cosicasIsabel

Abogada, auxiliadora  

Con su amor eterno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual sin embargo ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador. (Lumen Gentium 62)

Mujer sacrificada

Edith stein

Es evidente que para todo esto se requieren las mismas actitudes de alma que necesita la esposa y la madre, sólo extendidas a un círculo más amplio de trabajo, y por lo generala un variado círculo de personas de quienes se exige una separación de los lazos de la sangre y por tanto una mayor fuerza espiritual. Además se pierden muchas fuerzas naturales instintivas que se encuentran en la comunidad viva, por lo que se necesita una mujer sacrificada.

La mujer más fina y delicada que el hombre

La mujer es más fina y delicada que el hombre. La hizo Dios así, pues tenía que tratar con esos capullos de vida, que son los niños. Y como la vida espiritual, toda es finura y delicadeza está más dotada para ella.

La mujer es más sacrificada que el hombre. Lo vemos todos los días. Si hay un enfermo en casa, el padre le vela una noche, si llega. La madre cuantas haga falta. Son incansables. Las hizo también Dios así, pues los trabajos de la maternidad son duros e inacabables. Si Dios no hubiera plantado en el corazón de la mujer una capacidad de sacrificio ilimitada, pobrecitos niños. Y como nuestra santa religión es religión de un Crucificado, el Señor al verlas semejantes a sí, se vuelca en ellas. (P. Jesús González-Quevedo, s.i.)

España como ninguna otra  

“España, el país al que se ha querido negar todo Renacimiento, demuestra en su fe, en su poesía popular, en todas las artes y ciencias, lo mismo que en sus costumbres, una tradición tan fuerte y tan persistente, en continua renovación, como ninguna otra nación en Europa”. (Karl Vossler)

 Tenemos que sufrir

“Todos somos pecadores, todos tenemos que sufrir, por las buenas o por las malas. ¡Qué poquitos pueden sufrir en plan de inocentes! Con inocencia total y perfecta, solamente Jesucristo Nuestro Señor y la Santísima Virgen Nuestra Señora, la Corredentora del mundo, la Reina y Soberana de los mártires. Ellos no tenían nada que sufrir por sus pecados personales, puesto que no tenían absolutamente ninguno; pero habían querido representar, voluntariamente, a todos los pecadores del mundo y tuvieron que padecer aquel espantoso martirio. Padeciendo en plan de inocentes, para salvar al mundo entero”. (P. Royo Marín, o.p.)

Justicia y misericordia de Dios

  San Anselmo, dirigiéndose a Dios, dice: “Perdonando a los malos, eres justo según tu justicia y no según nuestras obras, como eres misericordioso para nosotros y no en cuanto a ti. Al salvarnos a nosotros, a quienes tu justicia debía condenar, eres misericordioso, no en cuanto experimentas un movimiento de piedad extraño a tu naturaleza inmutable, sino en el sentido que nosotros mismos sentimos el efecto de tu bondad; del mismo modo eres justo, no en el sentido de que pagas nuestras acciones con el precio que les es debido, sino en que obras en virtud de tu perfección soberana. De esa manera castigas justamente y perdonas justamente, sin que haya en ti contradicción”.

Obra diabólica

 “Ante hechos de este tipo, ensalzamiento de la homosexualidad, siempre me pregunto: “pero ¿cómo es posible que en la mente del hombre se oscurezcan evidencias tan originarias, cómo es posible?” Y he llegado a la siguiente respuesta: “todo esto es una obra diabólica”. Literalmente. Es el último desafío que el diablo lanza a Dios creador, diciéndole: “Yo te enseño cómo construyo una creación alternativa a la tuya y verás como los hombres dirán: se está mejor así. Tú les prometes libertad, yo les propongo arbitrio. Tú les das amor, yo les ofrezco emociones. Tú quieres la justicia, yo la igualdad perfecta que anula toda diferencia”. (. . .) Estamos, por consiguiente, frente a la intención diabólica de edificar una creación alternativa, desafiando a Dios con la intención de que el hombre acabe pensando que se está mejor en esta creación alternativa”. (Cardenal Carlo Caffarra)