Era profesora de inglés en un colegio y el cansancio, el desánimo frente a los adolescentes poco motivados, eran mayores cada día. Mi marido ya jubilado había entrado a formar parte de los hospitalarios de la peregrinación del Rosario y me contaba cada año, de vuelta a Lourdes, las emociones y alegrías que compartía con los enfermos, con peregrinos y con los demás hospitalarios. Durante la fiesta de regreso, en el Havre (Francia), en noviembre de 2011, empecé a hablar con otros hospitalarios y encontré un poco de fuerza y luz para hacer el balance de mi vida. ¿Qué sentido tenía mi vida? ¿Desesperarme esperando a que llegue la jubilación o encontrar otra vía? Gracias a las palabras alegres y llenas de esperanza de los hospitalarios, recuperé el gusto por la oración personal y emprendí estudios administrativos para obtener una capacitación. Decía medio en broma: “Rezad para que mi petición sea aceptada y vendré con vosotros a Lourdes, durante la peregrinación del Rosario”. Ya adivinan lo que viene a continuación… hoy doy gracias. Soy hospitalaria en unidad de vida para el Rosario de Normandía, desde hace cuatro años. Vengo a Lourdes con mi marido, para las prácticas dentro de la hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes. Puedo pasar delante de mi colegio sin ansiedad y me encanta haber conocido el Santuario de Lourdes, este lugar tan consolador. Mientras mi salud me lo permite, volveré para dar gracias y acompañar a los que lo necesitan. Deseo a todos aquellos que están en búsqueda de una respuesta a sus preguntas, que sus oraciones sean escuchadas como las mías.

Patricia (Francia)