse delante de Dios, que les había creado y les había dado aquel cuerpo. La relación del Génesis es muy instructiva: Entonces se abrieron los ojos de ambos y comprendieron que estaban desnudos, por lo cual entretejieron hojas de higuera y se hicieron unos ceñidores. Enseguida oyeron el ruido de pasos de Yahvé, Dios, el cual se paseaba por el vergel a la brisa de la tarde; y el hombre y su mujer se ocultaron a la presencia de Yahvé, Dios, entre la arboleda del vergel. Entonces Yahvé, Dios, llamó al hombre diciéndole:

– ¿Dónde estás?

– Y contestó:

– Oí el ruido de tus pasos en el vergel; y temeroso me escondí, porque estoy desnudo.

– A lo cual replicó Dios.

– ¿Quién te ha indicado que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que te mandé que no comieras?

Luego Yahvé, Dios, hizo al hombre y a su mujer unas túnicas de piel y los vistió. Dios los vistió… Dios quiere que cubran aquella obra primorosa de sus manos. ¿Por qué hace esto el mismo Dios? Porque los hombres ya no miraban al cuerpo humano con la sencillez e inocencia de antes, le miraban con los ojos de la concupiscencia; y al mirarlo así, ya veían un incentivo que inflamaba las pasiones y levantaba deseos desordenados de placer.

Y como Dios conocía muy bien el desorden que había introducido el pecado en la naturaleza humana, por eso mandó a los hombres que se cubrieran y Él mismo les proporcionó vestido.

Y al rodar los siglos ¿la concupiscencia humana se ha extinguido o está más viva con los pecados individuales y las taras hereditarias que arrastran las generaciones? Los hombres cuando bailan con una mujer ligeramente vestida ¿admiran la obra maravillosa de Dios? Cuando van a espectáculos donde hay exhibiciones de nudismo ¿van para contemplar la obra de Dios y glorificarle por ella? Argüirás.