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Hermano de Jesús.jpgJesús tuvo, tiene, millones de hermanos. Todos los hombres de la humanidad. Pero no tuvo hermanos según la carne, según la sangre. Fue el hijo único de María. Los Evangelios hablan, repetidas veces, de los «hermanos del Señor», y esto ha sembrado la duda en amplios sectores.

Es un tema polémico, sobre todo entre protestantes y católicos. Los protestantes de este siglo da por supuesto que Jesucristo tuvo hermanos. Los católicos no lo admiten. A pesar de ello, siempre ha habido protestantes para quienes los «hermanos de Jesus», mentados por el Nuevo Testamento en siete lugares distinto, no son hermanos propiamente tales, sino  «parientes» o «primos». Ejemplos: Lutero, Calvino y Beza, el siglo XVI; Grocio, en el XVII; Westein, l. A. Bengel, en el XVIII; C. K Keil, M. Schneckbergen, Hermann Olzhausen, A. Hengenberg, en el XIX. Respecto al siglo XX, Josef Blinzler, autor católico que ha tratado recientemente y con profundidad el asunto, dice que solo conoce a dos autores no católicos que sostengan nuestra tesis sobe la no existencia de hermanos de Jesús: el norteamericano   W.  Prentice y el archimandrita Alexis van der Mensbrugge. (Los hay dubitativos, los que creen que el Nuevo Testamento deja la cuestión sin determinar). Pero Blinzler se queja de que los exégetas e historiadores protestantes den por resuelto este problema y consideren la postura de los católicos como dogmática; es decir, como una actitud a  que los obliga el dogma de la virginidad perpetua de María, proclamado por  Pablo VI o por el Concilio Lateranense  del 649. Lamenta que no examinen a fondo las razones aducidas por los católicos.

Los «hermanos del Señor»

Los siete lugares del Nuevo Testamento donde se mencionan los «hermanos de Jesucristo» son los siguientes:

Jn 2,12: «Después de esto; bajó a Cafarnaún Él con su Madre, sus hermanos y sus discípulos; y permanecieron allí algunos días».

Mc 3,31 SS.: «Vinieron su Madre y sus hermanos, y desde fuera le mandaron llamar. Estaba la muchedumbre sentada en torno de Él y le dijeron: “Ahí fuera están tu Madre y tus hermanos, que te buscan”. Él les respondió: “¿Quién es mi Madre y mis hermanos?” Y echando una mirada sobre los que estaban sentados en derredor suyo, dijo: “He aquí mi Madre y mis hermanos. Quien hiciere la voluntad de Dios; ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.»

Mc 6,3: «Los de Nazareth decían: “¿No es acaso el carpintero, hijo de María, el hermano de Santiago, de José, y de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?”»

Jn 7,3 ss.: «Dijéronle sus hermanos: “Sal de aquí y vete a Judea para que tus discípulos vean las obras que hacen…” Pues ni sus hermanos creían en Él… Una vez que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces subió Él también, no manifiestamente, sino en secreto»

Act 1.14: «Todos éstos permanecían en oración con algunas mujeres, con María, la Madre de Jesús, y con los hermanos de Éste».

1 Cor 9,5: «¿No tenemos derecho a llevar en nuestras peregrinaciones una hermana, igual que los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas»?

Gal 1,18: «Luego, pasados tres años, subí a Jerusaén a conocer a Cefas, a cuyo lado permanecí quince días. A ningún otro de los apóstoles vi, si no fue a Santiago, el hermano del Señor».

Una palabra polivalente

Para dar una explícación a todo lo que antecede, comenzaremos diciendo que Jesús, según consta en los Evangelios, también llamaba «mis hermanos» a los apóstoles después de la Resurrección (Mt 20·; 10; Jn 29,17), y «mis hermanitos» a los necesitados en el Juicio Final (Mt 25,40).

Pero lo que más interesa es saber que las palabras hermano y hermana, en la Biblia, tienen muy varia significación. Basta consultar, el mejor diccionario de griego norteamericano, hoy día existente, el de W. Bauer, para comprobar la cantidad de acepciones de la palabra «hermano».

El uso del término hermano en sentido amplio de pariente está bien documentado en la Biblia. Los ejemplos son innumerables. Abrahán llama hermano a su sobrino Lot; Laban llama hermano a su sobrino Jacob; los hijos de Aarón son llamados hermanos de Misael y Elsafá, que en realidad eran primos segundos; Joaquín hizo rey a su hermano Sedecías, que era su tío; se citan Jos hermanos de Ocozías, que eran primos o sobrinos; se dice que las hijas de Eleazar casaron con sus hermanos, pero éstos eran primos. Y así podríamos seguir con una lista interminable. Flavio Josefa, en su Antigüedades Judaicas, explica que Abrahán llama hermana a su mujer Sara porque era sobrina, hija de un hermano.

Los hermanos y los primos

Blinzler llega a esta conclusión: «Los hermanos y hermanas de Jesús fueron primos y primas de Jesús». En griego existía una palabra que significaba «primo»; en hebreo y arameo no existía una palabra para «primo». A pesar de todo, tendremos que formularnos una pregunta. Efectivamente, si los llamados hermanos son primos, ¿por qué en el Nuevo Testamento, escrito en griego helenístico, se empleó un término tan indefinido como hermano, y no el término griego que expresaba la realidad?

La razón es obvia: los autores del Nuevo Testamento pensaban y se comunicaban como semitas que eran. Así es. El Nuevo Testamento está lleno de hebraísmos y aramaísmos. La tradición aramaica primitiva de los Evangelios tomó forma en un área bilingüe, donde se hablaba arameo y griego, al parecer en torno a Antioquía. Se explica. Para que, al vehicular la tradición evangélica aramea al griego, quedaron muchos semitismos. Por otra parte, la expresión «hermanos del Señor» se había convertido en un título de honor de los parientes de Jesús. Una expresión honorífica, estereotipada: nadie se atrevió a tocarla ni a retocarla.

También se aducen como prueba a favor de que Jesús tuvo hermanos estas palabras de Mt 1,25: «(José) no la conoció hasta que dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús». En nuestras lenguas, ese hasta qué podría dejar entender que no la «Conoció» antes de dar a luz, pero que la «conoció» después. Peo en hebreo o arameo -incluso en griego- esa conjunción de tiempo (hasta, hasta que), no implica que lo que no ha sucedido antes suceda más tarde. Son numerosos los ejemplos bíblicos que lo confirman. «Este pecado nunca será perdonado hasta que muráis» (Is 22,14). «Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies» (Salm 110). «Ninguno de ellos había caído, hasta que volvieron felizmente» (Mac 5,54). Se ve claramente en estos textos, que lo que no ha sucedido antes no tiene necesariamente que suceder después; en general, más bien se ha querido decir que no sucederá nunca. Sobre este asunto conviene citar el testimonio de K. Beyer, que ha estudiado con profundidad la sintaxis del Nuevo Testamento: «Hasta, en semítico y en griego, cuando va tras una negación, designa los límites dentro de los cuales se piensa una acción, sin decir con ello que después se cambie».

Primogénito

Un nuevo texto esgrimido para demostrar que María tuvo más de un hijo es éste: “ Y dio a luz a su primogénito” (Le 2,7). Un primogénito supone otros hijos, se arguye. A esta objeción podría responderse como respondió San Jerónimo a Helvidio: «Primogénito no es aquel tras del cual vienen otros hijos, sino aquel antes del cual no ha habido ningún hijo». En la Biblia es frecuente que el término «primogénito» tenga el sentido de hijo único. Valga esta cita por todas: « Y de nuevo, al introducir Dios Padre al primogénito -Cristo- en el mundo, dijo: “Adórenlo los Ángeles de Dios”» (Heb 1,6). Aquí está claro que primogénito equivale a único (Dios sólo tiene un hijo natural, Cristo).

Como curiosidad, que también sirve para demostrar que primogénito puede equivaler a unigénito o hijo único, traeremos una inscripción funeraria, descubierta el año 1922 en un cementerio judío de Egipto. Se trata de un epitafio puesto en la tumba de una joven madre, muerta a consecuencia del primer parto, que reza así: «La suerte me condujo al final de la vida por el dolor que me produjo el parto de mi hijo primogénito».

«PARA VENCER LAS TENTACIONES IMPURAS INVOCA A MARÍA Y BASTA», dice Pedro Nicolau. ¿Tienes muchas luchas morales? Invoca a María con las TRES AVEMARÍAS cada mañana y cada noche.