Hemos leído 115

Pablo

La naturaleza humana

Sagrada Familia en el pesebreLa naturaleza humana no fue corrompida totalmente por el pecado hasta el punto de quedar despojada de todo el bien natural; por eso, aun en este estado de degradación, puede el hombre con sus propias fuerzas naturales realizar algún bien particular, como edificar casas, plantar viñas y otras cosas así; pero no puede llevar a cabo todo el bien que le es connatural sin incurrir en alguna deficiencia. Es como un enfermo, que puede ejecutar por sí mismo algunos movimientos, pero no logra la perfecta soltura del hombre sano mientras no sea curado con la ayuda de la medicina. (Enrique Martínez – CRISTIANDAD)

Artificial Constitución del 78

La unidad en la diversidad de nuestras patrias chicas no se consigue con un Estado de las autonomías, por muy limitadas y controladas que estén. Ese ideal de armonía sólo posible entendiendo la comunidad política no como algo cerrado en sí mismo sino abierto a transmitir y difundir su forma de ser. A eso le llamamos Hispanidad y al esfuerzo por conseguirlo lo bautizamos como hispanismo. España no puede quedar reducida a su artificial Constitución del 78, ni ser comprendida y admirada desde un texto que los que ahora lo defienden a capa y espada, mañana pactarán su transformación. (Javier Barraycoa – AHORA-INFORMACIÓN)

Cobardía

Pues, callan los pastores… ¿Continúan las tácticas de dos pasos adelante y uno atrás en la sistemática desarboladura de lo que el Evangelio fructificando a través de santos y de siglos ha obrado en la Iglesia? Sí, no teníamos noción de lo que era el Apocalipsis, no entendíamos las adivinaciones divinas, el porqué la cobardía encabeza la enumeración de los pecados típicos de los últimos tiempos (José Ricart Torrens – AVE MARÍA)

Volver a su sexo original, biológico

Se ha comprobado que más del 90% de los individuos que no aceptan su sexo biológico en la infancia, terminan por hacerlo en la adolescencia o al final de la misma. La Medicina debe ayudar al paciente a aceptar su sexo biológico; de otra forma, es empujarlo en una dirección auto-destructiva. Son altos los porcentajes de infelicidad de quienes cambiaron de sexo y de quienes luego de hacerlo, se han arrepentido, deseando volver a su sexo original, biológico. En estos casos, hay algo en la psiquis -y en el cuerpo todo- que le habla de su sexualidad original, algo que no puede ser ocultado, por mucho tiempo, ni con hormonas ni con falsas terapias psicológicas. (Javier Navascués entrevista al P. Álvaro Sánchez Rueda – AHORA-INFORMACIÓN)

No juzgar

El Jesús histórico ofrece valiosos y exigentes criterios de convivencia. Entre ellos destacamos la norma de no juzgar (cf. Mt 7, 1). Se propone decirnos que, en una comunidad de hermanos, quien se dispone a mirar la brizna en el ojo ajeno, no ve la viga en el propio; hecho que permite al mal entrar y entorpecer las relaciones fraternas. En este sentido, también se destaca la regla de oro vinculada a tratar a los demás como nos gustaría ser tratados (cf. Mt 7,12). (Ángela Cabrera – VIDA SOBRENATURAL)

El padre Solá habla del demonio (27)

Pero después yo el argumento o el sistema que he empleado más, que es el medio que me parece más convincente, es el de hablar lenguas. Lo que llaman GLOSOLALIA; lenguas extrañas que no sepa la persona aquella, ni las pueda saber. Por ejemplo, me encontré una niña que no sabía más lengua que el castellano ni había oído hablar otra cosa; tenía 12 años, no había salido nunca de su pueblo, ni había oído nunca ninguna lengua más que la suya, castellano. Pues a ella le hablé catalán, y sí, una conversación corriente, perfectamente, un catalán correctísimo, y la pronunciación y todo. La voz no era la suya: de hombre, sería un poco cavernosa, pero hablaba correctamente. Tuve una conversación. Le hablé en latín y lo mismo, correctamente, con toda perfección. Y así le hablé en griego, en griego clásico -yo lo estudié cuando era joven-, después en francés, en inglés, en alemán, italiano y como si nada, una conversación perfectísima. Mas el alemán y el inglés no la hablaba yo con perfección, y ella sí. (P. Francisco de Paula Solá S.J.)

Pudor y castidad  (111)

El celibato es una ofrenda sacrificial hecha a Dios. Hay en la virginidad renuncia, dejarlo todo, no tener, perder la vida por amor a Cristo (Lc 9, 24; 18, 28); y hay consagración, dedicación total a Dios. Esta condición sacrificial y cultual del celibato se manifiesta claramente en el Ritual de consagración de vírgenes. Efectivamente, el celibato es sacrificio, y por eso conviene tanto al sacerdote, ministro de la eucaristía. Así, viviendo con fidelidad el celibato, “el sacerdote se une más íntimamente a la ofrenda, poniendo sobre el altar su vida entera, que lleva las señales del holocausto” (Sacerdotalis coelib. 29). (José María Iraburu)

Miguicas 168

Padre Martínez m.C.R.

Virgen María con manto azul* La medida de nuestra felicidad eterna corresponde a nuestra medida de amor a Dios y al prójimo en esta vida.

* Este trasvase de personas de un lado a otro de la tierra, está programado por hombres sin amor a Dios, ni a la patria, ni a la familia.

* «La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios» (Constitución Gaudium et spes n. 19)

* Es verdad que caminamos libremente hacia el Cielo. Pero es Dios quién nos fortalece con su gracia para que lleguemos al Paraíso Eterno.

* Vivimos en la tierra, sujetos al tiempo, pero hemos sido creados para la eternidad, una eternidad feliz; si desprecio a Dios, me condeno eternamente.

* Nadie puede comulgar si no está en gracia de Dios. Un divorciado vuelto a casar vive en estado público de pecado. Si comulga, comete un gravísimo sacrilegio.

* Solemnidad de la Madre de Dios. Celebramos la Santa Misa en la capilla del colegio. Asisten varios alumnos con sus padres. Terminamos y salimos a pasear. Un padre, le dice a su esposa: ¡La niña ha perdido el chupete! ¡si, si, si! La niña de dos añitos, ha dejado su chupete a los pies del Niño Jesús, en uno de los veinte belenes que tenemos en el colegio. 

Cervantes y los catalanes

Juan Manuel de Prada

Miguel de Cervantes SaavedraDe todos es conocido el elogio que Cervantes dedica en el Quijote (Segunda parte, capítulo LXXII) a la ciudad de Barcelona: “archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades”. Podríamos preguntarnos si es un elogio puramente retórico, una especie de floritura verbal que Cervantes ensarta por adornar su prosa, o si nace de una convicción profunda. Pero no hay sino que leer con atención los capítulos dedicados a la estancia de don Quijote en Barcelona para descubrir que la viveza de las descripciones revela un conocimiento directo de la ciudad y de sus gentes.

Hace algunas semanas escribía un artículo sobre el carácter de los catalanes, basándome en los juicios mayoritariamente elogiosos de nuestros clásicos, y un lector me escribió, airado, diciéndome que no venían a cuento, en tan dramático momento, “opiniones de literatos”. La brutalidad de aquel comentario me pareció muy expresiva del grado de decadencia que la pérdida del sentido de la tradición ha causado entre los que se denominan “patriotas”. Pues, si no hacemos caso a Cervantes, a Calderón o a Tirso de Molina, ¿a quién se lo habremos de hacer? ¿A los cantamañanas que nos han hecho creer que nuestra “integración” en Europa solventaría el problema catalán? ¿A los energúmenos que se ponen cachondos llenando de catalanes las cárceles? ¿O tal vez a los cínicos que siguen erre que erre defendiendo un “orden constitucional” que ha enterrado la unidad histórica de los españoles y la ha sustituido por una unidad artificial fundada en el soborno? Un español que no ha leído con aprovechamiento a Cervantes no es digno de tal nombre; y una España que no toma en consideración a sus clásicos merece que Cataluña le pegue una patada en el culo.

En el elogio de Cervantes a Barcelona merecen destacarse dos aspectos: por un lado, se declara que una de las gracias del carácter catalán es su aptitud para las firmes amistades; por otro, se resalta su temperamento vengativo. La ponderación de la amistad catalana es recurrente en todos nuestros autores clásicos (con la única excepción de Quevedo): Baltasar Gracián, por ejemplo, llega a afirmar en El Criticón (Segunda parte, crisis X) que es la más firme y constante de cuantas pueden hallarse en el mundo, y tal vez la única verdadera. El catalán -afirma Gracián- se lo piensa mucho “antes de comenzar una amistad; pero, una vez confirmada, hasta las aras”. Aunque también señala que, si “los catalanes saben ser amigos de sus amigos, también son malos para enemigos”. En lo que coincide con Cervantes, que insiste mucho en este reverso oscuro de la amistad catalana, señalando en su novela ejemplar Las dos doncellas que los catalanes son “temor y espanto de los circunvecinos y apartados enemigos”.

Cuando Cervantes se refiere a Barcelona como “venganza de los ofendidos” no está haciendo retórica, sino destacando un rasgo del carácter catalán que para entonces ya se había vuelto legendario (no había más que recordar la expedición de los almogávares catalanes a Bizancio). Con razón podría escribir luego Cervantes en el Persiles (Libro III, capítulo XII) que los catalanes “Con facilidad dan la vida por la honra, y por defenderlas entrambas se adelantan a sí mismos, que es como adelantarse a todas las naciones del mundo”. La “venganza catalana” se convertiría luego en uno de los temas más recurrentes de nuestra literatura clásica, encarnada en la figura de bandoleros como Perot Rocaguinarda, al que Cervantes hace comparecer en el Quijote, bajo el nombre fingido de Roque Guinart. En cierto pasaje de la novela, Guinart le confesará al hidalgo manchego: “A mí me han puesto (en este modo de vivir) no sé qué deseos de venganza, que tienen fuerza de turbar los más sosegados corazones. Yo de mi natural soy compasivo y bien intencionado; pero, como tengo dicho, el querer vengarme de un agravio que se me hizo, así da con todas mis buenas inclinaciones en tierra”.

A lo que don Quijote replica: “Señor Roque, el principio de la salud está en conocer la enfermedad y en querer tomar el enfermo las medicinas que el médico le ordena. Vuestra merced está enfermo, conoce su dolencia, y el Cielo, o Dios, por mejor decir, que es nuestro médico, le aplicará medicinas que le sanen, las cuales suelen sanar poco a poco, y no de repente y por milagro”. Pero esta solución ya no puede ser entendida por una generación descreída que ha dejado de leer a los clásicos y ni siquiera sabe en qué consistió nuestra tradicional unidad histórica, fundamentada en la aceptación agradecida de la medicina divina. En el pecado llevamos la penitencia.

(XL Semanal, 26 de noviembre de 2017)

Semillicas 170

Padre Cano, m.C.R.

Santa María Madre de Dios - Icono* Todo lo que tenemos y vamos a tener eternamente en el Cielo son dones que Dios nos concede.

* Eso que llaman humanismo ateo despoja al hombre de lo esencial de su ser, el espíritu, su alma inmortal.

* Si los profetas de la politiquería supieran que es Dios quién mueve los hilos de la Historia, morirían de rabia.

* Los afectos desordenados obstaculizan y hasta impiden obrar con libertad. La pureza de corazón los hace auténticamente libres.

* La única cuestión fundamental del hombre es estar y morir en gracia de Dios. En cuestión de vida eternamente feliz o de sufrimientos eternos.

* En el aeropuerto de Labacolla, el Papa San Juan Pablo II dijo: «La fe cristiana y católica constituye la identidad del pueblo español».