ciencia y feManuel Mª Domenech Izquierdo

El Fracaso de los Modelos

Prueba de la falsedad de lo urdido por la imaginación sobre las abstracciones matemáticas, es el fracaso de los modelos a lo largo de la historia. El caso más claro, aceptado ya por todos los científicos actuales, es el de la vieja teoría del “calórico”.

Dijimos que el proceso mental que tiene lugar en el que hacer científico es el siguiente: de una atenta observación del mundo que aparece patente a nuestra sensibilidad, se sospecha la existencia de una relación cuantitativa, siempre constante, entre una serie de medidas tomadas sobre los componentes de un sistema identificable de alguna manera en distintos lugares y tiempos. Si se tiene, por ejemplo, un litro de agua a punto de hervir y otro a punto de congelar y se mezclan, se hallará, midiendo sus temperaturas con un termómetro de dilatación lineal, que la temperatura de la mezcla es la media de las otras dos.

Se imagina seguidamente un modelo que podría ser un fluido, que históricamente se llamó “calórico”, que está mezclado con los cuerpos calientes, cuya densidad determina la temperatura de los mismos, y que, en nuestro caso, al mezclar los dos litros de agua, se reparte de manera que la temperatura resultante es el promedio de las de los dos litros de agua separados. He utilizado a propósito este ejemplo, para hacer ver la futilidad del modelo con una hipótesis que, modernamente, la misma ciencia se ha encargado de despreciar, como debemos hacer con todos los modelos, incluso con los que la ciencia todavía utiliza.

En 1798, Benjamín Thompson, Conde de Rumford, viendo fabricar cañones, observó que no parecía haber límite en el calor emitido por un cuerpo frotado. En este caso eran los propios cilindros de bronce, al ser taladrados. El calor que salía era tanto, que no podía estar dentro. El calor no podía ser un fluido y el calórico dejó de existir.

Toda abstracción cuantitativa supone siempre una simplificación. Evidentemente lo separado es menos que el conjunto de donde se tomó. Sin embargo, dado lo poderoso que puede resultar lo simple, se puede llegar a confundir con lo real.

El modelo es por utilidad práctica algo simplificado y más sencillo que la realidad. Eso llevó a Descartes a no aceptar más que las ideas claras y distintas, lo que le cerraba el paso a la infinitud, profundidad y altura de la verdad. “Cette inexprimable sentiment de mystére des choses où notre esprit s’abime dans un rayonnement de beauté…” dice Marcel Proust. (Este indescriptible sentido misterioso de las cosas donde nuestro espíritu se abisma en un destello de belleza).

Pero en las escuelas, por incapacidad de los maestros sólo se explica el primitivo materialismo, con lo que se sigue haciendo el mismo daño a las mentes jóvenes. Por eso es importante profundizar. Hay que afrontar el problema sin prejuicios y darse cuenta de que la crisis de la ciencia de los modelos y representaciones renacentista, es algo irreversible, verdadero, lógico y de consecuencias muy fructíferas.