Infalibilidad de la Iglesia

Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Jesucristo entega las Llaves de la Iglesia a PedroEl poder de enseñar tal y como Jesucristo se lo dio a su Iglesia, lleva consigo el privilegio de la infalibilidad, que consiste en una asistencia especial del Espíritu Santo, en virtud de la cual la Iglesia no puede engañarse ni engañar cuando enseña cosas de fe y costumbres.

La infalibilidad de la Iglesia, se desprende de los textos evangélicos en los que Jesús encarga a los Apóstoles su misión divina: «Id… Enseñad. Bautizad. El que no creyere, se condenará». Si la Iglesia pudiera equivocarse en sus enseñanzas religioso-morales, Jesús no nos obligaría a creer en la Iglesia bajo pena de condenación.

La Iglesia no puede equivocarse nunca en cuestiones de fe y costumbres porque el Señor prometió que estaría con sus Apóstoles hasta el fin de los tiempos y que les enviaría el Espíritu Santo para que les enseñase todas las cosas: «El Paráclito… El Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre os lo enseñará todo y os recordará todo lo que Yo os he dicho» (Jn. 14, 26). «El Espíritu de la Verdad os guiará hasta la verdad completa» (Jn. 16, 13).

Cuando la Iglesia enseña las verdades reveladas por Dios debemos creerlas con asentimiento interno y sin reservas. De no ser así, rechazamos al mismo Dios: «El que os escucha a vosotros a mí me escucha; y el que os rechaza, a mí me rechaza; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado» (Lc. 10, 16).

La Iglesia es infalible, no sólo al enseñar la verdad revelada por Dios, sino también al enseñar y precisar verdades o hechos íntimamente relacionados con la revelación divina.

La infalibilidad de la Iglesia radica en el Episcopado (los obispos con el Papa a la cabeza de ellos) y en el Papa por sí solo.

«Enseñamos y definimos ser dogma revelado por Dios que el Romano Pontífice, cuando habla «ex-cátedra», esto es, cuando, cumpliendo con su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y las costumbres debe ser aceptada por la Iglesia universal, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona de San Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la doctrina sobre la fe y las costumbres y, por tanto, que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia» (Concilio Vaticano I). «El Concilio Vaticano II ha recordado la misma doctrina del Vaticano I. 

Pío XII, en la Encíclica “Mystici Corporis”, dice: “Este sagrado magisterio ha de ser para todo teólogo en materias de fe y costumbres la norma próxima y universal de la verdad, como quiera que a él encomendó Cristo Señor el depósito entero de la fe, es decir, la Sagrada Escritura y la Tradición divina para custodiarlo, defenderlo o interpretarlo” (D 2313)… “Justamente con estas fuentes Dios dio a su Iglesia el magisterio vivo, aun para ilustrar y declarar lo que en el depósito de la fe se contiene sólo oscura e implícitamente. El divino Redentor no encomendó la auténtica interpretación de ese depósito a cada uno de los fieles ni a los mismos teólogos, sino sólo al magisterio de la Iglesia” (D 2314).

El Concilio Vaticano II enseña que «no podrán salvarse quienes, sabiendo que la Iglesia Católica fue instituida por Jesucristo como necesaria, desdeñaran entrar o no quisieran pertenecer a ella» (Constitución dogmática, Lumen Gentium, 4º 14).

Hemos leído 106

Pablo

Las Cortes de Cádiz

Beata María Purísima de la CruzEfectivamente, las Cortes de Cádiz, cuyo fruto político fue la Constitución de 1812. Era la primera vez que se establecía un corpus legislativo de claro sentido anticatólico en la historia de nuestra patria. Las Cortes de Cádiz partían de una clara contradicción política e intelectual. Por un lado querían representar la voluntad de resistencia patriótica contra el invasor francés pero por otro se inspiraban en las ideas políticas de la Revolución Francesa y establecían un régimen que anunciaba un estricto laicismo y, una clara subordinación de la Iglesia al gobierno. (Javier Navascués)

El odio a Dios

Estamos ante un mundo nuevo, que augura ser extremadamente violento, tanto a nivel de nuestra civilización como a nivel intelectual. Es significativo que, cuanto más se abren las fronteras, más hemos de refugiarnos en nuestras casas. Es una situación de locura y no puede explicarse si no es por el odio de nuestros políticos y de sus cómplices, los periodistas que están imbuidos de las mismas ideas, la principal de las cuales es el odio a Dios. (Dr. Reynald Secher – AVE MARÍA)

Decisión libre y razonable por el matrimonio

Los novios forman una pareja mutuamente deudora de conocimiento, fe mutua, fidelidad, respeto, ayuda, comprensión, reciprocidad, amor y franqueza, pero es un período de prueba, preparación y avance, no un matrimonio, y por ello su lazo de unión puede ser roto. Este conjunto de cualidades, así como la posible ruptura de la relación mutua, constituye lo esencial del noviazgo, puesto que de este modo se permite a ambos prometidos decidirse libre y razonablemente por el matrimonio. (Pedro Trevijano, Pbro. – INFOCATÓLICA)

Pensar en Dios

Primero, por la supresión de las causas de exteriorización, mediante la mortificación de los sentidos y el silencio. Nada produce tan gran recogimiento como la costumbre de pensar en Dios y hablar con Él presente en nuestras almas y exponerle confiadamente todos nuestros sentimientos y necesidades. Y pregunta el beato Guillermo José de Chaminade: «¿Cuál es para nosotros el modelo de este espíritu? Es la augusta María, que no ha vivido más que para Dios solo, y que llevaba a Dios siempre en Ella, con una perfecta sumisión a sus voluntades» (Escritos fundacionales 233). (P. Ramón Olmos mCR. – AVE MARÍA)

Un ambiente paganizado

En muchos ambientes, por desgracia, existe una cierta confusión acerca de los criterios morales en las relaciones afectivas entre novios, y no sólo por parte de los mismos interesados, sino también en los padres y educadores. La fuerte presión de un ambiente paganizado hace que incluso personas que han recibido una buena formación doctrinal, lleguen a pensar -quizá no del todo conscientemente- que las normas morales sobre el modo de comportarse en el noviazgo «ya no son tan exigentes como antes», o que hay que ser condescendientes con ciertas prácticas bastante generalizadas, que no son conformes a la ley de Dios. (Michele Díaz – AVE MARÍA)

Permanecer en silencio

Nuestra vida también será una vida silenciosa y la oración un hablar a Dios «con mi callado amor, el lenguaje que Él más oye» (san Juan de la Cruz). Nuestra tarea más importante consiste en permanecer en silencio ante este gran Dios, en silencio con nuestros deseos como también con nuestra lengua. «Hacer y padecer, todo envuelto en silencio: el alma que presto advierte en hablar y tratar, muy poco advertida está en Dios; porque cuando lo está, luego con fuerza la tiran de dentro a callar y huir de toda conversación» (san Juan de la Cruz, carta a las carmelitas de Beas, 22-11-1587). (TRINIDAD Y LIBERACIÓN)

El padre Solá habla del demonio (18)

La ciencia moderna tiene la tendencia de quererlo explicar todo por medios naturales. Como en realidad se ha llegado a un dominio de la ciencia extraordinario se ha llegado hasta lo que jamás se habría podido soñar, ya que se creen que todo son misterios de la naturaleza. Y lo que ahora nosotros hacemos y los antiguos no lo habrían sabido explicar, aquello lo habrían tenido como un milagro y nosotros lo estamos haciendo. Bueno, es verdad. Pero también hemos de mirar las cosas cómo las hacemos nosotros y cómo las hacen cuando hacen un milagro. (P. Francisco de Paula Solá S.J.)

Pudor y castidad  (102)

Una buena esposa ordena todos los elementos de su vida -trabajos, casa, vestidos, aficiones, viajes, amistades- siempre en función del amor a su marido; y ésta es, evidentemente, la actitud espiritual que deben tener la virgen y el célibe consagrados a Cristo. (José María Iraburu)

Miguicas 159

Padre Martínez m.C.R.

San Quintín* Hay quienes confunden el discernimiento, con el disentimiento. «Lo que yo digo», y ya está, nada más.

* Hay ciertas reuniones «ecuménicas» que mejor podrían llamarse, «Humo de Satanás en la Iglesia».

* El mundo oficialista, ha dado la espalda Dios . Millones de gentes sencillas, dan culto a Dios en todo el mundo.

* En la Iglesia Católica no hay que cambiar nada. Debemos mejorar con la ayuda de Dios, lo mejorable, de lo que hemos recibido.

* Es verdad que «El mundo está todo bajo el maligno» (1ª Juan 19) pero Jesús nos dará la «Victoria que vence al mundo» (1ª Juan 5, 4).

* Los tontolones quieren destruir todo, para crear de la nada un hombre nuevo, un mundo feliz. Se han olvidado del Cielo y del infierno.

 

 

 

El octavo día 6 – Cristo resucitado, presente entre nosotros IV

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

ejercicios mons. guerra campos2.73Es natural que, mientras caminamos, nos preocupe mucho la transformación inmediata de las condiciones del mundo. Sabemos que también ahí influye la presencia de Cristo resucitado.

Porque el auténtico amor al prójimo, que Él nos inspira, exige de todos nosotros una dedicación generosa para promover, con la mayor efectividad posible, el bien de todos, el desarrollo justo, la convivencia fraternal. De ahí puede resultar, y muchas veces ha resultado, una mejora de las condiciones temporales de la vida. El Evangelio es, sin duda, eficaz también para este mundo.

Pero se trata de una Sigue leyendo