Una Epopeya misionera

La Inquisición en América

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

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La conocida institución cristiana, con razón apellidada “Santa Inquisición”, blanco clásico de la acerba crítica, lo ha sido más aún, si cabe, en su fase americana.

“De esta manera, la Iglesia católica consolidó en América la dominación española; mientras tanto trataba de justificar los males de la conquista, y de consolar a los vencidos preparándoles, por una civilización mejor, a su futura liberación. Pero, por desgracia, en su tarea no se armó solamente del espíritu de caridad. Aceptó la ayuda de la Inquisición, que fue establecida en el Nuevo Mundo por Felipe ll, con todo su cortejo de horrores y torturas, como un freno contra las pasiones de toda suerte que bullían en aquellos territorios. Fue sobre todo en América donde esta terrible institución tuvo un fin esencialmente político, y fue un auxiliar de la autoridad real. Allí pudo, con una mayor energía que al otro lado del océano, ejercer sobre los espíritus su mortífero poder. ¿Qué ha salido hace tres siglos y medio de Méjico y del Perú de lo cual pueda honrarse la civilización del mundo?”.

(M. V. Duruy: Histoire des Temps Modernes, París, 1883.)

“Apenas consumada la conquista, se establecieron dos tribunales de la fe en América; uno en la ciudad de México, y otro en la de Lima, que conocían en uno y otro virreinato de los delitos que se intentasen contra la pureza de la Religión católica, sin llegar su jurisdicción sobre la raza indígena. En 1616 se fundó otro en Cartagena. Mas como por aquellos años, no creer en la legitimidad del gobierno del Rey, tal como estaba regulado, era gravísima ofensa a la Religión, los inquisidores convirtieron sus tribunales en una arma política formidable, juzgando a cuantos se presumía eran desafectos al sistema gubernativo, como si fuesen herejes…“

(Enrique Santibáñez: ob. cit.)