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Imitación de Cristo XIII

20 miércoles Mar 2013

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buen, Cristo, ejercicios, imitación, propósito, religioso

Capítulo 19

De los ejercicios del buen religioso

 1. La vida del buen religioso debe resplandecer en toda virtud; que sea tal en lo interior cual parece de fuera.
Y con razón debe ser mucho más lo interior que lo que se mira exteriormente, porque nos mira nuestro Dios, a quien debemos suma reverencia dondequiera que estuviésemos, y debemos andar en su presencia tan puros como los ángeles.
Cada día debemos renovar nuestro propósito y excitarnos a mayor fervor, como si hoy fuese el primer día de nuestra conversión, y decir:
Señor, Dios mío, ayúdame en mi buen intento y en tu santo servicio, y dame gracia para que comience hoy perfectamente, porque no es nada cuanto hice hasta aquí.

2. Según es nuestro propósito, así es nuestro aprovechamiento; y quien quiere aprovecharse bien, ha menester ser muy diligente.
Si el que propone firmemente falta muchas veces, ¿qué será el que tarde o nunca propone?
Acaece de diversos modos el dejar nuestro propósito; y faltar de ligero en los ejercicios acostumbrados no pasa sin algún daño. El propósito de los justos más pende de la gracia de Dios que del saber propio; en Él confían siempre y en cualquier cosa que comienzan.
Porque el hombre propone, pero Dios dispone; y no está en mano del hombre su camino (Prov 16,9; Jer 10,23).

3. Si por caridad y por provecho del prójimo se deja alguna vez el ejercicio acostumbrado, después se puede reparar fácilmente.
Mas, si por fastidio del corazón o por negligencia ligeramente se deja, muy culpable es y resultará muy dañoso.
Esforcémonos cuanto pudiéremos, que, aun así, en muchas faltas caeremos fácilmente.
Pero alguna cosa determinada debemos siempre proponernos, y principalmente contra las faltas que más nos estorban.
Debemos examinar y ordenar todas nuestras cosas exteriores e interiores, porque todo conviene para el aprovechamiento espiritual.

4. Si no puedes recogerte de continuo, hazlo de cuando en cuando y, por lo menos, una vez al día, por la mañana o por la noche.
Por la mañana, propón; a la noche, examina tus obras: cuál has sido este día en palabras, obras y pensamientos; porque puede ser que hayas ofendido en esto a Dios y al prójimo muchas veces.
Ármate, como varón, contra las malicias del demonio; refrena la gula y fácilmente refrenarás toda inclinación de la carne.
Nunca estés del todo ocioso, sino lee o escribe, o reza, o medita, o haz algo de provecho para la comunidad.
Pero los ejercicios corporales se deben tomar con discreción, porque no son igualmente convenientes para todos.

5. Los ejercicios particulares no se deben hacer públicamente, porque con más seguridad se ejercitan en secreto.
Guárdate, empero; no seas perezoso para lo común y pronto para lo particular, sino cumplido muy bien lo que debes y te está encomendado; si tienes lugar, éntrate dentro de ti como desea tu devoción.
No todos podemos ejercitar una misma cosa; unas convienen más a unos y otras a otros.
También, según el tiempo, te son más a propósito diversos ejercicios, porque unos son mejores para las fiestas, otros para los días de trabajo.
Necesitamos de unos para el tiempo de la tentación y de otros para el de la paz y sosiego.
En unas cosas es bien pensar cuando estamos tristes, y en otras, cuando alegres en el Señor.

6. En las fiestas principales debemos renovar nuestros buenos ejercicios, e invocar con mayor fervor la intercesión de los santos.
De una fiesta para otra debemos proponer algo, como si entonces hubiésemos de salir de este mundo y llegar a la eterna festividad.
Por eso debemos prevenirnos con cuidado en los tiempos devotos y conversar con mayor devoción y guardar toda observancia más estrechamente, como quien ha de recibir en breve de Dios el premio de sus trabajos.

7. Y si se dilatare, creamos que no estamos preparados, y que aún somos indignos de tanta gloria «como se declarará en nosotros» (Rom 8,18) acabado el tiempo de la vida; esforcémonos en prepararnos mejor para morir. «Bienaventurado el siervo -dice el evangelista san Lucas- a quien, cuando viniere el Señor, le hallare velando; en verdad os digo que lo constituirá sobre todos sus bienes» (Lc, 12,43).

 

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Por Su Santidad Francisco.

14 jueves Mar 2013

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Sociedad Misionera de Cristo Rey: Cristo Cuenta Contigo

13 miércoles Mar 2013

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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SMCR 1

«Y, según caminaba por la orilla del mar
de Galilea, vio a dos hermanos –a Simón,
el que es llamado Pedro, y a Andrés,
su hermano– que echaban un retel al mar,
pues eran pecadores. Y les dijo:
-Venid detrás de mí y os haré pescadores de hombres.
Y ellos, en seguida,
dejando las redes, lo siguieron» (Mt 4, 18-20)

¿Quieres Seguirle?

SMCR 2

El Concilio Vaticano II señala dos:

La vocación a la santidad: Invitación que hace a todos y a cada uno de los cristianos a tratar de alcanzar la perfecta imitación de Cristo.

La vocación a la vida consagrada: Invitación que hace a determinadas personas destinadas al sacerdocio, a la vida religiosa o a vivir de una manera más plena el apostolado. Eso es lo que espera de ti Él con generosidad.

¿Cómo?

Dios, poco a poco va demostrando a cada persona cuál es su llamado por medio de las circunstancias:

1.- Invitación de una persona amiga a ingresar a un seminario, o Comunidad de Vida Apostólica.

2.- Una inclinación que se siente hacia el sacerdocio, la vida religiosa en comunidad o la consagración al apostolado laical.

3.- Una inspiración interna de dedicarse en plenitud a este ministerio. Para lo cual se necesita un tiempo para rezar, meditar, leer, comparar los pros y los contras y un buen asesoramiento espiritual para seguir la inspiración del Espíritu Santo.

4.- Saber que es un camino de santidad.

¿A QUÉ COMPROMETE?

Cuando Dios confía a una persona una misión u ocupación especial, se compromete a darle todas las gracias necesarias para cumplir bien esa misión.

El elegido se compromete a seguir a Cristo con todas las consecuencias, sin que le importe abrazar la pobreza; servir donde la obediencia disponga, trabajar aquí o allá; dejar padre o madre, vivir el celibato por el Reino de los Cielos.

ANTES DE DECIDIRTE

1.-    Mucha oración y frecuencia de sacramentos.

2.-    Recurrir a personas prudentes que entiendan.

3.-    Reflexionar y meditar a qué te expones.

4.-    No tener problemas con la castidad.

5.-    Valorar las propias fuerzas y cualidades.

6.-    Tener una inteligencia media.

7.-    Atracción por las cosas espirituales.

8.-    Ilusión por llevar almas a Cristo.

9.-    Desprendimiento de las cosas materiales en bien de las espirituales.

10.-  Facilidad por buscar el bien de los demás antes que el propio.

 

ES DEJARTE GUIAR
POR EL SEÑOR
Y DECIDIR CON FIRMEZA:

¡AQUÍ ESTOY, SEÑOR,
PARA HACER TU VOLUNTAD!

 

LA SOCIEDAD MISIONERA
DE CRISTO REY

Es un Instituto de Vida Religiosa Consagrada de Derecho Diocesano. Aprobada el 29 de Setiembre de 1994.

Es una Sociedad Sacerdotal de Vida Apostólica, pero admite también a miembros seglares que busquen la perfección evangélica, según el espíritu de la Sociedad, vivan su mismo fin misionero y colaboren con la Sociedad en su apostolado, conforme a sus reglas particulares y bajo su obediencia.

El Papa Juan Pablo II exhortaba con todo el afán apostólico que le caracterizaba: “El empeño misionero no tiene plazos e implica a todos los miembros de la comunidad cristiana, hoy como en los comienzos de la Iglesia”.

La Sociedad Misionera de Cristo Rey desearía ser para nuestro tiempo como un don del Corazón misionero de Jesús.

La regla primera que define su espíritu dice así: “El fin de nuestra Sociedad Misionera es, no solamente atender a la propia perfección cristiana sino con la misma gracia divina, procurar intensamente la santificación del prójimo en cualquier parte del mundo donde se espera más servicio de Dios”.

Nuestro Fundador: El P.José María Alba

SMCR 3

Un alma de Dios, fiel amante de su vocación, sabio y santo, joven y alegre, apóstol incansable de la juventud formador de sacerdotes y religiosas, hijo de la Iglesia.

Nuestro Espíritu

Seguir los pasos de San Ignacio de Loyola en el seguimiento de Cristo Rey ofreciendo nuestras
SMCR 4pobres acciones para obtener que todos los corazones reconozcan su Sagrada Realeza y así se establezca en todo el universo el Reino de su bendita Paz.

NUESTRA MISIÓN

  • Formación doctrinal y espiritual
  • Apoyo parroquial
  • Apoyo a comunidades
  • Animación de retiros espirituales SMCR 5
  • Jornadas Pastorales
  • Promoción Juvenil
  • Atención vocacional
  • Cursos Bíblicos
  • Pastoral sacramental
  • Colegios
  • Pastoral familiar

NUESTRO IDEAL

Misioneros de Cristo Rey

Misioneros de Cristo Rey

Vivir el misterio inmortal de Jesús inmolado para implantar por la Cruz su reinado de paz, de verdad, de luz.

¿DONDE PUEDES ENCONTRARNOS?

Si deseas más información nuestra, puedes escribirnos o visitarnos en:

España:

SOCIEDAD MISIONERA DE CRISTO REY

CTRA. DE CASTELLAR, 2

08181-SENTMENAT

(BARCELONA)

Tel. 93.715.34.08 – 93.715.31.14

Correo electrónico:

psuperior@misionerosdecristorey.org

Perú:

SOCIEDAD MISIONERA DE CRISTO REY

AVDA. DE LAS FLORES 119 – 141
URBANIZACIÓN SANTA MARIA
CHOSICA

Tel. 01. 360. 00. 56 – 519.977.422.828

Correos electrónicos:

pacostamcr@hotmail.com

pescuderomcr@gmail.com

A.M.D.G.

Salvar el Alma

13 miércoles Mar 2013

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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San Ignacio de Loyola dice que el alma se salva mediante la alabanza, reverencia y servicio de Dios. passionhomeSalvar el alma es terminar esta vida terrena en gracia de Dios para empezar a gozar eternamente de la gloria y felicidad del Cielo. Dios quiere que todas las almas se salven. Su misericordia infinita está al alcance de todos los hombres y mujeres: “Hijitos míos, os escribo esto para que no pequéis. Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, justo. El es la propiciación por nuestros pecados. Y no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo” (1 Jn. 2,2).

Si Dios quiere que todos los hombres se salven, a todos le ofrece la gracia necesaria para salvarse. El medio ordinario del que Dios se vale para llamar a la salvación a todos los hombres es la Iglesia Católica, fundada por Nuestro Señor Jesucristo y vivificada por el Espíritu Santo. La Iglesia nos transmite la gracia divina por medio de los sacramentos.

Salvar el alma, se dice pronto, pero se entiende con dificultad y a medias. Para entenderlo bien, sería preciso llegar a conocer internamente lo que es poseer a Dios en una felicidad eterna y lo que es el alma ¿Qué vale el alma?: La sangre de Dios hecho hombre derramada, gota a gota, en la Pasión para la salvación de todas las almas. El alma tiene un valor divino. San Ignacio estaba dispuesto a poner en peligro su vida por la salvación de las almas; y Santa Catalina de Siena besaba las huellas de los que trabajaban por la salvación de las almas.

El alma y Dios. ¿Cómo es Dios?, preguntaba el niño  Tomás de Aquino a los ancianos. Sabemos muy poco de cómo es Dios. Sabemos, estamos seguros, que Dios es la suma perfección, la suma bondad que saciará todos nuestros deseos de felicidad en el cielo. Dios es infinito en Sus perfecciones, nosotros imperfectos y miserables. Nuestro único afán: ¡Salvar el alma!.

La hermana de Santo Tomás de Aquino, le escribió pidiéndole que debería hacer para ser santa. El doctor angélico, le contestó: “Hermana mía, para ser santa te basta y es necesario por tu parte una cosa: ‘querer’; Dios no te negará su gracia”. Nos salvaremos eternamente si queremos salvarnos, pero queriendo de verdad; que ese querer se convierta en obras concretas”. Se nos brinda la gracia, a nadie falta:  “el hombre es quien falta a la gracia” (San Buenaventura). Nuestra santa Madre Iglesia pone a nuestra disposición todos los medios que necesitamos para salvarnos. Estamos en buenas manos. San Agustín: “¿Por qué no he de poder lo que otros han logrado?”

“ Se le acercó uno y le preguntó: Maestro ¿Qué obra buena he de realizar para alcanzar la vida eterna?”. Él le dijo: si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mt. 19,17). Una vez más: si quieres te salvarás. Hay que querer de veras, nada de veleidades: “quiere y no quiere a un tiempo el perezoso.” (Pro. 13,4) Querer de verdad es poner nuestra voluntad en sintonía con la voluntad de Dios. Hacer siempre y en todo la voluntad de Dios. No retroceder ante ningún sacrificio, no detenernos ante ninguna dificultad.

Es nuestro peregrinar hacia la vida eterna, debemos confiar siempre en la infinita misericordia de nuestro Dios. Es verdad que somos débiles y miserables, pero con San Pablo podemos decir: “todo lo puedo en aquel que me conforta” (Fil. 4,13). Porque, aunque no podamos salvarnos con nuestras débiles fuerzas, estamos seguros que no nos faltará la gracia que San Pablo alcanzó de Cristo: “te basta mi gracia” (2Cor. 12,9). Seamos muy generosos en nuestra colaboración con la gracia de Dios.

Un día y otro, siempre fieles a las gracias actuales, perseverantes hasta la muerte: “Seréis aborrecidos de todos por mi nombre, el que persevere hasta el fin, se salvara” (Mt. 10,22). Ante lasfotograma_pasion tentaciones, tribulaciones y sacrificios que aparezcan en vuestras vidas, ensancha el alma la consideración de la felicidad eterna que el Señor nos tiene preparada: “Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman” (1Cor. 2,9). “Dios espera ardientemente que se llene su casa. Es padre y le gusta vivir con todos sus hijos alrededor” (San Agustín).

San Juan Crisóstomo: “Si descuidamos el alma no podremos salvar ni el cuerpo: porque no ha sido hecha el alma para el cuerpo, si no el cuerpo para el alma” San Ignacio le decía al joven Javier en la Universidad  de Paris: “¿qué aprovecha al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?” (Mt. 16,26). ¿Quiero salvarme? Me salvaré. Para salvarme han de cooperar mi voluntad y la de Dios; y dios quiere salvarnos: “Dios quiere que todos los hombres se salven” (Tim. 2,3-4) Repetimos con San Agustín: “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”

 

¿Yo para qué nací? Para salvarme.
Que tengo que morir es infalible;
Dejar de ver a Dios y condenarme
Triste cosa será, pero posible.
¡Posible…! ¿y río y duermo
y quiero holgarme?
¡Posible…! ¿y tengo amor a lo visible?
¿Qué hago? ¿En qué me ocupo?
¿En qué me encanto?
¡Loco debo yo ser, pues no soy santo!

           

Pío XII: «Misterio verdaderamente tremendo, y que jamás se meditará bastante, el que la salvación de muchos dependa de las oraciones y voluntarias mortificaciones de los miembros del Cuerpo místico de Jesucristo, dirigidas a este objeto, y de la cooperación que Pastores y fieles  han de ofrecer a nuestro divino Salvador» (Mystici Corporis 1943,19).

 

P. Manuel Martínez Cano mCR

Imitación de Cristo XI

05 martes Mar 2013

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Capítulo 16

De sobrellevar los defectos ajenos

 1. Lo que no puede un hombre enmendar en sí ni en los otros, débelo sufrir con paciencia, hasta que Dios lo ordene de otro modo.
Piensa que por ventura te está así mejor para tu prueba y paciencia, sin la cual no son de mucha estimación nuestros merecimientos.
Mas debes rogar a Dios por estos estorbos, porque tenga por bien de socorrerte para que buenamente los toleres.

2. Si alguno, amonestado una vez o dos, no se enmendare, no porfíes con él, sino recomiéndalo todo a Dios, para que se haga su voluntad y Él sea honrado en todos sus siervos, que sabe sacar de los males bienes.
Desea y aprende a sufrir con paciencia cualesquiera defectos y flaquezas ajenos, pues tú también tienes mucho en que te sufran los otros.
Si no puedes hacerte a ti cual deseas, ¿cómo quieres tener a otro a la medida de tu deseo?
De buena gana queremos a los otros perfectos, y no enmendamos los propios defectos.

3. Queremos que los otros sean castigados con rigor, y nosotros no queremos ser corregidos.
Parécenos mal si a los otros se les da larga licencia, y nosotros no queremos que cosa que pedimos se nos niegue.
Queremos que los demás estén sujetos a las ordenanzas, pero nosotros no sufrimos que nos sea prohibida cosa alguna.
Así parece claro cuán pocas veces amamos al prójimo como a nosotros mismos.
Si todos fuesen perfectos, ¿qué teníamos que sufrir por Dios de nuestros hermanos?

4. Pero así lo ordenó Dios para que aprendamos a «llevar recíprocamente nuestras cargas» (Gál 6,2); porque ninguno hay sin ellas, ninguno sin defecto, ninguno es suficiente ni cumplidamente sabio para sí; antes importa llevarnos, consolarnos y juntamente ayudarnos unos a otros, instruirnos y amonestarnos.
De cuánta virtud sea cada uno, mejor se descubre en la ocasión de la adversidad.
Porque las ocasiones no hacen al hombre flaco, pero declaran lo que es.

Capítulo 17

De la vida monástica

 1. Conviene que aprendas a quebrantar en muchas cosas, si quieres tener paz y concordia con otros.
No es poco morar en los monasterios y congregaciones, y allí conversar sin quejas, y perseverar fielmente hasta la muerte.
Bienaventurado es el que vive allí bien y acaba dichosamente.
Si quieres estar bien y aprovechar, mírate como desterrado y peregrino sobre la tierra.
Conviene hacerte simple por Cristo, si quieres seguir la vida religiosa.

2. El hábito y la corona poco hacen, mas la mudanza de las costumbres y la entera mortificación de las pasiones hacen al hombre verdadero religioso.
El que busca algo fuera de Dios y la salvación de su alma, no hallará sino tribulación y dolor.
No puede estar mucho tiempo en paz el que no procura ser el menor y el más sujeto de todos.

3. Viniste a servir, no a mandar; persuádete que fuiste llamado para trabajar y padecer, no para holgar y parlar.
Pues aquí se prueban los hombres, como el oro en el crisol (Sab 3,6).
Aquí no puede estar alguno, si no quiere de todo corazón humillarse por Dios.

 

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Varios volumenes de apóx. 370 páginas. Precio volumen: 10 €. Pedidos: hnopablolibros@gmail.com

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

¡Por Cristo, por María y por España: más, más y más!

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