vida religiosaPadre Jesús González-Quevedo, S.I.
Salamanca, 1971

La razón para todas las sociedades y todos los Institutos Religiosos, aunque no en el mismo grado, es la que dio Torras y Bages, después de leer nuestras Constituciones: ¡Pobre Compañía de Jesús, el día que tenga malos Superiores! Día, que jamás llegaría, de seguirse en el nombramiento de éstos los criterios de las Constituciones, al hablar del P. General (P. 9ª cap. 2º).

Habrá que tomar medidas drásticas, que naturalmente serán dolorosas y de penosas consecuencias; pero ni éstas, ni los muchos que saldrían ante una reforma enérgica y razonable, deben ser temidas; pues aparte del gran número de débiles y miedosos, que se pondrían en línea en cuanto vieran que los Superiores pasaban a los hechos, como hoy se dejan llevar de la corriente contraria, ésos muchos acabarán saliendo; me remito a los hechos. También son penosas las intervenciones quirúrgicas y extirpaciones de un órgano o varías, y sin embargo son a veces necesarias para salvar a todo el viviente. De la misma manera, siempre será preferible la salida o expulsión de centenares y aún millares de religiosos inobservantes y aseglarados a la autodisolución de toda una orden. ¡Recuérdese la reforma de Cisneros! Hubo religiosos, de entre los muchos qué salieron; que se fueron a Oraán a vivir como mahometanos. ¡Pero, la floración de santos, que se dio después en nuestra patria, en cantidad y calidad asombrosa, sigue siendo la admiración del mundo!