vida-contemplativaPadre Jesús González-Quevedo, S.I.
Salamanca, 1971

Es el consejo del Salmista: Quaerite Dominum…, quaerite faciem ejus semper. «Buscad al Señor…, buscad siempre su rostro, es decir su presencia» (Ps. 104, 4); pues el que ama, siente la ausencia del ama­ do. Consiste ésta en que nuestro Dios es un «Dios escondido» (Is. 45, 15) a quien ni los sentidos, ni el entendimiento, ni la misma contemplación infusa, llegan a conocer sicuti est, «como es» (1ª Jn. 3, 2).

Así aprenderemos, como primera lección, por la que suspira insistentemente la liturgia: doceas rios terrena despicere et amare coelestia, a despreciar las cosas terrenas y amar las celestiales (5), para las que hemos nacido, como decía San Estanislao de Kostka: Non sum natus praesentibus sed tuturis. «No he nacido para las cosas presentes, sino para las futuras».

Ese único y eterno camino lo sintetizó San Juan de la Cruz en su Suma de la perfección:

Olvido de la creada,
memoria del Creador,
atención a lo interior
y a estarse amando al Amado.

Cumbre a la que se llega practicando aquel otro consejo del Santo: «Refrene mucho la lengua y el pensamiento, y traiga de ordinario el afecto en Dios y calentársela ha el espíritu divinamente» (6)

Esa vida verdadera vivió San Antonio de Lisboa en Sicilia. De estudiante brillantísimo en la Universidad de Coimbra pasa al África buscando el martirio. De vuelta a la península, un huracán da con él en Sicilia. Le dice al Guardián que podrá servir para barrer las celdas de los frailes y fregar las escudillas de la cocina. Y barriendo y fregando se pasa una de las mejores temporadas de su vida, aquella lumbrera de Coimbra, hoy Doctor de Ja Iglesia. A este trabajo exterior acompañaba una vida interior dulcísima. De uno de sus sermones podemos deducirla: Meminerim te, intellexerim te, dilexerim te. Señor, que me acuerde de ti, que te conozca, a ti, que te ame a ti (7). Y en acordarse de Dios, pensar en Dios y amar Dios, se ocupaba el Santo, mientras fregaba y mientras barra. Nadie hacía caso de él y él no hacía caso de nadie. Hasta que un mal día, con la sencillez franciscana de aquellos tiempos de «las florecillas», mandaron predicar al barrendero, que era un sabio orador Y… se le acabaron los dulces días. Fue nombrado predicador y profesor de teología…

De este modo, con oración y acción, ora et labora, la vida mixta se hace dulce y sabrosa. Con sólo la acción, con sólo el trabajo, la vida se hace insoportable. El hombre no es una bestia de carga. El hombre tiene corazón con poderosas e incoercibles aspiraciones magníficamente expresadas por los místicos de todos los tiempos y por los existencialistas ateos del nuestro.

El hombre es una pasión inútil», escribió Sartre (L’être et le néant) y vio bien, aunque vio poco. Después de haber alcanzado metas cada vez más altas, después de haberlo experimentado todo Y gozado todo, no le queda más que vacío de corazón Y sequedad de alma. Más y mejor vio San Juan de la Cruz en «Llama de Amor Viva»:

“…las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego”,
no pueden quedar llenas
sino con la presencia del Querido.

Indudablemente los extremos se tocan. Ambos perciben la gran indigencia del hombre cuyos sentidos y potencias padecen un hambre inextinguible. Nunca se hartan de ver, de oír, de gustar, de conocer ni de amar. Son un abismo sin fondo. Por mucho que oigan, que conozcan y que amen, siempre les queda capacidad para oír, conocer y amar más y más. ¡Qué grande es el alma! «Ni yo mismo -dice San Agustín- soy capaz de abarcar todo lo que soy» (8) Esta capacidad, en cierto modo infinita, no se puede llenar con satisfacciones finitas. Pretenderlo es la causa de la frustración, hastío y angustia del hombre moderno. Sólo Dios, infinito, colmará esas ansias y deseos, como vio San Juan de la Cruz y vieron siempre las almas iluminadas.

Fray Luis de León clama en su Noche serena:

¡Oh!, despertad mortales;
mirad con atención en vuestro daño;
las almas inmortales,
hechas a bien tamaño
¿podrán vivir de sombra y sólo engaño?

(5) Cf . las postcomuniones de la 2.ª dominica de adviento y del Sagrado Corazón; las colectas de las Misas de S. Pedro Damiano (23 de febrero), de S. Casimiro (4 de marzo), etc.

(6) Dichos de luz y de amor, Puntos de Amor, 1.

(7) Las resonancias agustinianas son manifiestas. El gran africano dice que el alma es imagen de Dios, porque puede meminisse, et intelligere, et amare a quo facta est. Quod cum facit sapiens ipsa fit (De Trinitate XIV, 12, 15. PL 42, 1048. Item XV, 20, 39; 28, 51 PL 1088 Y 1098).

(8) Conf . X, 8, 15.