P. Manuel Martínez Cano mCR.

Me ha escrito un antiguo alumno, “asustado”, porque el Papa Francisco ha dicho que “la muerte de Cristo es un hecho histórico, pero que su resurrección no lo es; es un acto de fe” Vaya por delante que yo creo que el Papa es el Vicario de Cristo en la tierra, el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica y que, cuando habla “ex cathedra”, es infalible. En España siempre hemos tenido devoción particular al Santo Padre.

Partiendo de que sea verdad que el Papa Francisco ha dicho esas palabras, no hay por qué asustarse. No es lo mismo que el Papa hable ex cathedra, que haga unas declaraciones a unos periodistas en el avión o que predique una homilía en la casa de Santa Marta.

Mi antiguo alumno estaba asustado porque, en mis clases, siempre he enseñado que Cristo realmente resucitó. Más aún que el hecho de la resurrección de Cristo era para los apóstoles el fundamento de su fe en Cristo. Porque, “sí Cristo no resucitó vana es nuestra fe”, decía San Pablo. Si no resucitó Cristo, nuestra religión es una leyenda, un mito.

Además del texto de religión tenía tres libros de consulta para mis clases de religión, sobre mi mesa: el Magisterio de la Iglesia, de Enrique Denzinger, Manual de Teología Dogmática de Ludwig Ott y Teología del Dogma Católico del padre Javier de Abárzuza O.F.M.

Transcribo unos textos.

En el símbolo de la fe de San León IX (1049-1054) leemos: “fue sepultado y resucitó de entre los muertos con verdadera resurrección de la carne, y por solo confirmarla comió con sus discípulos, no por necesidad de algún alimento, sino por sola su voluntad y potestad” (Denzinger 344).

En la carta Eius exemplo de Inocencio III (1198-1216) “Jesús murió con verdadera muerte de su cuerpo, y resucitó con verdadera resurrección de su carne, después que comió y bebió, subió al Cielo y está sentado a la diestra del Padre y en aquella misma carne ha de venir a juzgar a los vivos y los muertos” (Denzinger 422).

Concilio de Florencia: “Firmemente cree, profesa y predica que el Hijo del Hombre en la humanidad que asumió de la Virgen nació verdaderamente, sufrió verdaderamente y resucitó de entre los muertos” (Denzinger 709). El Magisterio de la Iglesia, ofrece otros documentos.

Ott afirma que es dogma de fe que al tercer día después de su resurrección, Cristo resucito glorioso de entre los muertos. Como prueba ofrece diversos textos del Antiguo y Nuevo Testamento. Cristo predijo rotundamente que resucitaría al tercer día después de su muerte y así fue. Durante cuarenta días, se apareció a los apóstoles, a las santas mujeres y ha quinientas personas a la vez. Habló con ellos, dijo que le tocaran, comió con ellos. La resurrección de Cristo es el centro de la predicación de los apóstoles: “Y los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran esfuerzo” (Hechos 4, 33). Y todos murieron mártires, por predicar la verdad del hecho histórico de la resurrección de Jesús.

El padre Abárzuza inicia la demostración de la resurrección histórica de Jesús, afirmando que es Doctrina de la fe divina Católica definida que Jesucristo resucitó de verdad. Y nos ofrece los relatos de los cuatro evangelios, que no dejan lugar a ninguna duda. De la resurrección histórica de Jesús transcribe muchas citas de las cartas de San Pablo. San Pedro dice: “A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos somos testigos” (Hechos 2, 32).

San Pablo une la resurrección de Jesús y la nuestra: “Como Él resucitó de entre los muertos, por la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Romanos 6, 4). “Si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios por Jesús tomará consigo a los que durmieron en Él” (Tesalonicenses 4, 14) etc.

El beato Papa Pablo VI denunció una realidad palpable, concreta, histórica: “El humo de Satanás ha penetrado en la Iglesia”. Ese satanismo doctrinal, es el modernismo que condenó San Pío X (1903-1914) el 3 de julio de 1907. Sentencia condenada: “La resurrección del Salvador no es propiamente un hecho histórico, sino un hecho de orden meramente sobrenatural, ni demostrado ni demostrable, que la conciencia derivó paulatinamente de otros hechos” (Denzinger 2036). El beato Pablo VI, también afirmó, visiblemente muy triste, “estamos en los tiempos de la autodemolición de la Iglesia”.

¡Combatamos los nobles combates de la fe!