Ascension1Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Preludios de la Ascensión. -Jesús resucitado no debía ya permanecer en este mundo. -Como Dios, nunca dejó el Cielo, su morada…, pero como hombre, tenía derecho a la posesión del trono que había ganado con su Pasión, con su muerte y con su triunfo sobre el pecado.

-La Ascensión es el complemento de su glorificación, pues con ella debía adquirirla plenitud de la gloria, al entrar en el Cielo. -Él pecado había cerrado las puertas del Cielo… Cristo las debía abrir de nuevo. -Sólo a Él le correspondía este honor. -Para eso había bajado del Cielo. -La obra, ya estaba terminada. La Redención se había consumado. -Los hombres ya podían volver a mirar al Cielo como a su verdadera patria. -Él mundo no es más que un destierro completo. -Él Cielo, nuestro fin…, nuestra meta…, nuestro descanso.

Ya habían pasado los cuarenta días de preparación a esta solemnidad. -Cristo había hecho múltiples apariciones para confirmar la fe de sus discípulos y la realidad de su, resurrección. -¡Cuantas veces en estos cuarenta días, no visitaría a la Santísima Virgen! -Ya no convivía con Ella como antes de morir…, pero qué consuelo para la virgen al recibir quizá diariamente, la visita de su Hijo. ¡Cómo se renovarían todas las alegrías y gozos del día de la Resurrección! -¡Cuántas gracias la concedería su Hijo y cuántas cosas la enseñaría en aquellas dichosas, visitas!

Suplica a la Santísima Virgen que tú también sepas así visitarla, para acompañarla y consolarla.

Pídela que te enseñe alguna de esas muchas cosas que Ella sabe y que a ti te convienen…, que te regale con alguna de aquellas gracias que la dio su Hijo en aquellos días…

Realización de la Ascensión. -Jesús se aparece por última vez a sus Apóstales y discípulos, y les conduce al monte de los Olivos. -Allí empezó su Pasión…, allí Juzgara un día al mundo…, allí quiso que se efectuara su Ascensión. -¡Que recuerdos traería a todos la presencia de aquel lugar! -¡Qué pensaría la Santísima Virgen entonces! -¡Qué cambio tan enorme! -¡Qué escena la de hacía cuarenta días y la que tenía ahora a la vista! -Si aquellas piedras, testigos de su ago­nía… y de su sudor de sangre…, si aquellos olivos que presenciaron su prendimiento pudieran hablar, ¿qué dirían ahora? -Nunca olvides esto en tus luchas dolores y sufrimientos…; todo pasa y pronto y muchas veces lo que fue causa o instrumento de nuestro dolor, lo es de nuestra alegría… y lo será siempre de nuestro triunfo…, de nuestra gloria y felicidad en el Cielo.

Delante, pues, de todos aquellos que le acompañaron y la Santísima Virgen, de la que especialmente se despediría…, haciéndola ver con más claridad que a los demás, cuán conveniente era que se fuese al Cielo…. comenzó a transfigurarse…, su rostro resplandeció como un sol…, sus ojos brillaron con amorosa luz…, sus manos se levantaron solemnes para bendecirles, y de sus llagas, hermosísimas y gloriosísimas, comenzó a salir un suavísimo olor que les confortaría el corazón. -Todos se despidieron de Él…, quizá besando las llagas de sus manos y de sus pies… La Santísima Virgen se adelantaría a tocar y besar por última vez la dulcísima llaga de su Costado… y así, suavemente…, lentamente…, con movimiento al principio casi imperceptible… con los ojos fijos en su Padre que le llamaba… comenzó a elevarse de la tierra y subir a los Cielos.

Mira a los Apóstoles quedarse extáticos contemplando aquel espectáculo…; parecen ignorar en qué va él terminar aquello…, pero, sobre todo, contempla a la Santísima Virgen siguiendo con sus ojos a su divino Hijo… ¡Con qué ansia!… ¡Con qué dulce envidia se quedaría mirándole!… Una nube lúcida le envolvió y los Apóstoles ya no le vieron más. Para Ma­ría no habría nubes… sus ojos maternales atravesarían todas las que se interponían…, salvarían todas las distancias… y vería la entrada triunfal de su Hijo en el Cielo, entre el tropel de almas sacadas del Limbo de los Justos… y el cantico glorioso de los ángeles todos. -Alégrate con este triunfo de Jesús, del que participa la Santísima Virgen y suplícala por su intercesión y por los méritos de su Hijo, que también tú participes del mismo en el Cielo.

Efectos de la Ascensión. -A) En la Santísima Virgen: un gozo grande… una alegría inmensa… una satisfacción cual sólo Ella, como Madre de Jesús, podía sentir…; un amor cada vez más intenso a Dios, al ver completa y terminada la obra amorosísima de la Redención. -¡Cuál sería su agradecimiento a Dios! -Pero al mismo tiempo, ¡qué pena!, ¡qué tristeza la suya al verse separada de Jesús!… Ya no sólo no viviría con Él… sino que no volvería a verle… ni a recibir sus visitas… ¡Qué pesada se la haría la vida!… ¡Qué largo e insoportable el destierro!… Y esta separación debería durar años y años…, sin aquel Hijo por quien tan tiernamente había vivido… Sólo quien ama puede apreciar este sacrificio de la Santísima Virgen. -Mas Ella se sujeta a él generosamente… como lo había hecho en el Templo y en el Calvario. -Una vez más agradece esta caridad de la Santísima Virgen en favor nuestro.

  1. B) En los Apóstoles. -Los efectos fueron de admiración y de gozo inmenso. -No se saciaban de mirar al Cielo -Esta mirada les infundía gozo y valor a la vez ¡Cuántas veces en sus trabajos y sufrimientos esta mirada al Cielo les alentaría!

Además, se aumentó su fe en gran manera, al ver el fin glorioso que habían tenido las cosas de su Maestro. -Ahora comenzaban ya a conocer cuál era y dónde estaba su reino… Igualmente su esperanza se confirmó con la promesa del Espíritu Santo y con la palabra que les dio de llevarles adónde Él iba. -En fin, la caridad se dilató aumentándose en su corazón el aprecio y amor que le tenían, pues ahora es cuando se convencieron de cuánto les había amado su Maestro…

  1. C) En nosotros. -Pide a la Santísima Virgen algo semejante en tu corazón; que te afiances en la fe… en la esperanza del Cielo… en la caridad y amor hacia Jesús. -Que te enseñe a mirar al Cielo como los Apóstoles… sobre todo, en las cosas arduas de la vida… y que te ayude a despegarte de todo lo terreno, poniendo tu corazón sólo en Dios y en el Cielo… que esto único que debe llenarte… -Esto te animará al trabajo…, al sacrificio… a la exactitud en el cumplimiento de tu deber… y te llenará de santa alegría, pues como dice el Kempis: «Él que piensa y espera en el Cielo no puede tener en la tierra un solo momento de verdadera tristeza:»