El vestido, exigencia del pudor (1)

San Joaquín, Santa Ana y la Virgen MaríaHay que tener muy en cuenta la primera función del vestido, que por ningún concepto debe quedar frustrada. Es la que el mismo Dios le ha señalado: que sea el instrumento con que el pudor consiga su misión. Pudor, en el sentido estricto de la palabra es la vergüenza por todo acto sensual y por todas las cosas relacionadas con él. Esta vergüenza va acompañada de un movimiento espontáneo, de una tendencia a ocultar todo lo que tiene relación con los actos sensuales en uno mismo; y también a apartar de los sentidos lo que puede venir del exterior.

Puso Dios el pudor en la naturaleza humana cuando el pecado despertó en ella la concupiscencia; es decir la inclinación desordenada a los placeres sensuales, sin el control de la razón. Lo que más excita la concupiscencia es el desnudo. Por eso, al aparecer en el hombre la concupiscencia, Dios la puso como freno el pudor con la tendencia a cubrir la desnudez. Suele decirse: el cuerpo del hombre nada tiene de malo, es una obra primorosa de Dios; y por lo mismo, ningún inconveniente hay en contemplar su belleza. Es verdad que el cuerpo del hombre es una obra de Dios, que tiene su belleza. Así debían mirarlo los hombres. Así lo miraban Adán y Eva antes de sentir la concupiscencia. Y como sólo miraban eso, Dios les permitió que en el paraíso vivieran sin vestido. Ellos mismos no sentían vergüenza.

Pecaron; y uno de los efectos que produjo el pecado fue ver en el cuerpo algo más que la obra bella de Dios; algo que producía en ellos conmociones extrañas, de lo cual tuvieron vergüenza. Despertó la concupiscencia; y con ella apareció el pudor para contrarrestarla. Movidos por el pudor, procuraron cubrir la desnudez que les excitaba y les avergonzaba. Y la cubrieron como pudieron: Con hojas de árboles. Así, rudimentariamente vestidos; no se atrevían a presentarse delante de Dios, que les había creado y les había dado aquel cuerpo. La relación del Génesis es muy instructiva: Entonces se abrieron los ojos de ambos y comprendieron que estaban desnudos, por lo cual entretejieron hojas de higuera y se hicieron unos ceñidores. Enseguida oyeron el ruido de pasos de Yahvé, Dios, el cual se paseaba por el vergel a la brisa de la tarde; y el hombre y su mujer se ocultaron a la presencia de Yahvé, Dios, entre la arboleda del vergel. Entonces Yahvé, Dios, llamó al hombre diciéndole:

– ¿Dónde estás?

– Y contestó:

– Oí el ruido de tus pasos en el vergel; y temeroso me escondí, porque estoy desnudo.

– A lo cual replicó Dios.

– ¿Quién te ha indicado que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que te mandé que no comieras?

Luego Yahvé, Dios, hizo al hombre y a su mujer unas túnicas de piel y los vistió. Dios los vistió… Dios quiere que cubran aquella obra primorosa de sus manos. ¿Por qué hace esto el mismo Dios? Porque los hombres ya no miraban al cuerpo humano con la sencillez e inocencia de antes, le miraban con los ojos de la concupiscencia; y al mirarlo así, ya veían un incentivo que inflamaba las pasiones y levantaba deseos desordenados de placer.

Y como Dios conocía muy bien el desorden que había introducido el pecado en la naturaleza humana, por eso mandó a los hombres que se cubrieran y Él mismo les proporcionó vestido.

Y al rodar los siglos ¿la concupiscencia humana se ha extinguido o está más viva con los pecados individuales y las taras hereditarias que arrastran las generaciones? Los hombres cuando bailan con una mujer ligeramente vestida ¿admiran la obra maravillosa de Dios? Cuando van a espectáculos donde hay exhibiciones de nudismo ¿van para contemplar la obra de Dios y glorificarle por ella? Argüirás.