Una Epopeya misionera

Leyes de Indias

P. Juan Terradas Soler C. P. C. R.

¿Qué idea se han formado los adversarios de “aquellas leyes de Indias”, cuyo “pensamiento central” -dice Radio Vaticana- era “la enseñanza del catolicismo y la conservación y defensa de los aborígenes”? He aquí uno de sus juicios:

“Una legislación monstruosa por sus concepciones y sus formas; esto es, tiránica y absurda en la mayor parte de sus principios; múltiple, contradictoria, sin doctrina ni plan en sus disposiciones; una sociedad sin virtudes sociales, en donde las costumbres y las relaciones habían sido

 precedidas e inspiradas por aquella legislación, hija de los intereses y de las preocupaciones de los dominadores; una sociedad que, por consiguiente, carecía de ideas exactas sobre sus relaciones religiosas, morales y políticas, y que, estando dividida en clases superiores e inferiores, carecía de un espíritu que la uniese y la uniformase en sus intereses y aspiraciones.

En una sociedad y bajo una legislación tales se abrigaban otros mil elementos capaces de producir la anarquía bajo cualquier forma de gobierno…

Con la revolución de la independencia quiso el pueblo americano emanciparse de la esclavitud, pero sin renunciar a su espíritu racial, a sus costumbres; en aquél y en éstos lleva los gérmenes de una nueva revolución contra otro género de despotismo: el despotismo del pasado”.

(Historia constitucional del medio siglo, 1853.)

Fusión de razas

Y de la llamada por Pío XII “fusión de estirpes, conquista principalmente pacífica, que sólo la fuerza aglutinante de la religión pudo realizar con misión maternal”, ¿qué piensan? ¿Cómo juzgan los fautores de la Leyenda Negra aquella “transfusión de sangre” que se realizó para elevar a toda una raza en nombre del cristianismo? Aunque parezca increíble, algunos llegan hasta a negar los hechos. He aquí la prueba:

“La idea de llamar a una especie de vida civil y política a hombres de otra raza, otra lengua y a quienes miraban como infieles, con los cual es nada tenían de común, ni siquiera el color, no podía surgir en aquellos tiempos. Lo que se deseaba era una sumisión absoluta o la muerte. Por lo cual sólo un corto número de indígenas sobrevivió a la conquista. El fanatismo religioso hizo lo demás”.

(Rossi, economista italiano: Sistema colonial, 1836.)

“Sin duda España no es inocente de la sangre vertida durante la conquista, pero sobre todo hay que reprocharla sin piedad el abominable y absurdo sistema de administración y finanzas que sacrificó sin miramientos toda una raza, con el fin de enriquecer a un puñado de aventureros y de gentes sin escrúpulos y para provecho del Estado. El poder central, ávido y falto de previsión, no tenía entrañas, y explotaba con detestable habilidad, las más bajas pasiones humanas. Sólo el cruce entre blancos e indios podía preparar la prosperidad futura, por medio del establecimiento de una población vigorosa; ahora bien, contra los cruzamientos se alzaron los prejuicios de razas, aún más fuertes por el recuerdo de la conquista; y el poder central favorecía este prejuicio excluyendo a los mestizos de toda ventaja social, de cualquiera distinción honorífica”.

(J. M. Guardia: Les républiquses de l’Amérique espagnole, 1862.)