vida religiosaPadre Jesús González-Quevedo, S.I.
Salamanca, 1971

El problema de la vida mixta es compaginar la vida activa con la contemplativa, entregarse y reservarse, darse a los hombres sin perder la unión con Dios.

Es problema difícil, no cabe duda; pero tiene solución con la ayuda de Dios y nuestra cooperación generosa y prudente. Pues Dios, como es sabido y enseña el Angélico, da a todas .las cosas los auxilios con que puedan conseguir la perfección de su naturaleza.; por eso a .quienes llama a un estado de vida les da .cuanto necesitan para conseguir la perfección de su estado, si no ponen impedimento ellos (14).

Me ocurre una propuesta, que· de momento será mal recibida por las almas contemplativas, religiosas principalmente, pero que con el tiempo podría llegar a imponerse.

¿No podrían los Institutos de vida contemplativa, sin perder nada ellos, ayudar a sus hermanos: de vida mixta? ¿No convendría en estos tiempos de aggiornamento, pensar en el gran bien que las almas contemplativas podrían hacer a las de vida mixta?

Es un hecho manifiesto la atracción de la clausura sobre los religiosos de vida mixta. Es frecuentísimo encontrar en los monasterios de clausura de las distintas familias religiosas: carmelitas descalzas, agustinas recoletas, dominicas, clarisas…, almas que anteriormente estuvieron en la vida mixta. Lo mismo, aunque en proporción inferior, ocurre entre los varones: cistercienses, trapenses, cartujos, jerónimos…, de historia tan gloriosa en España, hoy felizmente restaurados.

La Priora de Benifasar, único monasterio de cartujas existente en España (hay otros cuatro en el extranjero), me decía no hace mucho que en los dos años escasos que llevaba fundado el monasterio habían tenido treinta y tantas peticiones de religiosas de otros Institutos. Ponderaba con razón que en tan poco tiempo y sin propaganda de ninguna clase parecería a muchos inexplicable. Desde luego, a cuantos ignoren la atracción de la gracia; y de la soledad y clausura, sentida con tanta fuerza aun por los seglares, que viven en medio del barullo y agitación de la vida moderna.

Por el contrario, es rarísimo entre almas de vida contemplativa encontrar una que suspire por la vida activa o mixta. Yo al menos no he encontrado ninguna, aunque por razones ajenas a la acción o contemplación haya oído alguna duda con paz, rendimiento y sumisión absolutos.

A unas y otras, en general (puede haber excepctones), habrá que proponer una de las sapientísimas razones que tuvo San Ignacio para no admitir en la Compañía a religiosos de otros Institutos:

«Paresciéndonos en el Señor nuestro, que cada buen cristiano debe estar firme en la su primera vocación; mayormente quando aquélla es tanto santa; y donde dejado todo el século, se dedica uno en todo a mayor servicio y gloria de su Criador y Señor» (15).

Pero permaneciendo firmes en su primera vocación, hay otra razón poderosísima para preguntarse si las religiosas de clausura no podrían ayudar a sus hermanas de vida mixta, y éstas a su vez a aquéllas, en especial dentro de su misma familia. En muchas órdenes religiosas: carmelitas, agustinos, dominicos, franciscanos… vemos que del mismo tronco brotan ramas diversas con distintos géneros de vida religiosa.

Ahora bien, es otro hecho también manifiesto el bien que a todos nos hacen las almas totalmente apartadas del mundo, saturadas de silencio y soledad, que viven sólo para Dios, «solas con EI sólo», en expresión de nuestra santa castellana (16).

  1. Comentario in 2 cor. cap. 3, lectio 2. Es la llamada gracia de estado. Oigamos de nuevo al Angélico: «Cuicumque detur potentia aliqua divinitus, dantur ea per quae exsecutio illius potentiae potest congrue feri». Suppl., q. 35, a. 1, c.; q. 42, a. 3, c.
  2. Const. S. J. Examen, c. 2, n. 6. SANTO TOMAS, en la Suma Teológica 2, 2 q 189 a 8, en realidad había dicho lo mismo, aunque por tratar la cuestión expresamente, señala tres causas por las cuales se puede pasar laudablemente de una religión a otra.
  3. Vida, 36, 29. Tres siglos después, Sor Isabel de la SS. Trinidad describe su celda: «Una tarima, una sillita es todo mi ajuar. Pero está llena de Dios… ¡Qué bien estamos allí los dos!». Obras Completas (Ed. de Espiritualidad, Madrid, 1958). Recuerdos, 6. El postulantado, p. 116.