Pentecost_s._Restout_Jean_II_1732_Museo_du_Louvre_Par_sIldefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

No sabemos nada de cierto, pero es fácil adivinar cuál sería la vida de la Santísima Virgen en sus últimos años.

Vida de oración. -Siempre tuvo la Virgen vida de oración, ya que nunca perdió la presencia de Dios ni antes ni después de la Encarnación. Pero, al fin de su vida, esta oración tuvo que ser aún todavía más intensa si cabe. -¿Cómo iba Ella a estar ni un momento sin pensar en su Hijo querido?…, ¿no le recordaría sin cesar?… ¿No estaría incesantemente acordándose de sus palabras…, de sus milagros…, de su predicación…, de su Pasión y muerte…, de su Resurrección y Ascensión…, de su amor, en fin, a los hombres?

Dice el Evangelio que Ma­ría guardaba todo lo que decía Jesús, ya desde Niño, en el fondo de su corazón, y que a solas lo meditaba… Pues, ¿sería posible que viviera ahora sin esta meditación Ella, que no vivía sino de Jesús y para Jesús?

Por otra parte, ya había terminado sus obligaciones de Madre… Las ocupaciones de la casa, ya no la llevaban tiempo…. vivía amorosamente cuidada, en casa de San Juan. -Por tanto, todo el tiempo lo emplearía en hablar y conversar con su Hijo y con su Dios. -Es muy natural suponer que con gran frecuencia, quizá a diario, visitara los lugares santificados por su Hijo. -Acompáñala en estas visitas y la verás entrar en el huerto de los olivos y allí pasar largo rato recordando y contemplando la agonía de Jesús en aquella cueva… Mírala luego subir al Calvario…, después recorrer, una a una las estaciones del Viacrucis, y postrarse en el lugar de la crucifixión… y besar la losa del santo sepulcro… y volver una vez más, por aquel mismo camino de amargura, que en el día de su soledad Ella recorrió.

Pide a la Santísima Virgen que te deje subir con Ella y seguirla en estos pasos… singularmente cuando haces el Viacrucis, o meditas en la Pasión. -Piensa, pues, ¡cuán devota y amorosa sería esta oración de la Virgen!… y avergüénzate de la tuya…, ¡tú, que tienes mucha más necesidad de orar y meditar que Ella!…

Vida de fervor. -Si no hay santidad sin fervor…, ¿cuál sería el de la Virgen, ya que su santidad fue tan elevada?:.. ¿Concibes ni siquiera la posibilidad de que hiciera algo de cualquier manera…, desganada…, a la fuerza…, tibiamente? -Mírala más bien esforzarse en todo momento por servir a Dios como verdadera esclava suya, cada vez más y mejor…, aumentando su caridad…, su rectitud de intención…, su interés sumo en cada obra.

En la vida de perfección, solo el detenerse es ir hacia atrás… Pues imagínate el continuo crecimiento de las virtudes en la Virgen y… ¡cómo correría por la cumbre altísima de la santidad!… Avergüénzate ante Ella y piensa: Ella siempre pura…, siempre santa…, siempre llena de gracias…, aspira, sin embargo, a más y mejor, sin detenerse, sin decir nunca basta… ¿Y tú qué haces…. Responde con franqueza lo que diga tu corazón…

Vida Eucarística. -Ciertamente que su vida tuvo que ser, en estos años, eminentemente eucarística… ¡Quién pudiera comulgar como Ella comulgaba! -Si la Comunión es la unión más íntima del alma con Dios, ¿cómo la haría Ella?.. ¿No la parecería que de nuevo se renovaba la Encarnación… y que al recibirle en la Comunión; otra vez sentía la presencia efectiva, real y verdadera de su Hijo? -No dudes que ni un solo día podría pasar sin comulgar…, que la Comunión sería para Ella el acto central de cada día y… que las horas todas le parecerían pocas, para prepararse y darle gracias.

Y si una Comunión bien hecha, basta para hacer santos, ¿qué haría en el alma de la Virgen? Calcula los efectos que ha producido en tantas almas buenas… ¡Cuántas ha habido enamoradas…, locas de amor por la Eucaristía!…, y comprende si puedes, lo que sería la Santísima Virgen. -Tú también debes centrar toda tu vida en la Eucaristía -La Comunión…, la visita al Santísimo deben ser los actos más importantes de ella…; pero acuérdate de la Santísima Virgen…, imítala ruégala…., hazla dulce violencia para que no te deje y te enseñe a comulgar con fervor…

4:º Vida de sacrificio. -A) En la obediencia, no sólo a la ley evangélica, sino a todo lo que San Pedro y los Apóstoles ordenaban en bien de la Iglesia. -Nunca se exceptuó, ni se creyó dispensada de nada…, la primera en obedecer y sujetarse a todo…, viendo en los que mandaban a los representantes de Dios… y en sus mandatos, la voluntad divina.

  1. B) En la pobreza, viviendo de limosna, como su Hijo había vivido, y contentándose con lo que los Apóstoles distribuían a las viudas y a los demás fieles…, sin consentir que se hiciera con Ella distinción de ninguna clase. -Muchos creen que tanto amó a la pobreza, que había visto practicada con tanto fervor y amor por su Hijo, que fue la primera en hacer voto de la misma…, siendo el modelo de las almas que después, a imitación suya, eligieran voluntariamente este modo excelente y santificador de vida.
  2. C) En la mortificación, guardando la templanza y abstinencia de modo admirable y celestial, como dice San Ambrosio… comiendo siempre manjares ordinarios y añadiendo frecuentes ayunos y penitencias, como Ella misma lo reveló a Santa Isabel. -Del mismo modo consta, que dormía lo más indispensable para vivir, pasando gran parte de la noche en vigilia, para poderse entregar más a la oración. -En cada uno de estos puntos haz un poco de comparación entre tu vida y la suya… y comprenderás qué poco espíritu de mortificación es el tuyo… y cómo te engañas cuando crees haber hecho mucho en tus pequeños sacrificios.

Vida de pureza y castidad virginal. -Siempre Virgen, parece que al fin de su vida quiso aún mostrarse más enamorada de esta flor virginal. -Como si en ella quisiera dejarnos el recuerdo más perfumado de sus virtudes…, su testamento para nosotros el más querido y digno de ser imitado -Esa es nuestra Madre…, «la Virgen de las Vírgenes»… a coro la Iglesia la llama «la misma virginidad» cuando dice: «Santa e inmaculada Virginidad, no sé con qué palabras te pueda alabar dignamente.» Imita en tu Madre aquella modestia exterior en sus ojos…, en sus palabras…, en todo su semblante… y con esa modestia, esconde avaramente en el fondo de tu alma el tesoro de tu pureza y castidad…

En fin, vida de caridad y amor a las almas. –Pidiendo por todos, en especial por los pecadores…, ¿no se deberían a estas oraciones aquellas primeras conversiones milagrosas que obraron los Apóstoles?… ¿Cómo pediría por los perseguidores? ¿Cómo lo haría por Saulo para llegar a hacer de él un San Pablo? -Además, este amor a las almas se manifestaba ayudando a todos con sus palabras…, enseñando los misterios de la Fe que Ella tan bien conocía… y alentando a los fieles en especial con su ejemplo… ¡Qué predicación tan eficaz para todos la de su vida!… -¿Por qué no es así la tuya? . Suplica a la Virgen que se interese por ti… y pida al Señor por ti, para que te alcance el saberla imitar en algo de su vida santa, pura e inmaculada.