Una Epopeya misionera

La fiebre del oro

P. Juan Terradas Soler C. P. C. R.

Tales crueldades y otras más sin cuento no nos extrañarán si tenemos en cuenta que “los españoles no tenían otro ideal que -costase lo que costase- explotar al máximum sus colonias”; y que “la fiebre del oro era el único móvil de España en sus conquistas de América”.

Sin duda Pío XII se equivocaba cuando afirmó que “la parte predominante” en la gran empresa de Indias, la jugaron “las ansias misioneras de la Madre Patria”, y que “el ímpetu evangelizador y colonizador de la España misionera, uno de cuyos méritos fue el saber fundir en una ambas finalidades”, fue el que sacó a América a la luz de la civilización cristiana.

No fueron esas ansias -sostiene la Leyenda Negra-, sino las de “apoderarse de las riquezas de los indios” y “de sus minas de oro”. Vamos a verlo.

“El descubrimiento del oro perdió a España. La fiebre del oro acabó con todas las iniciativas. Los españoles no tuvieron más ideal que el de explotar sus colonias; cuando no hubo oro, impusieron contribuciones. España ha merecido la pérdida de sus colonias”.

(Pablo Vibert, escritor y político de finales del siglo XIX.)

“Colonizar consistía entonces en cargar los galeones de oro de las minas, o del que se había robado a los indígenas…

Cada aventurero no tenía otro fin que encontrar una tierra nueva, llegar a ser su gobernador por derecho de conquista, y vivir a lo gran señor…

A decir verdad, los españoles, como todos sus contemporáneos, estaban mal preparados para tales empresas. Descubrir era fácil y al alcance de sus posibilidades; pero organizar, prever, administrar, estaba por encima de su siglo…

Graves desengaños iban a resultar del empleo de malos colonos y de la rápida desaparición de los indios…”

(Coronel Langlais: ob. cit.)

“El pueblo español, que odia a los infieles por fanático, y comete con ellos crímenes que horrorizan, no más que por apoderarse de sus riquezas, sólo envió a América dos clases de gentes: individuos de baja estofa, presidiarios condenados al último suplicio, o frailes avaros y codiciosos, corrompidos en sus costumbres y relajados en sus doctrinas, por lo cual el resultado de su labor sólo pudo ser la despoblación general de América y la degeneración de los naturales”.

(Genaro García, escritor liberal mejicano, “paciente y exclusivista compilador de todas las censuras desfavorables a la España conquistadora”, según Valverde Téllez: Carácter de la conquista española en América, México, 1901.)

“Lo que los aventureros españoles hicieron en América, esto ya ni se puede describir… baste saber que las razas indias de todo el continente tuvieron que refugiarse tierra adentro en las espesuras de los bosques vírgenes o en las altas cordilleras para escapar al exterminio. Las minas de oro fueron el cebo que atrajo a las Indias Occidentales a todos los hambrientos de la Península para enriquecerse, apoyados por el Gobierno de su Majestad Católica, a fin de que enviaran galeones llenos de lingotes para el rey y para la  Iglesia. España vivió durante siglos del robo y del exterminio, ejercido en ambos continentes por sus virreyes, único medio con que podían subvenir a sus inmensas necesidades el altar y el trono”.

(Pompeyo Gener, librepensador español (1848-1919), amigo de Víctor Hugo, Renán, Littré, etc.: Herejías. Estudios de crítica inductiva, Barcelona, 1888.)

“La primera preocupación de los españoles al llegar a las tierras recién descubiertas fue explotarlas. Esta explotación fue acompañada, a menudo, de crueldades inauditas”.

(F. Le Ster: Histoire de France, París, 1955, manual de escuela).

 

“La atroz codicia, la inclemente saña, el fiero fanatismo y la odiosa y despótica explotación que constituían el sistema colonial no fueron crímenes que el tiempo cometiera, sino de la España que los sancionó y que los perpetró, siendo y sabiendo que otras naciones menos bárbaras o más cristianas colonizaban a un mismo tiempo, respetando la justicia…”

(J. V. Lastarria, jurisconsulto liberal chileno (1817-1888), “uno de los talentos más importantes de Chile”. según Cortés: La América, editorial América, Madrid, sin fecha)

“¿Y para qué se ha diezmado y lanzado a la barbarie toda una raza inteligente y pacífica? Para procurar a Europa un poco de oro, de sedas y de especias. Eso es lo que se llama la colonización y sus beneficios”.

(Clemencia Jacquinet: ob. cit.)

“Habiendo hecho de su campamento una especie de ciudad, (Hernán Cortés) le dio el nombre característico de Villa Rica de la Vera Cruz, nombre que resume las grandes pasiones de los Conquistadores, la sed del oro y el proselitismo religioso: matar a los infieles si no quieren convertirse, y, en uno y otro caso, despojarles de sus bienes”.

(Histoire Générale du IV siècle à nos jours.)