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san_pablo_1Nos toca a nosotros continuar la lucha contra los enemigos de la Inmaculada. Lucha titánica que comienza en nuestros propios corazones, arrancando nuestras inclinaciones desordenadas hasta alcanzar la pureza de alma de los hijos de María Santísima. Sí, antes morir que pecar. Oración intensa, penitencia, generosidad, abnegación, caridad, entrega absoluta al ideal. La devoción a la Virgen transforma los corazones, las familias, los pueblos y las naciones.

En nuestra lucha exterior sigamos el ejemplo de nuestros mártires que combatieron los nobles combates de la fe (1Tm 6, 12) hasta derramar su sangre por Cristo. Martirio que en nuestros tiempos se concreta en ir contra corriente, como pidió Juan Pablo IIa los dos millones de jóvenes reunidos en Roma. En este mundo agnóstico y materialista que ha dado las espaldas a Cristo, tenemos que vivir como auténticos hijos de Dios, fieles siempre al Vicario de Cristo. Nuestros contemporáneos necesitan testimonios vivos de amor y entrega a Cristo y a su Iglesia. Seamos fieles a las exigencias de nuestro bautismo: firmes en la fe en un mundo paganizado.

Nuestra lucha en defensa del reinado de la Inmaculada ha de mantenerse en todos los frentes. Personajes públicos impíos están creando estructuras de pecado que esclavizan en el vicio a niños, jóvenes y mayores. Leyes anticristianas promueven el desprecio de Cristo y de su santa Iglesia. Los hijos de la Virgen María debemos combatir intrépidamente para que la vida pública y privada se fundamente en la doctrina del Evangelio y de la Iglesia. Con la ayuda de Dios y su santísima Madre conseguiremos que las personas alejadas de Dios vuelvan a participar de la vida divina, por medio de la gracia santificante, que nos hace a todos hijos de Dios y herederos del cielo. La vida social y política, la economía y los espectáculos, todo ha de reestructurarse según el orden natural establecido por Dios todopoderoso.

Los acontecimientos que vivimos parecen indicar que estamos en los tiempos profetizados por San Pablo. Vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas (2Tm 3,3-4). Pero también estamos en la era de María: Medalla Milagrosa, Lourdes, Fátima… Y con María Santísima venceremos a todos los enemigos de su divino Hijo.

El cardenal Ratzinger ha dicho: Si la devoción a Nuestra Señora ha sido siempre esencial para la fe cristiana, hoy es más urgente que en otros tiempos de la historia de la Iglesia.

Semper cum Matre.

P.Manuel Martínez Cano, mCR

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