Historia sencilla de la Iglesia (56)

Recapitulada por el P. Cano

– LAS UNIVERSIDADES MEDIEVALES

El florecimiento general de la vida cristiana de los siglos XII y XIII se manifiesta magníficamente en los grandes centros de cultura, los grandes sistemas doctrinales y los grandes doctores de la Escolástica.

Hasta el siglo XIII apenas existían otros centros de instrucción científica que las escuelas monacales (para monjes) y las catedralicias (para nobles). La escuela catedralicia tenía el título de Scholastesia maior. El director se llamaba magister scholarum o scholasticus. El scholasticus de la catedral ejercía el derecho de inspección sobre las escuelas parroquiales.

El ansia de instrucción se propagó entre el pueblo y entre la gente mejor dispuesta para las materias de la especulación. Para saciar esa ansia se fundaron centros superiores de carácter universal, donde se enseñaba Teología, Derecho, Medicina, Filosofía, etc. Al principio se les llamó Studium generale, porque estaban abiertos a todos, y más tarde Universidades.

El »Estudio general» más antiguo de Europa es el de Salermo, del siglo XI, que enseñaba sólo Medicina, por lo que no se le suele contar entre las Universidades.

Las Universidades van surgiendo por toda la Cristiandad en los siglos XII y XIII: París, Bolonia y Oxford, a finales del siglo XII; Módena, Montepeller, Cambridge, hacia 1200; Vicenza en 1204; Palencia hacia 1212; Padua en 1222; Salamanca en 1220; Curia Romana en 1244.

Las Universidades nacen de las escuelas catedralicias, monacales o parroquiales; otras fueron creaciones independientes. Todas ellas nacieron y se desarrollaron estrechamente unidas a la Iglesia.

– LA ESCOLÁSTICA

En íntima relación con el desarrollo de las Universidades medievales está el florecimiento de la Escolástica. Ya hemos visto que el director de estudios de las escuelas catedralicias era el scholasticus. Al iniciarse los »Estudios generales» se le aplicó la palabra a la profesión misma de los estudios científicos y a las ciencias por antonomasia de aquel tiempo: la Teología y la Filosofía. Por esto se le llamó Escolástica a esta clase de estudios.

Antes de la Escolástica, los teólogos presentaban pruebas de la Sagrada Escritura y de la Tradición para fundamentar los dogmas de la Iglesia. Los escolásticos dan un paso adelante y procuran explicar, en lo posible, las verdades reveladas por medio de la Filosofía y la Teología, que se unen estrechamente.

Los escolásticos acomodan las cuestiones filosóficas y teológicas cristianas a alguno de los grandes sistemas filosóficos, sobre todo al platonismo y al aristotelismo, de donde se seguirán las diversas tendencias de las escuelas católicas. Los escolásticos usaban un lenguaje conciso y apremiante, menos expuesto a divagaciones y a discursos vacíos de sentido.

Los mejores escolásticos usaron la forma silogística, que fue la Escolástica por antonomasia.

– PRECURSORES DE LA ESCOLÁSTICA

En el desarrollo medieval de la Escolástica pueden distinguirse dos períodos. El primero comprende los siglos XI y XII, que son los precursores de la Escolástica. El segundo período llena todo el siglo XIII, que corresponde al apogeo de la Escolástica.

Generalmente se considera como el primer escolástico a San Anselmo (+1109). Partiendo del principio de que la razón debe estar de acuerdo con la fe, inició el método típico de la Escolástica. Buscó y halló en la Filosofía una ayuda para explicar las verdades reveladas.

Pedro Abelardo (+1142) manifestó un talento escolástico extraordinario, acompañado de un éxito sorprendente en la escuela de Santa Genoveva, donde impartió sus clases desde 1113.

La sistematización de la Escolástica tomó desde mediados del siglo XII la forma de »libri sentenciarum» o sumas, que fueron de gran importancia para el desarrollo posterior de la Filosofía y la Teología. Tomaron la iniciativa de este sistema Abelardo y Hugo de San Víctor. Pero el que perfeccionó el sistema fue Pedro Lombardo, profesor de la escuela catedralicia y obispo de París. Murió en 1160.

El nacimiento de la España moderna 75

JEAN DUMONT, Historiador francés

ISABEL LA CATÓLICA, LA GRAN CRISTIANA OLVIDADA

LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA, ¿PATINAZO O PLAN ORGANIZADO? (V)

Contra la Iglesia: lo nunca visto

Es que esta primera Revolución, presuntamente tan antiaristocrática, que enriquece tan masivamente a la nobleza y la mantiene en lugar dominante, en el mismo momento y, al contrario, despoja completamente y destroza o saquea a la Iglesia. La supresión del diezmo, este impuesto de origen bíblico que permitía a la Iglesia costear los gastos del culto y la asistencia social, fue decretada desde agosto de 1789. La usurpación de los bienes de la Iglesia fue decretada en noviembre de 1789. Los bienes de la nobleza, por el contrario, son absolutamente respetados por la ley. Lo que hizo, como decía un testigo de la época, el también inglés Edmund Burke, que, para la Revolución, desde 1789, “los bienes del duque de La Rochefoucauld son más sagrados que los del cardenal de La Rochefoucauld”, su sobrino, arzobispo de Rouen, que son embargados. Desde 1789, todavía, en octubre, la Revolución suspende la emisión de votos religiosos, como si esto fuera una primera urgencia nacional (la nueva Constitución aún no había sido redactada y el rey gobierna todavía en su Consejo), y desde enero de 1790 la Revolución abolió los citados votos y suprimió todas las órdenes religiosas.

  Tras esto, desde julio de 1790, la Revolución desmantela la Iglesia secular, la pone en manos del electorado político y la separa de Roma por medio de la Constitución civil del clero. De esta Constitución civil Jaurés ha escrito en su Historia socialista de la Revolución francesa que era «un acto de laicidad más atrevido que la separación de la Iglesia y el Estado, ya que, por la separación de la Iglesia y el Estado, solamente se laiciza el Estado», mientras que, por su Constitución civil del clero, la Revolución laiciza también la Iglesia. Seis meses más tarde, en 1791, la casi totalidad del episcopado legítimo tendrá que dejar sus diócesis y exiliarse, en un éxodo forzado nunca visto en Francia ni en ningún otro país de Europa. Dieciocho meses más tarde, en 1792, se decretará la deportación fuera de Francia de los sacerdotes refractarios a la Constitución civil, la gran mayoría del clero (448 sacerdotes sobre 545 en la diócesis de Boulogne), éxodo forzado tampoco visto nunca en Francia o en otro país de Europa. Los que contravinieron esta deportación fueron enviados a los Auschwitz de los pontones de Rochefort, o de la Guayana, de donde muy pocos regresarán, o fueron guillotinados o fusilados.

En este momento, por el contrario, desde e] decreto del 9 de noviembre de 1791, la Revolución prohibió emigrar a la nobleza. De este modo, mediante la deportación, la Revolución obliga a los sacerdotes fieles a abandonar su patria, lo cual no permite a la nobleza para mantenerla a su lado. Y, de hecho, la nobleza, tranquila y enriquecida en sus castillos o mansiones y presente en todas las instituciones, no emigra ni emigrará más que en una porción muy pequeña: solamente 16.000 nobles emigrantes durante toda la Revolución, de los 400.000 nobles existentes en 1789, según el cómputo de Donald Greer.

Miguicas 321

SAN APOLINAR, obispo y mártir

Padre Martínez m.C.R.

* Carece de sentido común reunirse para dar opiniones y más opiniones. Si no se busca la verdad, es tiempo perdido. Teatrillo.

* “La esposa es la flor en la familia con la claridad de su mirada y con el fuego de su palabra, mirada que penetra hasta el fondo del alma” (Pío XII).

* Dios nos da la vida temporal para vivir eternamente felices en el Cielo. No olvidemos: hay infierno.

* “Queremos responder, con la publicación de este trabajo, a aquella aspiración profunda de nuestro Instituto: La pasión de la verdad, de toda la verdad, hasta sus últimas derivaciones, en el terreno histórico” (Pío XII).

* Diez días después de la Ascensión del Señor a los Cielos, vino el Espíritu Santo sobre los apóstoles: “Llegado el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del Cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban.

* Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que dividiéndose se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.  

* Había en Jerusalén judíos que allí residían, hombres piadosos, venidos de todas las naciones que hay bajo el Cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar a cada uno en su propia lengua.

El octavo día 116 – FALLO DEL HUMANISMO INDEPENDIENTE: HUMANISMO DE EXALTACIÓN Y HUMANISMO DE DEPRESIÓN (III)

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

El humanismo de depresión podría resumirse de modo más vibrante con expresiones de algunos escritores existencialistas, según los cuales el hombre, para ser hombre, tendría que ser Dios; como no puede serlo, porque no hay Dios, el hombre es absurdo.

Tal humanismo de depresión tiene la virtud de poner las cartas boca arriba, como diciendo: señores, si negamos a Dios, neguémoslo de verdad, y no juguemos luego con palabras escritas con mayúscula: con unos valores misteriosos, bajo los cuales se cobija el pobre individuo humano, porque se les dota de universalidad y permanencia a través de la historia, que sustituye a Dios; pero como la historia no es más que un sucederse de individuos, todos igualmente relativos y contingentes, cualquier programación colectiva y de conjunto, aunque desborde un poco al individuo, no llega hasta el punto de poder ser divinizada.

Este reconocimiento del fallo del humanismo autónomo hace que se invierta la tonalidad sentimental con que se habla del humanismo. En los tiempos del humanismo de exaltación todos suscribirían la glosa de Engels al famoso libro de Feuerbach, en el siglo pasado. Feuerbach sostuvo que la idea de Dios y la vida religiosa no era más que la proyección sobre un ser ilusorio de nuestros propios poderes, individuales y sociales; era, pues, preciso rescatar esos poderes del espejismo que los aleja y darse cuenta de que los llevamos dentro de nosotros mismos; Dios no es más que un símbolo o imagen del hombre. Según Engels, esta teoría de la alienación (por otra parte, conocida desde el siglo XVIII) produjo casi una explosión de alegría: «Es necesario haber probado uno mismo la acción liberadora de este libro para hacerse una idea; el entusiasmo fue general: momentáneamente todos fuimos feuerbachianos». Hay una primera fase en que el humanismo autónomo, la proclamación de la libertad emancipada, produce alegría: Dios, la religión, la moral, son interpretados como esclavitud. El humanismo de depresión vuelve a poner las cosas en su sitio. Al optimismo sucede el pesimismo o una especie de estoica resignación: «Estamos condenados a ser libres»; es la libertad la que podría interpretarse como esclavitud. Así se confirma que la libertad humana sólo puede ser libertad por referencia a valores más altos.

Semillicas 323

Estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: «Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo». Pero él contestó al que le avisaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, señalando con la mano a los discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del Cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre».

Padre Cano, m.C.R.

* “¡Jesús, quisiera amarte tanto! Amarte como nunca nadie le haya amado…” (Santa Teresa del Niño Jesús).

* El libro de los Proverbios, nos advierte: “Quien corrige al cínico se acarrea insultos; quien reprende al malvado, desprecio”. Dicho está. Quien insulta es cínico. Quien desprecia y blasfema un malvado.

* No se ha de pensar. Que todos los desvelos de la iglesia estén tan fijos en el cuidado de las almas, que se olvide de lo que atañe a la vida mortal y terrena (León XIII).

* “Francisco Franco fue un hombre y un gobernante profundamente cristiano y si a los gobernantes se les puede tachar de muchas cosas a Franco nadie le puede acusar de inmoralidad, ya que su vida fue un continuo servicio a Dios y a la Iglesia” (Obispo Luis Franco Cascón).

* La Palabra de Dios enseña que el Espíritu Santo es enviado por el Padre: “El Abogado, el Espíritu Santo que el Padre os enviará en mi nombre, ese os lo enseñará todo” (Jn 14, 26); y también es enviado por el Hijo: “Cuando venga el Abogado, que yo os enviaré de parte de mi Padre” (Jn 15, 26).

* La Iglesia ortodoxa griega enseña que el Espíritu Santo procede únicamente del Padre. Un sínodo de Constantinopla, presidido por Focio en el año 879 rechazó como herético el “Filioque” (y del Hijo) de los latinos, que fue introducido en el símbolo niceno-constantinopolitano en el tercer concilio de Toledo, el año 589.

* El segundo concilio ecuménico de Lyon de 1274 declaró: “Confesamos con fiel y devota profesión que el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo, no como de dos principios, sino como de un solo principio; no por dos espiraciones, sino por una sola espiración”.